Esboza Calderón ante banqueros su propia versión de "foxilandia"

jueves, 22 de abril de 2010

ACAPULCO, Gro., 22 de abril (apro).- El presidente Felipe Calderón está dispuesto a hacer su propia versión de foxilandia: en menos de un año, se ufanó, México ha podido darle vuelta a la hoja… hasta convertirse, otra vez –como con Vicente Fox y, antes, con Carlos Salinas--, en el país de las maravillas, y en el que, además, los mexicanos debemos estar agradecidos por tan generosa y exitosa conducción del país.
De un país en desgracia --por la crisis financiera internacional, la influenza A/H1N1, el desplome petrolero, la caída del peso, la sequía prolongada, la brutalidad del crimen organizado y toda suerte de adversidades--, ahora somos una nación ejemplo en el mundo, la que mejor ha respondido ante la crisis, el que más rápido ha salido de ella, a grado tal que hoy “México tiene una franca recuperación económica con una alta tasa de generación de empleos”.
Claro, dijo, “sé que falta que esa recuperación se sienta en el bolsillo de las familias mexicana”.
Pequeña cosa.
Calderón Hinojosa cerró con broche de oro una jornada exultante; más de tres horas de autocomplacencias, de zalamerías y ‘autoelogios’, de besos y apapachos entre banqueros y autoridades.
Bueno, aunque hubo una que otra nota discordante. Pero el saldo discursivo fue inobjetable: todo se ha hecho bien.
Fue la jornada inaugural de la 73 Convención Bancaria, que se realiza en este centro vacacional.
Inició la avalancha de optimismo y autocomplacencia el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, quien repitió, sin cambios, el discurso de sus últimas cinco apariciones públicas: “Desde mediados del año pasado, la economía de México está repuntando y los signos de recuperación están a la vista”.
Es más, “las perspectivas de crecimiento se ubican entre 4 y 5%, siendo cada vez más frecuente encontrar previsiones incluso por arriba de 5%”.
En suma, “las cosas marchan mejor; no hay duda”.
Y ante los riesgos que existen todavía, como la persistente crisis financiera en Europa o una posible débil recuperación de Estados Unidos, México está perfectamente ‘blindado’.
Se están acumulando fuertemente las reservas internacionales, a grado tal que se ha registrado un nuevo máximo histórico de 98 mil millones de dólares, y se han hecho tres ajustes fiscales que han permitido una mayor recaudación de ingresos no petroleros.
Además se ha logrado estabilizar la producción petrolera; se ha reformado el sistema de pensiones; y con la desaparición de Luz y Fuerza del Centro se ha cerrado una fuerte sangría de recursos, y el déficit público se ha mantenido bajo…
En suma se ha hecho todo lo necesario para que una próxima crisis internacional nos signifique, ahora sí, “sólo un catarrito”.
O en sus palabras: “Hoy México tiene todo para entrar en una buena racha… de crecimiento económico sostenido, con fuerte desarrollo y gran generación de empleos”.
La nota de mesura la dio Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México. Pero sólo un poco. Segundo al micrófono, el exsecretario de Hacienda dijo que el panorama para el país es de contrastes:
“Mientras que las señales de recuperación en la industria, especialmente en la vinculada a la exportación de manufacturas son claras, los indicadores de la demanda interna aún son débiles”, acotó.
“En concreto –agregó--, la inversión privada permanece en el letargo. Esto significa que la actividad económica continúa por debajo de su potencial de producción”.
Pero pronto retomó el hilo del optimismo. “La credibilidad del banco central, como la institución encargada de combatir y anclar la inflación, contribuyó a que pese a la magnitud de la depreciación del peso, ésta no se trasladara a todos los precios de bienes y servicios en la economía”.
La respuesta del Banco de México ante la crisis no pudo ser más eficaz. Adoptó una política monetaria laxa, y lo pudo hacer porque –presumió-- “en los últimos 15 años ha habido un trabajo constante para consolidar una reputación de responsabilidad monetaria y credibilidad que ha estado acompañada, también hay que subrayarlo, de una sólida política fiscal”.
Otra vez, todo se hace bien.
Sin embargo, otra nota discordante vino del presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), Guillermo Babatz. Tradicionalmente la Convención Bancaria es la fiesta de los banqueros, en la que hablan y repiten hasta la saciedad lo bien que hace las cosas la banca, en apoyo del país, la economía y los mexicanos todos.
Pero Babatz no se tentó el corazón. La banca no hace todo lo que debe y puede, dijo. “El crédito otorgado a las empresas es todavía muy bajo en relación con el tamaño de la actividad empresarial”.
Además, añadió, el crédito “está sumamente concentrado en pocos acreditados, relativamente grandes. Al cierre de febrero de 2010, los principales 300 acreditados en el sector, concentraban 50% de la cartera empresarial”.
En materia de crédito a la vivienda, Babatz refirió que la banca “tiene todavía mucho camino por recorrer para atender la demanda de financiamiento para vivienda de la población”.
Sugirió que la banca se ha ido por el camino fácil en esta materia: “La gran mayoría del crédito hipotecario se ha concentrado en financiar vivienda de relativo alto valor”. Pero es necesario, advirtió, que la banca expanda su negocio hipotecario hacia el otorgamiento de créditos para adquirir viviendas de menor valor”.
También, que debe financiar de manera más activa la construcción de vivienda, otorgando créditos, no sólo a los principales y más grandes desarrolladores, sino también al enorme número de empresas constructoras regionales que edifican más de la mitad de las viviendas del país.”.
Y, de manera velada, criticó la vieja práctica de los bancos de sustentar su rentabilidad, más que en el crédito, en las operaciones en la Bolsa de Valores:
“El rendimiento de los valores gubernamentales no es suficiente para justificar que los bancos concentren en ellos una parte elevada de sus inversiones y, a la vez, difícilmente podrán sustentar su rentabilidad en la expansión indiscriminada de crédito al consumo”, aclaró.
A Zeferino Torreblanca, el gobernador de Guerrero, le tocó dar la única nota de honestidad. Luego de darle la bienvenida a Calderón y a los convencionistas, se sinceró:
Dijo que no iba a hablar de temas económicos y financieros, pues “ustedes son los especialistas, los que saben”. Directo: “Si somos sinceros, el grueso de la gente común y corriente está más preocupada por los temas de inseguridad y del empleo que en los temas de la economía mundial, o lo que sucede en la economía mexicana y menos en particular de lo que aqueja al sector financiero.”
Y justamente, de lo que más preocupa a la gente, no se habló para nada en la sesión inaugural de la convención bancaria.
Todo fueron loas, por parte del gobierno, y para los anfitriones, los banqueros.
En penúltimo lugar habló el presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), Ignacio Deschamps. Y recetó el mismo discurso de sus últimas apariciones ante los medios: la banca en México, como en ningún otro país: sólida, fuerte, creciendo, renovándose tecnológicamente, con cada vez más presencia en el país, apoyando e impulsando el crecimiento de la economía…
Con un agregado: por su conducto, los banqueros cerraron filas con el presidente Calderón.
Y el broche de oro de Calderón Hinojosa:
En cincuenta minutos al micrófono, hizo el recuento de lo sucedido desde la convención bancaria anterior. Se extendió en explicaciones sobre la aparición del brote de influenza; las calamidades naturales que padeció el país; los efectos de la crisis internacional, con las brutales caídas del producto interno bruto en los dos primeros trimestres de 2009, el severísimo repunte del desempleo…
Y, por supuesto, la exitosa forma en que el país, su gobierno, supo enfrentar la crisis.
“Tomamos las decisiones correctas”, se ufanó, y sugirió que muchos países, sobre todo los europeos, “hoy nos envidian, pues ellos apostaron a un excesivo endeudamiento —mayor déficit público-- y nosotros no.
“El empleo se ha recuperado fuertemente. Se crearon 290 mil nuevos puestos de trabajo en el primer trimestre, mientras que en Estados Unidos en el mismo lapso se perdieron un millón y medio de empleos.
“Avanzamos en el camino correcto”, machacó.
Y la nota: le dijo a los banqueros que “saben perfectamente que lo que decimos ustedes y yo es cierto, que México tiene una franca recuperación con una alta generación de empleos”.
Pero el gran problema, sugirió, es que la gente no está viendo la realidad.
Eso se refleja, explicó, en que el índice de confianza de los consumidores no se ha recuperado lo suficiente. Es un problema, dijo, de expectativas, de percepción de la gente.
Eso dijo.

mav
--FIN DE NOTA—

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