Ingresó Vicente Leñero a la Academia de la Lengua

viernes, 13 de mayo de 2011

MÉXICO, D.F., 12 de mayo (apro).- Con el título “En defensa de la dramaturgia”, el novelista, dramaturgo, autor de guiones cinematográficos y profesor Vicente Leñero pronunció esta noche su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, que lo eligió para ocupar la silla número XXVIII, en una ceremonia en el Palacio de Bellas Artes.

Fue la silla que ocupó su antecesor el también dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, a quien rindió homenaje al iniciar su lectura. En su texto hizo un interesante viaje por los dos últimos siglos del teatro mexicano (donde desmenuzó la pugna final que los directores levantaron contra el teatro como literatura y sus autores a finales del siglo XX), para desembocar en una especie de preceptiva literaria y escénica del nuevo teatro, encaminado a la búsqueda de la realidad nacional, que ya se encarna en las generaciones más recientes.

Ante una asistencia que abarrotó el lobby inferior del palacio de mármol, presidido por varios retratos de académicos, en cuyo centro resaltó la figura de sor Juana Inés de la Cruz, con voz parsimoniosa y dicción clara el también narrador y periodista se tomó su tiempo para leer su largo discurso, donde el nombre de Rodolfo Usigli apareció varias veces, así como las tropelías de los directores de escena que “traicionaron” el texto de los autores dramáticos, lo cual, gracias a esa nueva dramaturgia, se ha emparejado.

En la mesa de honor estuvieron además Jaime Labastida, presidente de la Academia (quien al final del acto brindó al escritor la bienvenida), y los integrantes de la misma Vicente Quirarte, Diego Valadés y Miguel Ángel Granados Chapa, a quien correspondió dar respuesta al discurso.

El también periodista, autor de Plaza Pública, hizo una detallada semblanza de Vicente Leñero que abarcó desde sus días universitarios en la carrera de ingeniería civil, con el exigente Heberto Castillo como profesor, hasta su condición de escritor católico y con referencias a su vida familiar.

         En su discurso dividido en cinto partes, se refirió asimismo al Leñero de su faceta periodística y lo pintó en su condición solidaria, al fraternizar con Julio Scherer, entonces director del diario Excélsior, por el ataque perpetrado por el gobierno de Luis Echeverría en 1976 para de ahí ir a fundar el semanario Proceso.  

Asistieron también otros académicos, sentados tras el podium en forma semicircular, entre ellos Eduardo Lizalde, Arturo Azuela y José Moreno de Alba.

Al término del acto, el dramaturgo, novelista y director de la Revista de la Universidad, Ignacio Solares declaró a Apro

“Leñero es nuestro gran abanderado del teatro, sin él nuestro teatro estaría derrotado y aunque él diga que ha dejado el teatro, lo seguirá escribiendo porque es nato en él. Ha sido el más importante dramaturgo en defender todo lo que es el teatro y este discurso suyo es prueba de ello.”

 

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