El narcoterrorismo ya está aquí

sábado, 24 de julio de 2010

Resulta evidente que el gobierno del presidente Felipe Calderón ha proscrito la palabra “narcoterrorismo” en el lenguaje de sus funcionarios… Pero una vez más la realidad lo confronta:   el coche-bomba que explotó en Ciudad Juárez (más los granadazos en Morelia en 2008 y en Nuevo Laredo este año) revela que los cárteles de la droga están empeñados en desarrollar esa táctica para minar al Estado mexicano y aterrorizar a la población. El general Barry McCaffrey, exzar antidrogas de Estados Unidos, no anda con rodeos y  describe la situación en México con  una expresión que no deja lugar a dudas:   lo que está ocurriendo en México es “simple y llanamente narcoterrorismo”.  

 

WASHINGTON, 25 de julio (Proceso).- La explosión de un coche-bomba en Ciudad Juárez el jueves 15 de julio es simple y llanamente un acto de “narcoterrorismo” que exhibe la incapacidad del gobierno mexicano para combatir a los cárteles de la droga, dice rotundamente alguien que sabe de lo que habla.

“No hay duda de que lo que pasó en Ciudad Juárez fue un acto de narcoterrorismo a una escala muy alta”, dice en entrevista con Proceso Barry McCaffrey, general estadunidense retirado.

“El incidente refleja también que la violencia en México ya llegó a otro nivel y que claramente tiene la intención de aterrorizar al Estado mexicano con el objetivo concreto de inhabilitarlo”, enfatiza McCaffrey,  quien fue jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadunidenses de 1994 a 1996, instancia que en ese periodo entrenó en operaciones contra el narcoterrorismo al ejército y a la Policía Nacional de Colombia.

Para el gobierno de Felipe Calderón, sin embargo, no fueron actos de narcoterrorismo ni la explosión del coche-bomba en Ciudad Juárez –que se agrega a tres atentados similares: dos en Culiacán en mayo de 1992 y uno en Guadalajara en junio de 1994–, ni los granadazos de Morelia del 15 de septiembre de 2008, ni el ataque con granada al consulado general estadunidense en Nuevo Laredo el 10 de abril de este año.

De acuerdo con fuentes diplomáticas mexicanas que hablaron con este semanario a condición de permanecer anónimas, después del incidente de Ciudad Juárez, Calderón dio instrucciones precisas a sus embajadores para que intentaran que los gobiernos extranjeros se abstuvieran de calificar el ataque como narcoterrorismo.

El martes 20, Arturo Sarukhán, embajador de México en Estados Unidos, se atrevió incluso a decir que quienes perpetraron el atentado en Ciudad Juárez no lo hicieron para atacar a civiles, aun cuando el coche-bomba explotó en una de las esquinas más concurridas del centro de esa plaza fronteriza.

“El ataque estaba dirigido claramente contra la policía”, aseguró el diplomático mexicano, quien aparentemente cumple a carta cabal la orden de Calderón de no pronunciar la palabra narcoterrorismo.

“Obviamente la bomba que vimos en Ciudad Juárez y en el consulado de Nuevo Laredo, donde lanzaron una granada, constituyen tácticas por las que debemos preocuparnos… pero debemos diferenciar lo que es terrorismo y lo que no”, secundó por su parte Carlos Pascual, embajador estadunidense en México, aunque el gobierno que representa no duda ni un segundo en catalogar como “acto de terrorismo” cualquier explosión en Israel o contra los intereses del Estado judío.

“No reflejan la realidad”

Tranquilo, utilizando y sopesando palabras que revelan su experiencia, el general McCaffrey refuta así las declaraciones de los diplomáticos: “Con todo respeto para los embajadores Pascual y Sarukhán, pero ellos están tratando de minimizar el nivel de amenaza (narcoterrorista) utilizando palabras que no reflejan la realidad”.

McCaffrey –general a cargo de la División de Infantería numero 24 del ejercito de Estados Unidos, la primera en entrar a Irak durante la Guerra del Golfo Pérsico (1991)– sostiene que al gobierno de Calderón le preocupa, y también al de Estados Unidos, “que se siga degradando la inversión extranjera en México” y que con ello aumente la fuga de capitales internacionales y nacionales.

El mismo día en que Sarukhán selló sus labios para que no se le escapara la palabra impronunciable del sexenio calderonista, en el Capitolio –ante el Subcomité de Supervisión de Política Nacional del Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes– el Pentágono reveló que ha estado entrenando al Ejercito y a la Marina de México en tácticas específicas de combate al narcoterrorismo.

“El respaldo a México en su campaña para confrontar el creciente nivel de violencia generado por el tráfico de drogas lo aplica el Departamento de Defensa por medio del Comando Norte e incluye entrenamiento, equipamiento e intercambio de información de inteligencia, así como un apoyo indirecto a unidades de las Fuerzas Armadas mexicanas en misiones contra el narcoterrorismo”, afirmó ante el Congreso estadunidense William F. Wechsler, subsecretario de Defensa adjunto para Asuntos Antinarcóticos y Amenazas Globales.

El jueves 22, el periódico The Washington Post reveló detalles del incidente del coche-bomba de Ciudad Juárez y que llevan a la conclusión de que fue un acto de narcoterrorismo inédito en suelo mexicano.

El influyente rotativo de la capital estadunidense señala que la explosión en la ciudad fronteriza se hizo con “un sofisticado dispositivo nunca antes visto en México, activado mediante teléfono celular una vez que fueron atraídos al lugar de los hechos policías y socorristas (civiles), según agentes investigadores mexicanos y estadunidenses”. Con este argumento, el diario anula la afirmación de Sarukhán de que el ataque en Ciudad Juárez no fue perpetrado contra objetivos civiles.

“Los agentes de Estados Unidos y México que han examinado los restos de la bomba descubrieron que los atacantes colocaron en un viejo modelo de Pontiac estacionado unos 10 kilos de tovex, el explosivo de gel líquido que comúnmente se usa como sustituto de la dinamita en actividades mineras”, indica el Post en su artículo.

El periódico destaca que el incidente revela una clara sofisticación en cuanto al tipo de armas y tácticas empleadas por los cárteles del narcotráfico mexicano. El diario sustenta sus dichos en información que le proporcionaron autoridades de los dos países.

Intimidar a México

McCaffrey, zar antidrogas durante la presidencia de Bill Clinton, tiene una idea de lo que pretenden los cárteles al perpetrar actos de narcoterrorismo. “No quieren gobernar México; quieren intimidar a México. Por ello digo, a título personal y sin ninguna duda, que el incidente de Ciudad Juárez es un acto de narcoterrorismo y un gran reto para las Fuerzas Armadas y la Policía Federal mexicanas”, sostiene el militar durante la extensa entrevista telefónica que concedió a Proceso.

En los años de apogeo de los cárteles de Medellín y de Cali, en Colombia, como jefe del Comando Sur McCaffrey dice que no tuvo otra alternativa más que militarizar la lucha contra el narcotráfico en el Cono Sur, lo que fue duramente criticado en su momento por el sistema político estadunidense.

Al hacer un recuento del apoyo militar que dio Estados Unidos a Colombia para romper el poder de intimidación y narcoterrorismo que ejercieron capos de la talla de Pablo Escobar Gaviria, McCaffrey destaca el entrenamiento que se dio a la Policía Nacional colombiana, organización que, según el curtido militar, el gobierno mexicano debería copiar.

“Es mi opinión personal que México debería contar con una policía nacional (militarizada, como la de Colombia) y eliminar los órganos policiacos estatales y municipales”, dice McCaffrey.

El análisis del general retirado sobre la lucha militarizada de Calderón contra el narcotráfico concluye que en esta contienda está demostrado que las policías estatales y municipales, además de estar corrompidas, han evidenciado que no tienen la capacidad de aplicar correctamente la ley, razón por la cual, y de manera obligada, el Ejército y la Marina son los que luchan directamente contra el narcotráfico y el crimen organizado.

En lo que respecta al hecho de que Estados Unidos es un generador indirecto de la narcoviolencia en México debido a la demanda y consumo de drogas en su territorio, considera que su país no apoya a México como debería hacerlo, y agrega que la herramienta de cooperación bilateral enmarcada en la Iniciativa Mérida necesita urgentemente una actualización.

Cuestión de recursos

“Estados Unidos juega un papel pequeño en esta lucha”, anota el general, quien califica de “insuficientes e inadecuados” los poco más de mil 600 millones de dólares que Washington destinó para financiar la puesta en marcha del plan de cuatro años de la Iniciativa Mérida, que concluye el 30 de septiembre de 2011.

En Afganistán, reflexiona el condecorado general, “gastamos 5 mil 400 millones de dólares al mes; en Irak, cuando la guerra reciente estuvo en su máximo nivel, destinábamos para su financiamiento 12 mil millones de dólares mensuales. Necesitamos darle un mejor apoyo a la Policía Federal y a las Fuerzas Armadas de México”.

La solución que propone el exjefe del Comando Sur para fortalecer la lucha militarizada contra el narcotráfico en México es muy simple y fielmente apegada a los métodos que en los noventa se utilizaron para apoyar a Colombia:

“A México se le deben proporcionar más helicópteros. Si le diéramos a la Policía Federal, a la Marina y al Ejército el equipo necesario para movilizarse por todo el país en forma rápida en operaciones sorpresa, estarían inmensamente mejor preparados para derrotar al narcotráfico”, considera.

McCaffrey destaca que cuando entrenó a la Policía Nacional y a las fuerzas armadas de Colombia en tácticas contra el narcoterrorismo, su estrategia se basó en la provisión de 250 helicópteros que de inmediato les brindaron ventaja a los sudamericanos sobre los cárteles.

Una vez entregados los helicópteros artillados de desplazamiento rápido y con capacidad de vuelo a ras de tierra, y los de ataque de la clase Blackhawk, cuenta McCaffrey, el paso siguiente fue entrenar a los colombianos en tácticas de operación, mantenimiento y logística de esos aparatos.

“Pero a esto le agregamos el entrenamiento que dio el Departamento de Justicia a jueces, policías y custodios carcelarios de Colombia sobre una amplia gama de temas sociales, como la aplicación de programas para atender adictos y prevenir el consumo”, acota el militar retirado.

Gracias al entrenamiento en misiones contra el narcoterrorismo que ha dado el Pentágono a las Fuerzas Armadas de México, como lo reveló Wechsler en el Capitolio, McCaffrey sostiene que por el momento el Ejército Mexicano no necesita más programas de adiestramiento en tácticas especiales para combatir a los cárteles.

“Dentro de la Iniciativa Mérida creo que sólo le han dado al Ejército Mexicano seis helicópteros Blackhawk. ¡Esto es terrible! La respuesta adecuada para México es que cuente con 150 helicópteros de este tipo, y Estados Unidos debe dárselos junto con el adiestramiento para el mantenimiento, manejo y logística que se requiere”, puntualiza. Pero además propone que el Departamento de Justicia de Estados Unidos juegue un papel más importante en lo que atañe a proporcionar a la Policía Federal mexicana programas actualizados sobre la intercepción telefónica, investigaciones forenses, manejo de evidencias y rastreo computarizado de armas de fuego, como estrategia de prevención y reacción a incidentes de narcoterrorismo, como el del coche-bomba de Ciudad Juárez.

–¿Está funcionando la Iniciativa Mérida?

–La Iniciativa Mérida no cuenta con el respaldo financiero adecuado y es muy lenta en términos de entrega del apoyo de equipo militar a las autoridades mexicanas. No está remotamente formada para hacerle frente al reto del narcotráfico mexicano.

 

(*)Este texto se públicó en el número 1760 de la revista Proceso.

Comentarios