No suelten este movimiento, pide Sicilia a mexicanos radicados en Berlín

lunes, 9 de mayo de 2011

BERLÍN, 9 de mayo (apro).- Con la máscara de la muerte sobre su rostro, Mario Vázquez, mexicano residente en esta ciudad alemana, cubre el dolor que lleva a cuestas tras la pérdida de dos amigos en México, en el marco de una guerra contra el narcotráfico que sobresalta a propios y extraños.
    Bajo la consigna: "Hagamos, a partir del silencio, una voz que calle el sonido de cualquier bala", cerca de  300 ciudadanos del mundo, la mayoría de México, a quienes duele y lastima la violencia que vive ese país, caminaron ayer, en absoluto silencio, los 1.9 kilómetros que separan el Monumento a la Victoria de la emblemática Puerta de Brandemburgo, en esta ciudad.
    Y así, en silencio, caminó Mario junto a Max, catedrático chileno de la Universidad Bauhaus, y Mechthild, su esposa alemana, a quienes la preocupación permanente los acompaña desde que su hijo partió a México para estudiar la universidad.
    Ondeando una enorme bandera mexicana, Bárbara, alemana ella, manifestó la enorme indignación que le provoca "esta guerra sin sentido, de la cual, además, no se reporta con veracidad".
    Como ellos, decenas y decenas de solidarios compatriotas y amigos de México marcharon sin más palabras que la indignación en el rostro y el cuerpo.
    Fue un trayecto de aproximadamente una hora, tiempo en el que los tres carriles de la avenida "Calle del 17 de Junio", en su sentido hacia el este, fueron cerrados a la circulación para permitir el paso del contingente.
    El aplastante silencio del grupo acalló el bullicio de turistas y berlineses, quienes con sorpresa y curiosidad clavaban la mirada en los nombres ensangrentados de las víctimas, que sobresalían en las cruces de unicel y carteles que portaban los manifestantes, la mayoría de ellos mexicanos.
    La policía de Berlín, que en todo momento acompañó la marcha, también se manifestó sorprendida ante una demostración "tan ordenada", según dijeron ellos mismos a los organizadores al final del evento.
    En la Puerta de Brandemburgo, que durante décadas separó el Berlín comunista del occidental, el grupo de personas que desde esta ciudad se unió a la Marcha por la Paz a la que convocó el poeta Javier Sicilia en México, dio lectura en tres idiomas (español, alemán e inglés) a un documento dirigido al pueblo y gobierno mexicanos.
    Así, se pidió a los tres niveles de gobierno y a los partidos políticos el diseño de políticas y estrategias que no sólo combatan al crimen organizado, sino que también resuelvan los problemas que dan origen y fortalecen al narcotráfico.
    "Haremos lo posible para situar la actualidad mexicana como tema prioritario de los organismos internacionales de protección a los derechos humanos, con el fin de fortalecer el trabajo de las organizaciones mexicanas preocupadas en el asunto. Haremos, pues, valer desde el extranjero, con pensamiento y acción, nuestra propia ciudadanía", decía el texto.
    Para cuando el ocaso daba sus primeras señales y los acordes de la guitarra sonaban para despedir al sol, llegó un mensaje se Sicilia, que despertó sonrisas y aplausos entre los participantes en la marcha.
    Vía telefónica, el poeta agradeció personalmente a los mexicanos en Berlín la solidaridad, y les pidió: "no suelten este movimiento. Sigan adelante".