Patrimonio franciscano

viernes, 25 de febrero de 2011

MÉXICO, D.F., 23 de febrero (apro).- Recientemente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer avances en dos de sus infinitas tareas en la preservación del patrimonio cultural: La catalogación del Fondo Franciscano de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia y el trabajo de conservación de las misiones construidas entre 1752 y 1834 en Baja California.

Aunque dadas a conocer de manera separada en sendos comunicados, las dos acciones tienen una relación histórica porque buena parte de las misiones fueron construidas por franciscanos. Hay otras hechas por dominicos y también por jesuitas. Así que en el Fondo, debe haber una vasta información sobre la historia de la empresa que estas órdenes religiosas se aventuraron a realizar por el norte del país en una época en la cual aquel territorio y quienes lo habitaban eran particularmente indómitos.

Investigado y compilado por el historiador y religioso Francisco Morales, el Fondo Franciscano, ahora reunido en una publicación, resguarda documentos de los siglos XVII al XIX que permiten conocer la historia de los franciscanos: Su estructura, relación con los poderes y la economía, sus tiempos de bonanza y su desgracia, informa el INAH.

Agrega que la primera parte del gran acervo franciscano consta de 194 volúmenes. En 1976 se publicó el primer inventario que compiló 99 de ellos. Ahora se realiza el segundo tomo, con 50 volúmenes y restan 45 que están en proceso de investigación. La edición de ambos inventarios se debe a la Academia Franciscana de la Historia, con sede en Washington, Estados Unidos.

Morales explica en la información del INAH que estos manuscritos formaron parte de un gran archivo que existió en el Convento de San Francisco, cuyos vestigios permanecen en la calle de Madero esquina Eje Central, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Cabe agregar que ahora sólo sobrevive el templo, el claustro (en buenas condiciones) y algunas arcadas que son una ruina, y apenas pueden verse porque quedaron detrás del edificio Rule.

Y añade que antes de pertenecer a la Biblioteca de Antropología, eran propiedad de uno de los hijos de Joaquín García Icazbalceta:

“En el siglo XIX, cuando las Leyes de Reforma suprimieron las órdenes religiosas, se le concedió a varios bibliófilos revisar qué documentos eran importantes para la historia de México, y con ellos empezar a formar una institución documental, entre esos intelectuales estuvo Joaquín García Icazbalceta.

“Sin embargo, de los manuscritos reunidos por Icazbalceta, algunos fueron publicados, otros salieron de México y otros sí llegaron al Museo Nacional, a éste último rubro pertenecen los que ahora se encuentran en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia del INAH, de forma que tienen una larga historia”.

El patrimonio arquitectónico

Para construir la historia relacionada con el papel de las órdenes en la tarea de evangelizar el vasto territorio que conformaron Mesoamérica y la llamada Aridoamérica, su papel en la construcción del Virreinato, el cambio en las relaciones con el poder durante la época independiente o la Reforma hace falta conservar todos sus vestigios, documentales y arquitectónicos. La arquitectura es “documental” y testigo también.

De ahí la importancia de preservar las misiones, que en muchos casos no son monumentales edificios y ni siquiera quedan muros completos de lo que llegó a ser simplemente un presidio. Algunas “misiones” son ya verdaderas ruinas. Su construcción en materiales como el adobe y los factores ambientales no ayudan a su conservación, y según el INAH desde hace 14 años aplica una técnica “basada en aglutinantes vegetales como baba de nopal”, que ha sido puesta en tela de juicio por otros especialistas en la conservación, que ven la urgencia de conservar lo que queda de los edificios y no la “técnica” en sí.

Pero a decir de los especialistas del INAH con este elemento se crea una pasta mezclada con arcillas de la región, estiércol o cal, y se aplica en los muros para que el adobe quede protegido con “una capa de sacrificio” que recibe los daños causados por “intemperismo”. Y añade el arquitecto Carlos Chávez director del Centro INAH en Baja California, a través del comunicado del INAH, que esta técnica se aplica desde hace 14 años como parte de un programa de “largo aliento para el estudio, rescate, protección y conservación” de las misiones.

“Cada año, antes de que comience la temporada de lluvias --que en Baja California se registra de noviembre a febrero-- cada una de las misiones ubicadas a lo largo de 750 km y alejadas entre sí, es recubierta con dicha pasta que impide que el agua, el sol o el viento toquen directamente el adobe.”

Se destaca además que la tarea se enmarca en el Proyecto Corredor Histórico Camino Real Misionero de las Californias (Alta, Baja y Sur) donde hay 61 edificaciones levantadas por los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos para la evangelización de los indígenas de la parte norte de la Nueva España.

No se puede olvidar, sin embargo, que aquel monumento al cual se refiere Francisco Morales, estudioso del Fondo Franciscano, está en el abandono desde hace décadas. El templo y convento de San Francisco construidos en lo que hoy es el Centro Histórico en el Distrito Federal, no fueron los primeros de la orden franciscana que antes hizo una edificación en lo que es hoy el Templo Mayor en 1524.

Fue entre 1590 y 1602 cuando se construyó el convento ahora en ruinas y el templo que tiene entrada por la calle de Madero. Hace unos años el arquitecto y restaurador Sergio Zaldívar propuso su rescate en un magno proyecto que contemplaba las diversas edificaciones que aún se conservan, algunas mejor otras en ruinas de este histórico e importante monumento (una parte se puede ver restaurada por el interior de la pastelería La Ideal), pero el proyecto ya autorizado se fue al traste con un cambio de gobierno.

Él ha dicho que muchos de los habitantes de la ciudad de San Francisco en Estados Unidos, vienen a México a conocer este antiguo Convento, del cual partieron los franciscanos que fueron construyendo las misiones hacia el norte hasta llegar a esa ahora moderna ciudad. Le conmovía el sentimiento con el cual algunos de ellos tocaban las piedras al considerar que son parte de su historia. Y, sin duda, lo son.

Quizá algún día pueda recuperarse también lo que queda de este conjunto para tener un panorama más completo de esta parte de la historia de México, y de los territorios que fueron nacionales y son hoy del vecino país, con el rescate de este testimonio vivo que es la arquitectura.