Museo Nacional de Arquitectura: aniversario deslucido

jueves, 20 de enero de 2011

MÉXICO, D.F., 20 de enero (apro).- En medio de la polémica por la remodelación de la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) anunció que el próximo miércoles 26 se conmemorará el 27 aniversario del Museo Nacional de Arquitectura (MNA), creado para mostrar y difundir la arquitectura nacional e internacional, pero también como un museo de sitio sobre la construcción del propio Palacio.

En un escueto comunicado, el INBA informa sobre la fecha celebratoria: “El principal propósito de este museo es sensibilizar al público sobre la necesidad de preservar el patrimonio arquitectónico de nuestro país. En este lugar los visitantes pueden observar el proyecto arquitectónico original del Palacio de Bellas Artes, realizado por los arquitectos Adamo Boari y Federico Mariscal.”

Haber alterado ese “proyecto arquitectónico original” es una de las varias críticas que ha recibido –por parte de especialistas– la intervención que, según las autoridades del INBA, tuvo un costo de cerca de 700 millones de pesos.

La construcción del Palacio de Bellas Artes comenzó en 1904, y para ese proyecto el régimen porfirista contrató al arquitecto italiano Adamo Boari, quien, según información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (23-09-2004), se inspiró en la Ópera de París, construida por el arquitecto Charles Garnier por órdenes de Napoleón III.

La obra, iniciada en estilo art noveau de la época y planeada para ser el nuevo Teatro Nacional, fue suspendida hacia 1914, cuando el edificio “se encontraba terminado en su parte exterior” y “los interiores estaban prácticamente en obra negra”, aunque en la Sala de Espectáculos y el escenario ya se habían instalado algunos elementos decorativos y mecánicos.

De 1930 a 1934, el arquitecto mexicano Federico Mariscal dirigió la terminación de la obra al estilo art déco. Mariscal hizo cambios arquitectónicos y le dio al inmueble el carácter de Palacio de Bellas Artes, concibiendo espacios para distintos museos. Por ejemplo, el área para el museo de artes plásticas ocupa el sitio donde Boari proyectaba un salón para fiestas de la sociedad porfiriana.

Al terminar la construcción, Mariscal y el ingeniero Alberto J.Pani enviaron al entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Marte R. Gómez, un informe de las obras redactado por el escritor José Goroztiza. Ahí se explica el por qué de la cancelación del proyecto del Teatro Nacional, atribuida no sólo a la falta de recursos económicos.

“El nombre de Palacio de Bellas Artes la define con claridad suficiente para advertir que no sólo ha desaparecido el Teatro Nacional de la aristocracia porfirista --por lo menos tal como se concibió en un principio--, sino que se ha dotado a la nación de un centro indispensable para organizar y presentar sus manifestaciones artísticas de todo género, teatrales, musicales y plásticas, no dispersas e ineficaces como hasta ahora, sino debidamente articuladas en un todo coherente que puede llamarse con justicia el arte mexicano.”

Como una respuesta a la directora de Bellas Artes, Teresa Vicencio, quien afirmó que con la nueva remodelación se concretó la intención del proyecto de Boari, hace unas semanas el arquitecto Alberto Pérez-Amador señaló en el semanario Proceso que dicho proyecto “nunca se construyó”, y el que sí se logró fue el de Federico Mariscal, pero ahora --lamenta el arquitecto-- “se incorporó algo de un proyecto de una sala no construida y muy diferente de lo finalmente realizado”.

Los cambios de Mariscal al proyecto de Boari tuvieron varias razones, y una de ellas motivó la creación de los pasillos laterales, eliminados ahora con la remodelación:

“…el proyecto de Boari era inadecuado para proseguir la construcción de la sala de espectáculos a causa de numerosos defectos que, por contribuir todos a la ineficacia de los servicios del teatro, se hubieran reflejado en nuestros días sobre un público que exige otros ‘standards’ de comodidad (…)

“... Que los tres grandes ejes que marcaban los puntos principales de acceso al edificio no correspondían a las entradas de la sala, lo cual no era sino uno de tantos aspectos, y no el más grave, ciertamente, de todo un sistema de circulación interior complicado y tortuoso.”

Cabe preguntar qué mostrará ahora el Museo Nacional de Arquitectura, ubicado en el último piso del Palacio de Bellas Artes, sobre la historia de la construcción de este importantísimo recinto, declarado monumento nacional en 1987 por decreto presidencial.

 

ap/cvb

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