Se impone en Tijuana el odio estilo Trump

sábado, 24 de noviembre de 2018
TIJUANA, BC.(Proceso).- “Mis propios paisanos me agredieron, me dijeron que fuera a chingar a mi madre, que no estuviera jodiendo, que si estaba del lado de los hondureños, me abriera con ellos para allá”, cuenta Montserrat Montiel, vecina de un “barrio bravo” de la zona norte de esta ciudad. “Entonces –añade– me enojé y que les digo: ‘¡No estoy ni del lado de ellos ni de nosotros! ¡Estoy del lado de los niños!’”. La tarde del domingo 18 Montserrat estaba acostada. Afuera de su casa, en la calle 5 de Mayo, 200 personas vociferaban contra la “invasión” y gritaban: “¡Fuera hondureños, aquí no los queremos!”, mientras intentaban pasar la valla policíaca para avanzar un centenar de metros, hacia el refugio donde se alojaban 3 mil integrantes del éxodo centroamericano. El pequeño grupo “nacionalista” se manifestaba en las calles de Tijuana desde la mañana para gritar su rechazo a la presencia de los centroamericanos en la ciudad fronteriza. Sus lemas –“Migrantes sí, invasores no”, “Primero nuestros pobres” o “No al terrorismo”– replicaban la retórica del presidente estadunidense Donald Trump. “Eso que dice Donald Trump es verdad, es una invasión… y vienen más caravanas”, gritó un hombre. La hija de Montiel, de 12 años, llegó a la casa y le dijo que una mujer la había golpeado. Enfurecida, salió de la vecindad. “Les dije que por favor no hicieran desmadre aquí, porque la gente también trae niños; la que le pegó a mi hija se fue corriendo y me peleé con otra, que me preguntó por qué defendía a los hondureños. Le pegué el primer trancazo en la cara, luego todos me empezaron a patear, mis paisanos mexicanos”, cuenta a Proceso. La Policía Municipal llevó a Montiel a la delegación 20 de Noviembre, donde permaneció unas horas hasta que una amiga la sacó pagando una multa de 4 mil pesos. “Hasta lloré del coraje, no porque me pegaron sino porque, digo yo, ¿cómo puede ser que son mis paisanos, si no somos así nosotros?”, abunda. “En la vida he sufrido y sé lo que es no comer. Que se pongan en sus zapatos y van a saber lo que es, ¿me entiendes?, no tener qué comer. Pero mis paisanos dicen que vinieron a comer su comida. Les digo: ‘No creo, porque ustedes ni les han dado un taco’”, sostiene la mujer, un día después de la golpiza que sufrió. No fue el único acto violento de la marcha: una joven, quien llegó a criticar la existencia de las fronteras y abogar por el paso libre a través de ellas, fue sacada de la protesta a empujones, gritos de “¡traidora!” e insultos, mientras otro joven salió corriendo cuando le gritaron “pinche mariguano”. A una cuadra del albergue temporal, el grupo de jóvenes que encabezó la marcha, algunos alcoholizados, trató de forzar la valla policiaca a palazos, reventó bloques de concreto que la policía había instalado para cerrar el acceso al albergue y sostuvo una trifulca con los uniformados. Los manifestantes entrevistados por este semanario calificaron a los centroamericanos de gente “mala”, los tacharon de pandilleros y de malagradecidos. Algunos aseveraron que se robaron niños para cruzar la frontera, mientras otros dijeron que se trataba de un complot mundial financiado por el magnate George Soros. Este es un fragmento del reportaje que está disponible en el número 2195 del semanario Proceso

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