Dilemas de la izquierda

domingo, 30 de julio de 2000 · 12:27
En 1989, Giovanni  Sartori definió: Izquierda es hacer el bien a los demás, derecha el bien para sí: izquierda es Kant, derecha es Bentham. Cuatro años después, en un texto especial para el volumen Izquierda punto cero (que gloso aquí de la edición española de Paidós, 1996; edición italiana: Donzelli, 1993), Sortori precisó el sentido de sus palabras. Había querido señalar que la ética fuerte es la de Kant (la ética del deber incondicional), mientras que la ética utilitarista de Bentham es una ética débil (es un cálculo hedonista) que difícilmente puede servir de base a una izquierda como ética. Sartori avanzó después un replanteamiento de los dilemas éticos de la izquierda, tomando un camino inesperado. Introdujo como polo deseable de la ética de izquierda a Max Weber y su ética de la responsabilidad, vecina teóricamente honorable de las casas donde ejercen su oficio práctico dos señoras indecentes: la realpolitik y la razón de estado. Hoy me atrevería a decir -escribió Sartori- que el problema de la izquierda se decide entre Kant y Max Weber. Este último distinguía entre el seguimiento absoluto de los valores, la Gesinnungsethik, y una Verantwortugsethic que en el cambio “responzabiliza”, en el sentido de que tiene en cuenta las consecuencias de nuestras acciones. Hasta el momento de producirse la catástrofe de su utopía, la izquierda como ética se alineó con la primera, concentrándose toda ella en los fines y despreocupándose de los medios: en cambio, de ahora en adelante, deberá identificarse con la segunda, con el problema de la Verantwortung. Pocas  veces en la historia, en efecto, una ética de la convicción habrá traído tantos desastres al mundo como la ética revolucionaria, justiciera, igualadora, liberadora de la izquierda del siglo XX. Los fines clásicos de la ética eran la justicia, la igualdad, la fraternidad, la libertad, el desvanecimiento de la autoridad, de las jerarquías y del  Estado. Sus consecuencias netas fueron más injusticia, más autoritarismo, más jerarquías, más opresiones estatales y una igualdad burocrática de economías escasas y servidumbres abundantes. La ética de fines de justos de la izquierda terminó subordinada a los medios inicuos del socialismo real. Por contra, los ideales débiles y hedonistas, incluso cínicos, de la ética utilitaria de la derecha produjeron, precisamente en los países que la izquierda señaló como enemigos, los mayores niveles de igualdad que haya conocido la historia: Las únicas sociedades que han salido de la pobreza, recuerda Sartori, en el sentido de que los pobres representan en ellas una minoría (del orden del 20%) son las sociedades a las que la izquierda ha acusado implacablemente de practicar una explotación capitalista y burguesa. Por el contrario, las sociedades que la izquierda ha reconocido como propias, las sociedades de la hoz y el martillo, han continuado siendo sociedades de pobres o, en cualquier caso, sociedades en que las situaciones próximas a la miseria se han generalizado. Las sociedades de la ética benthamiana, las de la explotación capitalista y burguesa, fueron también las que alcanzaron mayores grados de justicia y libertad, las que garantizaron mayor independencia de la sociedad y de los individuos frente al Estado, su autoridad y sus jerarquías. Así, quienes más cerca han estado en el siglo XX de alcanzar los fines éticos universales de la izquierda, han sido las sociedades de derecha. Para la vida práctica de la civilización, la ética débil de Bentham ha sido más eficiente y sólida que la ética dura de Kant. Las sociedades y las economías capitalistas de derecha han cumplido mejor los fines de la izquierda que las sociedades y las economías socialistas. Hay algo fuerte que pensar para la izquierda en estos dilemas de la ética y estas paradojas trágicas de los medios y los fines en que nos ilustra el siglo XX. Una versión ligeramente más larga de esta reflexión apareció hace unos años en la revista Nexos. La recojo aquí en el momento en que la izquierda en México ha recibido un gran revés electoral  que la pone en la necesidad de repensarse a fondo. Uno de los asuntos fundamentales que debe plantearse es qué sociedad buscan y cómo obtener en ella los valores propios de la izquierda: igualdad, justicia, solidaridad. La reflexión de Sartori parece oportuna a ese propósito.