Otra guerra de Calderón, ahora contra Sicilia

lunes, 3 de octubre de 2011
Después de tres meses de conversaciones, a última hora el gobierno federal cambió la propuesta del formato para el segundo encuentro pactado entre Felipe Calderón y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Esta decisión pone en riesgo el diálogo prometido por el presidente con las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, por lo que Javier Sicilia y Emilio Álvarez Icaza la interpretan como una estrategia para debilitar a la organización en el inicio formal de las campañas electorales. MÉXICO, D.F. (Proceso).- La mañana del 28 de septiembre, el subsecretario de Gobierno de la Secretaría de Gobernación, Juan Marcos Gutiérrez González, sorprendió a los representantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad al anunciarles que al siguiente encuentro con Calderón asistirían también “otros grupos sociales” interesados en el tema de la seguridad. Particularmente se integrarían personas que han estado cerca del gobierno, como María Elena Morera e Isabel Miranda de Wallace. Además, anunció un nuevo formato, no acordado en las 18 reuniones de los últimos tres meses: se realizaría en un lugar cerrado a la prensa, sin la posibilidad de un diálogo del presidente con las víctimas, y participarían únicamente dos integrantes del movimiento ciudadano. Emilio Álvarez Icaza, encargado de las negociaciones con el gobierno federal, y el propio Javier Sicilia rechazaron la imposición gubernamental y exigieron a Felipe Calderón que honre su palabra de realizar un segundo diálogo público con el mismo formato que el primero: con un grupo de familias afectadas, abierto y con el fin de escuchar las propuestas del movimiento para realizar un cambio a la actual estrategia del gobierno en el combate al crimen organizado. Sicilia advierte que el gobierno de Calderón le está cerrando la puerta al que puede ser el último movimiento ciudadano que intenta sacar al país de la situación de emergencia de una forma pacífica: “Nosotros no rompemos el diálogo, no nos vamos a radicalizar, pero podríamos ser el último movimiento ciudadano pacífico que demanda el restablecimiento del tejido social. Si el gobierno no aprovecha esta oportunidad, se puede abrir más la brecha social y los grupos más radicales podrían tomar otros caminos. Los miembros del gobierno no pueden alardear de ignorancia, de que no leen la historia del país: saben que en momentos de crisis como los que vivimos es cuando aparecen los grupos revolucionarios.” Añade, en entrevista: “Cuando hay una emergencia nacional y los gobiernos son omisos y abonan a esa emergencia por omisión o por desprecio a los ciudadanos, vienen las revoluciones. Ahí están la guerra de independencia, la revolución francesa, la Revolución Mexicana, todas las revoluciones que vienen de procesos de descomposición en los cuales el Estado está absolutamente lejos de la ciudadanía y cierra todas las posibilidades de trabajar con ella para rehacer el tejido social. “Nosotros estamos dando una vía, una salida pacífica para caminar con los ciudadanos y acortar esa brecha para salvar a la nación; pero hay un profundo desprecio. Esta forma de tratar al movimiento y de traición al diálogo manda muy malos mensajes para la posibilidad de dialogar.” –¿Se está agotando la paciencia de la ciudadanía? –Pues sí, ya de por sí el descrédito de la clase política es inmenso; ahora con esta simulación del diálogo y de la democracia, con esta ceguera y obstinación, la clase política está abonando más a la descomposición del país, al caldo de cultivo que existe para que venga todo lo demás, la llegada de las revoluciones.   Estrategia de debilitamiento   Los representantes del movimiento reconocen la existencia de otras organizaciones de víctimas de la violencia, pero aclararon que el acuerdo con Calderón fue que el encuentro sería con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, no con grupos y personas cercanas a la postura oficial. En un seguimiento que hizo Proceso (edición 1816) de las actuaciones y discursos de María Elena Morera, Alejandro Martí e Isabel Miranda de Wallace, se comprobó que sus agrupaciones han respaldado sin reparos la estrategia federal de seguridad. Incluso, en el movimiento ciudadano y en círculos del PAN se ha comentado que este partido tiene candidaturas legislativas para esas tres personas. La interpretación de Sicilia y Álvarez Icaza es que ahora el gobierno pretende enfrentar a las organizaciones de víctimas entre sí y de ese modo debilitar a su movimiento. Sin embargo, aclararon que ellos no caerían en una confrontación y que están dispuestos a asistir a otra reunión, más amplia, que incluyera a los otros grupos. Al conocer la respuesta que dio el subsecretario Gutiérrez González la tarde del 29 de septiembre –el cambio de formato con el argumento de que ninguna agrupación de víctimas tiene “exclusividad”–, Álvarez Icaza y Sicilia insistieron en que el acuerdo con Calderón es que él dialogaría con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, por lo que reiteraron la cita al Ejecutivo para el 7 de octubre a las 10:00 horas en el alcázar del Castillo de Chapultepec. Álvarez Icaza dice, también en entrevista, que lo sorprendió la nueva posición del gobierno porque el encuentro se construyó inicialmente en una lógica muy distinta. De entrada, explica, se pensó que participaran víctimas de la violencia que no lo habían hecho, aunque en igual número de las que intervinieron en el primer encuentro. Asimismo, se planteó que la comisión de seguimiento y representantes de las cuatro mesas de trabajo tomaran la palabra antes o después que el presidente. “Se trabajaron varias propuestas –continúa el exombudsman capitalino–, se presentó la nuestra de que el encuentro fuera abierto a los medios, como se hizo en el de Chapultepec y en el Museo de Antropología, porque tiene que ser de cara a la nación y un ejercicio de rendición de cuentas y transparencia. “La respuesta de la Secretaría de Gobernación fue proponer otro formato: una reunión cerrada, con otras organizaciones, con otros temas y reducir la presencia del movimiento a dos personas. Esto no daría la condición para que ni siquiera la comisión de seguimiento pudiera participar. Claramente se vio la intención de diluir o disminuir al movimiento.” Lo grave, agrega, es que así se le cierran puertas y ventanas a la paz, pero también al diálogo mismo: “Me parece que el gobierno federal está poniendo en riesgo el diálogo y no está entendiendo la emergencia nacional que se vive. Ante este clima de violencia, el capital ético, la apuesta y la valía ética del movimiento tienen que ver justamente con que pudo visibilizar a las víctimas que eran consideradas daños colaterales, les puso nombre y apellido a víctimas pobres, invisibles, que no tenían más que la experiencia del maltrato y el desdén de la autoridad. Eso es lo significativo del movimiento.” En contraste, insiste, con la nueva propuesta oficial Calderón está optando por no corresponder a la esperanza de las víctimas de la violencia: “Podrán decir que no somos los únicos; por supuesto que no. Podrán decir que no tenemos la exclusividad; jamás lo hemos pretendido. El hecho real es que se trata de un gesto muy poderoso y preocupante, de darle la espalda a las víctimas que depositaron su confianza en él.” Y señala que de los 23 casos de crímenes que se expusieron en la mesa de diálogo en Chapultepec el 23 de junio, sólo el asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega ha sido resuelto: “Me parece que el presidente no aprecia la dimensión de que no es un problema de sólo atender el caso de Javier Sicilia, sino de todas las víctimas que existen en el país y que se han acercado al movimiento para ser escuchadas. Eso es lo grave de que le dé la espalda”.   La agenda electoral   El próximo 7 de octubre, día para el cual el Movimiento por la Paz citó a Calderón para el diálogo, también arrancan formalmente las campañas electorales que concluirán en julio de 2012 con la elección del nuevo presidente de la República y la renovación del Congreso de la Unión. Los representantes de la organización señalan que este contexto está influyendo en la nueva estrategia del gobierno federal. –¿Es un desdén al movimiento? Porque parece que en el gobierno ya le sacaron provecho al primer encuentro –se le plantea a Álvarez Icaza. –Me parece que es algo más: probablemente ya están viendo todo desde el punto de vista electoral, ya están en la lógica de no querer correr riesgos; están en otra agenda y no están dispuestos a abrir a la discusión la Ley de Seguridad Nacional o la democratización de los medios. Al respecto, Javier Sicilia observa que además de la estrategia de debilitamiento y desacreditación, el gobierno de Calderón está actuando en una lógica de poder electoral, sin ver que la cancelación del diálogo tendrá costos políticos para 2012. –¿Para qué debilitar el movimiento? –Porque viene el año electoral, quieren posicionarse, y supongo que hay grupos duros dentro del gobierno que quizá se están acomodando en los tiempos electorales. Son los grupos duros, que traen un anquilosamiento político y reaccionan como si estuviéramos viviendo un país de hace 10 años, que tratan de borrar, disminuir o de negar al movimiento. –¿Qué significaría que no haya un encuentro con Calderón? –Un mal mensaje a la nación, darle la razón a los grupos más duros de que es inútil dialogar con el gobierno, de que el gobierno traiciona, hace trampas, no es serio, está lejano de los ciudadanos, de la vida política, del corazón del país. Daría un pésimo mensaje a la nación y a los ciudadanos que mediante el diálogo intentan precisamente salvar al país. Las consecuencias de sabotear el encuentro, indica el poeta, serían un mayor descrédito de los políticos, que repercutirá en las elecciones “porque ya no dialogan, no hablan, van en su proceso de locura protegiendo intereses y guiando al país al terror y al desastre que estamos viviendo. Sería la confirmación de que la democracia es una simulación”. –¿Cree que se pueda agravar la situación que vive el país? –Pues abonaría, por desgracia, a esto. Abonaría a lo que he dicho: a las elecciones de la ignominia, porque al empezar los procesos políticos está aumentando la violencia, están apareciendo los paramilitares y los ciudadanos no saben qué hacer. Quizá veamos las urnas vacías por la violencia y el horror que acompaña e invade el terreno de la democracia, la cual empieza a ser rehén de la lucha política, del crimen y de la guerra. Esa será la ignominia a la que van las elecciones, en donde se hace casi invisible la línea entre políticos y delincuentes, lo que es gravísimo. Sin embargo, él no percibe que el Movimiento por la Paz se debilite: “No, el movimiento mantiene su moral, su ética, la palabra verdadera; ha mantenido luz sobre la oscuridad y esa ha sido su condición. No hay debilitamiento, el movimiento sigue siendo importante porque da una esperanza, una ventana de luz en medio de la mentira, del horror, la simulación y el crimen.” Por eso reitera que la ausencia de diálogo le hace daño al ejercicio político y a la credibilidad del Estado, no al movimiento de víctimas de la violencia, ya que éste “sigue en su lógica: dialogando, uniendo y construyendo. No nos hace ningún daño, porque no perseguimos ningún interés político. Somos lo que somos desde que salimos, desde antes de salir. Somos una dignidad para el país”. –¿No cree que puedan calificarlos a ustedes como intransigentes? –No. Si hay una intransigencia es del gobierno, que quiere diálogos domesticados y a modo, y eso no fue lo que prometieron. Nosotros vamos a honrar la palabra, estaremos en un diálogo de cara a la nación, como fue y debe seguir siendo. Si no van, estarán sus sillas vacías y podrán responder como quieran, en los medios que deseen. En tanto, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad irá el 7 de octubre al Castillo de Chapultepec, preparará la mesa de diálogo con una silla reservada con el nombre de Felipe Calderón y otras para su gabinete. Acudirán las víctimas dispuestas a hablar de su tragedia y se planearán propuestas de diversos especialistas para hacer cambios en la estrategia de combate al crimen organizado y avanzar en la pacificación del país.