Decenas de migrantes pasan la noche bajo la lluvia y frío en albergue de Tijuana

jueves, 22 de noviembre de 2018
TIJUANA, BC (apro).- Los primeros rayos del sol que con dificultad atravesaron el techo de nubes grises bajo el cual amaneció Tijuana este jueves marcaron el fin de un calvario para miles de integrantes del éxodo centroamericano: pasada la medianoche, una lluvia cayó sobre la ciudad fronteriza, y se sumó al frío helado nocturno. Gran parte de los cuatro mil 731 ocupantes del campamento temporal instalado en la Unidad Deportiva Benito Juárez --entre ellos 862 niños, muchos muy jóvenes o bebés-- durmieron afuera, con frío y debajo de la lluvia; algunos ni siquiera tenían lona para protegerse del agua. Marina Nuñez, una mujer de 33 años proveniente de Tegucigalpa, la capital hondureña, durmió a la intemperie, tapándose a ella y a su hija de nueve años debajo de coberturas térmicas. Lleva consigo la cobija de lana que instaló en la arena y la colchoneta sobre la que durmieron desde la etapa que hizo la caravana en Arriaga, Chiapas. Todas seguían empapadas por la mañana. "Las coberturas (térmicas) son muy chiquitas, pero no hay forma de protegerse mejor. Las cobijas están mojadas, anoche hubo mucho frío, no podía respirar, da mucho dolor de cabeza", dijo la mujer a Apro. "Lo que necesitamos es un plástico de éstos, una casa de campaña", dice un señor a su lado. [caption id="attachment_560698" align="alignnone" width="702"]Migrantes improvisaron techos con plásticos que no los cubrieron totalmente de la lluvia y el frío. Foto: Eduardo Mirands Migrantes improvisaron techos con plásticos que no los cubrieron totalmente de la lluvia y el frío. Foto: Eduardo Mirands[/caption] La arena, presente en gran parte del campamento y que en el día vuela en polvo, se convirtió en lodo. A lo largo de la mañana, los voluntarios --refugiados y del municipio-- barrieron la basura mezclada con el fango. Fue este 22 de noviembre, después de un mes de caminata por México y en medio de la arena húmeda que Bayrun, un hombre hondureño, celebró sus 36 años; regaló rebanadas de un pastel y compartió el contenido de una botella de refresco a quiénes pasaran cerca de él. "Para mis 37 años la verdad no se sabe dónde estaré, sólo Dios sabe", dice Bayrun, jugando con la bebé de un amigo en los brazos. "Ojalá y del otro lado, en el norte, con un trabajo", añadió. [caption id="attachment_560696" align="alignnone" width="702"]Bayrun, un hombre hondureño, celebró sus 36 años en el albergue. Foto: Eduardo Miranda Bayrun, un hombre hondureño, celebró sus 36 años en el albergue. Foto: Eduardo Miranda[/caption] Un periodista del medio digital guatemalteco Plaza Pública, prestó su celular al cumpleañero para que llamara a su hijo en Honduras. El campamento de fortuna tiene solamente un área techada --el gimnasio--, en el resto del deportivo, las personas instalaron casas de campaña, pero, quienes no tienen para comprar una, fabricaron refugios con lonas, telas de plástico o con cobijas de lana, que se empaparon en la noche. "Dormí enrollado en mi colchoneta", dijo a Apro Noé, un hondureño de 32 originario de Colón. Cuando empezó la lluvia, él y dos compañeros, quiénes durmieron a ras de piso, se cubrieron con una lona de metro y medio por dos metros, la cual no impidió que sus pertenencias se mojaran. A medida que el sol secaba la ropa, la arena, las colchonetas y las cobijas, y calentaba la gente, la vida extremadamente precaria retomó su curso en el campamento, aunque el grado de desesperación e impaciencia creció un poco más este jueves.

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