Se multiplican las autodefensas ciudadanas

sábado, 21 de mayo de 2011
Ante la incapacidad de las autoridades municipales, y aun de las federales, para aprehender a los delincuentes, controlar los asaltos y los plagios que se han elevado en los últimos dos años, comuneros, productores y empresarios de los municipios de Ocuituco, Ocoxaltepec y Tetela del Volcán, todos ellos de Morelos, decidieron formar grupos ciudadanos de autodefensa. Ellos dicen que sólo siguen el ejemplo de comunidades de Guerrero, Chihuahua y Michoacán, que desde hace tiempo tienen sus propios cuerpos de seguridad. Y aclaran: “no somos policías”, así que con el narco “no nos metemos”.   TETELA DEL VOLCÁN, MOR.- Desde lo alto del cerro del Calabazo se avistan los pueblos morelenses y poblanos empotrados en las faldas del Popocatépetl. Desde ahí, un vigía domina todo el entorno, al tiempo que escucha su aparato de radio de baja frecuencia que le sirve para comunicarse con sus compañeros, sobre todo cuando algún maleante merodea por la zona. “Si los delincuentes se organizan, nosotros también lo hacemos”, dice el vigía, quien se identifica con el código Zorro. En su puesto de observación ondea una bandera que simboliza la unidad nacional y el sentido patriótico de la organización. Zorro suelta una advertencia: “Ahora saben que la perra también es brava y no nos vamos a rajar”. Junto con otros lugareños, empresarios y productores de durazno y aguacate, él forma parte del grupo ciudadano de autodefensa Relámpago, que desde septiembre del año pasado opera en los altos de Morelos. Los pobladores se organizaron para adquirir la tecnología necesaria a fin de instalar su centro de operaciones, que incluye una antena de radio instalada en el pico del cerro para tener una mejor recepción. Gracias a esa infraestructura, la organización tiene una cobertura que va más allá del estado. Al igual que en Morelos, donde la delincuencia se eleva cada día ante la incapacidad de las autoridades, en otras poblaciones como Cherán, en Michoacán; en las regiones de la Costa y de la Montaña, en Guerrero, y en LeBarón, Chihuahua, también existen grupos de autodefensa como Relámpago. La Policía Comunitaria guerrerense es quizá la experiencia más antigua. Surgió a finales de 1995, meses después de la matanza de campesinos en el vado de Aguas Blancas, para defender a la población de la represión militar y para protegerla de las bandas delincuenciales de la zona. Hoy, ese cuerpo está conformado por 700 elementos y su ámbito de influencia abarca 70 comunidades en nueve municipios. Su sistema de impartición de justicia es singular, pues se basa en la reeducación. Así, quien delinque es obligado a pagar su falta con trabajo comunitario. “La Policía Comunitaria es una institución de los pueblos creada como una forma de justicia que no se cobra, cimentada en un nuevo derecho, distinto al impuesto por el Estado, vigila la seguridad en los caminos y vela por la impartición de justicia, derecho arrebatado al pueblo”, comenta Asunción Ponce Ramos, presidente de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC), encargada de supervisar a esta agrupación. En el caso de la comunidad mormona de Chihuahua, donde Benjamín LeBarón y su cuñado Luis Widmar Stubss fueron asesinados el 7 julio del 2009 por sicarios luego de que denunciaron a un grupo de secuestradores en esa entidad, Julián LeBarón propuso la creación de una policía comunitaria armada en esta zona de Chihuahua. Dice que la autodefensa viene del sentido común y del derecho inalienable que tienen las personas para defenderse: “Si no tienes manera de hacerlo, se acabó toda tu libertad; si sabes que la autoridad no ha defendido a tus vecinos y no tomas el asunto en tus propias manos, entonces estás abdicando de cierta manera tu derecho a la vida. “Esa es una mejor manera de vivir y de morir que aceptar lo que nos humilla y nos denigra como seres humanos. Como decía Emiliano Zapata: ‘Prefiero morir siendo esclavo de los principios que vivir siendo esclavo de los hombres’.” Añade: “Creo que todas las leyes o las autoridades que nos dicen que no tenemos derecho a defendernos o que no podemos defendernos están mal, porque esa es una obligación de la autoridad, y si no cumple con eso es una autoridad totalmente falsa que traiciona a la ciudadanía porque no permite que se defienda”. Miembro ahora del Movimiento Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza el poeta y colaborador de Proceso Javier Sicilia, Julián LeBarón, productor de algodón, dice que está totalmente convencido de que la violencia no se puede combatir con  la violencia. E insiste: “Pero creo en el derecho de todos los seres humanos a defenderse”.   Instinto cazador   Renuentes a dar sus nombres por temor a represalias –“en octubre pasado atrapamos a varios delincuentes y sus compañeros nos amenazaron de muerte”, dice a Proceso uno de los entrevistados–, los integrantes del grupo Relámpago comentan que no están armados porque, insisten, su única defensa es la unidad y la red de intercomunicación. “No somos policías ni queremos enfrentar a los narcotraficantes. Si hacemos labores de seguridad es porque tuvimos que entrarle; el pueblo nos apoya. En septiembre del año pasado ya no podíamos vivir tranquilos, por lo que decidimos constituirnos en un grupo de autodefensa ciudadana”, dice uno de los lugareños. Incluso muestra su credencial, autorizada por la Dirección General de Enlace Interinstitucional Comité de Colaboración Comunitaria de la Procuraduría estatal, en la que se especifica que los integrantes del grupo no están autorizados a portar armas. Por eso, insiste, “sólo actuamos como autodefensa. Cuando agarramos a un delincuente, lo entregamos a las autoridades para que lo arresten; cuando se trata de armamento, de inmediato informamos a las corporaciones policiacas. Esa es nuestra labor”. Zorro es un campesino que admite que en un tiempo estuvo en el Ejército. Y aunque aclara que no tiene experiencia en logística militar, cuando explica la estructura del grupo se notan de inmediato sus reminiscencias castrenses. Los integrantes de Relámpago, expone, se dividen en tres secciones, cada una con tres pelotones que reportan sus actividades a un comandante; también cuentan con escuadras que le dan una verticalidad a toda la estructura. En total son 200 elementos cuyo tiempo de reacción es de tres a cinco minutos. Todos portan radios o celulares y su cobertura incluye a los pueblos colindantes con Puebla, Tlaxcala y el Estado de México. “No hemos recibido instrucción militar de nadie –dice Zorro–; es nuestro propio instinto cazador el que nos ha ayudado. Aquí todos somos campeadores, conocemos perfectamente el monte, la montaña, las veredas, todos los caminos. Eso nos ha ayudado mucho. “Cuando hay un evento, en menos de tres minutos más de 200 elementos reciben la comunicación. Saben cómo liberar la frecuencia, pues todos manejan las claves. Nadie pregunta, sólo actúa. En el caso de un secuestro, cerramos de inmediato el pueblo. La gente tiene claves y consignas, órdenes precisas para cerrar las calles. La señal puede ser un toque de campana, un cohete”, explica.   Las instituciones, rebasadas   Al igual que los habitantes de este municipio morelense, sus vecinos de Ocuituco y Ocoxaltepec decidieron organizar sus grupos de autodefensa. Dicen que están cansados de las “deficiencias de los gobiernos municipal y estatal”, incapaces de “detener la violencia, los secuestros, asaltos y robos”. Durante los últimos dos años, los levantones, extorsiones y robo de autos se dispararon; los asaltos y plagios en carreteras y en las viviendas han afectado lo mismo a los campesinos que a los empresarios locales de esta próspera región de los altos de Morelos por su producción de aguacate y de durazno californiano de exportación. Los primeros en organizarse fueron los de Ocuituco, señala Heberto Escobar, quien trabaja como ayudante municipal. Relata que el 15 de octubre de 2009 la población acordó poner un alto a los secuestros y el robo de autos que, dice, “nos traían asoleados”. “Todos los hombres mayores de 18 años nos organizamos en grupos; somos como 3 mil. Vigilamos las cuatro entradas y salidas del pueblo, sacamos nuestras armas de campo, escopetas, pistolas, machetes... Hasta que los del gobierno y el Ejército llegaron y nos dijeron que no podíamos hacer eso. Entonces nos dieron algunos radios e instalaron módulos. “Desde esa fecha hemos participado en la vigilancia con grupos de cinco personas en el día y ocho en la noche. Lo hacemos sin armas; sólo llevamos radios, que nosotros mismos compramos”, explica el ayudante municipal. Escobar asegura que los habitantes de Ocoxaltepec siguieron el ejemplo de sus vecinos de Ocuituco y comenzaron a organizar sus grupos de vigilancia de día y de noche. Luego lo hicieron los de Tetela del Volcán. La diputada local del PRI Liliana Ibarra Campos, originaria de Ocuituco, narra a Proceso: “Yo lo dije en la tribuna del Congreso: la desesperación de la gente era mucha y ya no estaba dispuesta a arriesgar su vida. Ante el vacío que dejaban las autoridades del gobierno del estado y del municipio, el pueblo de Jumiltepec comenzó a organizarse y a armarse. Pusieron retenes, lo que es ilegal, pero lo hicieron para defenderse, como en Cherán, Michoacán, y otras comunidades del país”. Por fortuna, agrega, el alcalde de Jumiltepec reaccionó y envió a unos policías para reforzar la vigilancia. Sólo así los pobladores dejaron las armas; únicamente se quedaron con machetes y palos. Incluso se construyó un módulo para que organizaran sus guardias de vigilancia. En 2010, la ola de violencia se elevó en las comunidades de Jumiltepec,   Ocoxaltepec y Huecahuaxco, del municipio de Ocuituco y en Tetela del Volcán. En dos años, en este municipio se registraron 50 secuestros. Eso fue lo que movió a los habitantes a organizarse. “Agarraban pobres, ricos; de todo. Los niños ya no podían salir a jugar,  los jóvenes tampoco. Había psicosis”, dice uno de los integrantes de Relámpago. Al principio sólo participaban los de más confianza porque, aclara, ellos ya tenían identificados a los asaltantes y secuestradores que vivían en la misma comunidad. Zorro comenta: “Empezamos con 30 personas equipadas con radio de escasa frecuencia porque nos los prestaba la presidencia municipal. Ahora somos 200 y contamos con equipo propio y de mayor alcance, incluidos celulares. –¿Las instituciones han sido rebasadas? –Estamos conscientes de esta situación. La seguridad a nivel nacional está por los suelos. Definitivamente no sé cómo analizarla pero la maldad se ha desbordado.   Los límites   Los grupos ciudadanos de autodefensa del poblado de Jumiltepec, perteneciente al municipio de Ocuituco, y los de Tetela del Volcán, aseguran que ellos no se meten con los narcos. Heberto Escobar, de Jumiltepec, expone: “Nosotros revisamos los autos… que no lleven a gente secuestrada o cosas que se hayan robado del pueblo. Pero si vemos que llevan droga o armas, no nos metemos… Los dejamos pasar”. Cuando se le pregunta a Zorro sobre el mismo asunto, el comunero responde: “Sabemos que existen (los narcos) pero no nos metemos con ellos. Nuestro problema es la seguridad; nosotros no haremos nada (contra ellos) porque no somos policías. Que quede bien claro: no somos policías: somos un grupo de autodefensa; somos un grupo de reacción inmediata y queremos mantenernos independientes del gobierno”. Dice que el propósito del grupo Relámpago es fortalecerse e interactuar con organizaciones ciudadanas de otros poblados, como Ocoxaltepec,  Jumiltepec y Zacualpan. “Hemos invitado a más comunidades. Ya nos reunimos con la gente de allá y están totalmente de acuerdo. Vamos a ver a todos los pueblos circunvecinos para que se unan a la causa, para que nos apoyen a limpiar completamente la región. Ojalá el movimiento se extienda por todo el país.”    

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