Gala de Elisa Carrillo, primera bailarina de la Ópera de Berlín

lunes, 20 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Elisa Cabrera llevó a su hija Elisa Carrillo a tomar sus primeras clases de ballet cuando apenas tenía cinco años y medio. De inmediato su maestra le advirtió que la niña contaba con grandes condiciones para ser bailarina y le recomendaba que la inscribiera en una escuela profesional cuando tuviera la edad adecuada. Ahora Elisa es primera bailarina de la connotada Ópera Estatal de Berlín, Alemania, y visitará México para presentarse en el Palacio de Bellas Artes el 20 de febrero con Gala de Estrellas: Elisa y amigos: Los apasionados de la danza. Nacida hace 30 años, Elisa Carrillo explicó a Proceso vía telefónica desde Alemania que en la función estará acompañada de estrellas de los ballets Bolshoi, Kirov, Berlín, Stuttgart y Nueva York en un programa constituido por highlights“con obras de repertorio tradicional y propuestas mucho más contemporáneas, para mostrar al público las nuevas tendencias coreográficas que existen en Europa”.   Sacrificio   La doctora Elisa Cabrera, su representante en México, no oculta el orgullo que siente por su hija, aunque en algún momento su voz se quiebra al recordar que ésta se fue de México a los 16 años: “Es la más pequeña de mis tres hijos, los otros son varones. Yo no sabía qué era ni siquiera un empeine. Pero me dijeron que la llevara a la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, donde audicionó a los nueve años, y los maestros hablaron conmigo para decirme que mi hija era especial. Fue la única que pasó el examen de su grupo.” Carrillo se destacó desde entonces por su tenacidad. Ponía su despertador a las cinco de la mañana para estar lista a tiempo. Su mamá aprendió a hacerle los dos chonguitos del pelo que tenían que ser perfectos y simétricos. A los 14 años y medio Elisa ganó una medalla de oro a nivel nacional y todo cambió, porque de inmediato fue seleccionada para obtener una beca y estudiar en Inglaterra. “Yo hablé con ella y le dije: ‘Te ofrecen una beca, pero ya no estarías con nosotros’. ‘Pero irían a verme, ¿no?’”. Ella lo decidió y yo me puse a conseguir dinero para que pudiera viajar, porque con lo de la beca no le alcanzaba para vivir. Fui a todos lados, al Consejo Interamericano, al Consejo Británico, al INBA, al Fonca. “Y hay que reconocer que cuando se hacen las cosas bien, en este país hay grandes triunfos. El INBA y el Fonca apoyaron a mi hija y así pudo viajar. Le confieso que yo me sentía deshecha, mi hija consentida, chiquita, se iba. Pero la vi tan decidida que no me importaron ni las críticas de la familia, que es muy unida. “Fui a dejarla allá, a su escuela inglesa. Era una casa con diecisiete niñas; mi hija aquí en México era mimada, tenía su propio cuarto, había sirvienta en la casa, le gustaba tejer, bordar. Allá dormía en una litera en un cuarto para cuatro chicas, no hablaba inglés. Ella me dijo: ‘Mami, te quiero’. Yo le expliqué que en la vida las cosas cuestan dolor y lágrimas. “La dejé, caminé, di la vuelta a la esquina y me senté a llorar en mi maleta. Así me la pasé llorando. En el vuelo de regreso me preguntaban si me sentía mal, yo me quería regresar por mi hija. Cuando se llegaba a sentir mal me hablaba por teléfono, nos escribíamos. Por eso agradezco a los que inventaron el internet y el skype. Quisiera abrazarlos y agradecerles porque ahora hablo con ella a diario.” Y explica: “Sabe qué, yo soy de un pueblo de Chiapas, nací con la ayuda de una partera, ahí no se acostumbraba que las mujeres estudiaran. Luego me casé y estudié y me recibí como médico. Agradezco haber podido salir de mi origen y agradezco que mi hija sea ahora una gran artista.”   Estrella   Esbelta, morena y con aptitudes espectaculares, Elisa afirma que es un gran honor ser primera bailarina de una compañía del primer mundo. “Hay muchísimo que aprender y me siento muy gratificada de estar en una compañía tan grande e importante y en un lugar donde la gente admira realmente el ballet y la danza. Se tiene una cultura para los teatros, las funciones están llenas. Somos 90 bailarines en la Ópera de Berlín. “Y ser una primera bailarina es algo muy valorado. Siempre he sabido que no me voy a hacer millonaria aquí, pero te pagan de otras formas. Es decir que tienes acceso a otros mundos, te invitan a lugares especiales y se te abre un mundo de élite.” –Es un medio muy competitivo. –La competencia es de todos los días porque siempre hay otras esperando tu lugar. Pero la presión más fuerte es frente al espejo, entrenar frente a todos, saber que eres un ejemplo y tienes que estar siempre al ciento por ciento. Tengo que demostrarles a mis compañeros y a mis maestros que soy especial. –¿Quiénes son sus coreógrafos favoritos? –Cuando estuve bailando en Stuttgart conocí a John Neumeier, director del Ballet de Hamburgo, y bailé La Dama de las Camelias con música de Chopin. Conocí el trabajo de Jirí Kylián, bailé dos ballets de John Cranko: Oneguin y Romeo y Julieta. También me gusta Keneth MacMillan, Angelin Preljocaj, Nacho Duato y William Forsythe, de quien traigo un pas de deux muy conocido que se llama In the Middle Somewhat Elevated. Pero hay más. –¿Cuáles son sus mejores características como bailarina? –Dicen que tengo unos empeines lindos. A mí me da pena hablar de mí misma… Tengo grandes extensiones y una figura muy femenina. En este lado del mundo se piensa que los bailarines son anoréxicos, pero qué va. Los bailarines a veces comemos más que la gente normal por el desgaste que sufrimos. A mi me interesa estar delgada, pero sobre todo estar sana, que exista la belleza de una figura delgada y sana y nunca perder de vista que soy una mujer. Tener saborcito. “No soy piruetera, no es lo mío. Yo soy de adagios, de fuerza sutil, nunca he sido de las que giran como trompos. Tengo muy buena flexibilidad, buen cambré (curvatura de la espalda hacia atrás). Procuro hacer un trabajo muy limpio de pies y salto bien.” –¿Quiénes son su parteners (parejas de baile) favoritas? –Casi siempre bailo con Mikhail Kaniskin, que además es mi esposo. Él es ruso, estudió en la escuela del Bolshoi y es un extraordinario bailarín. Él me ha ayudado muchísimo, me explicó cómo tenía que bailar para convertirme en una primera bailarina, es mi apoyo total y me ha ayudado mucho a ver mis errores, estará conmigo en México. Y también me encanta bailar con el director de la compañía, Vladimir Malakhov, que es toda una leyenda. Siempre lo admiré, y ahora tengo la oportunidad de bailar con él. Él también estará en México. –¿Qué sigue para usted después de ser una primera bailarina? –Me gustaría ayudar a que en México se pudiera ver la mejor danza del mundo. Mostrar que el ballet son los clásicos, como Lago o Bella Durmiente, pero hay otras cosas. Tal vez entre el público de Bellas Artes haya alguien que se sienta conmovido con la obra de Forsythe o la de Preljocaj. “Yo he logrado lo que soy porque estuve en la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea del INBA con maestras como Silvya Susarrey, Rocío Barraza, pero en especial Claudia Trueba y Elsa Recagno, que me enseñaron en el mejor nivel posible. Debe haber más niñas que puedan destacar.”

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