Cuba-Vaticano: Matrimonio por conveniencia

lunes, 26 de marzo de 2012
El gobierno de Raúl Castro y la Iglesia Católica de Cuba han desarrollado relaciones de diálogo y cooperación que derivaron en beneficios mutuos: ante la ausencia de instituciones independientes legalmente reconocidas el gobierno se ha apoyado en la Iglesia para resolver conflictos puntuales, como el de los presos políticos y su liberación; al mismo tiempo el clero recuperó espacios para sus actividades pastorales y sociales. La visita de Benedicto XVI a la isla –del 26 al 28 de marzo– permitirá acrecentar los réditos mutuos. LA HABANA (Proceso).- Joseph Ratzinger se ve sonriente, ataviado con su capa pluvial, la mitra y el pectoral papal. Levanta la mano derecha en señal de saludo mientras con la izquierda se apoya en el báculo. Atrás de él aparece luminosa la Virgen de la Caridad, patrona del pueblo cubano. Un letrero acompaña la imagen: “Bienvenido a Cuba, peregrino de la Caridad”. En vísperas de la visita de Benedicto XVI a la isla –programada del 26 al 28 de marzo– miles de carteles con esa imagen son colocados en postes, viviendas y edificios públicos, al tiempo que trabajadores del Estado se afanan en terminar los templetes donde el Papa celebrará sendas misas: el 26 de marzo en la plaza Antonio Maceo, en Santiago, y dos días después en la Plaza de la Revolución, en La Habana, donde están las principales sedes del poder político: el Comité Central del Partido Comunista, el Consejo de Estado y de Ministros, los ministerios de las Fuerzas Armadas y del Interior… Las facilidades y el apoyo que el gobierno de Raúl Castro ha dispensado a la Iglesia Católica de Cuba para el éxito de la visita de Benedicto XVI refleja un hecho de mayor calado: desde hace varios años ambas instancias –gobierno e Iglesia– sostienen relaciones de diálogo y cooperación que parecen haber dejado atrás las tensiones y los desencuentros de los primeros años de la revolución. Desde la visita de Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998, la Iglesia católica –encabezada por el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega– ha logrado recuperar parte del espacio social que perdió en los sesenta y setenta. Para ello ha contado con el apoyo –o por lo menos con la anuencia– del gobierno de la isla. Los datos son elocuentes: en 2008 el presidente Raúl Castro asistió a la inauguración de un nuevo seminario para la formación de religiosos; el número de sacerdotes se duplicó en 10 años: de 281 a 400, casi la mitad de ellos cubanos; las religiosas aumentaron de 498 a 611; se han ordenado más de 60 diáconos permanentes y en viviendas particulares se han establecido más de mil 200 casas de misión (hogares donde la gente se reúne a orar); el número de bautizados se elevó de 45 a 6l% de la población (aunque la asistencia dominical a los templos sigue siendo muy baja y la mayoría de los asistentes son mayores de 50 años). Más aún, la Iglesia católica ha establecido un sistema educativo paralelo. En parroquias se ofrecen cursos de computación, idiomas, sociología, historia, economía, formación empresarial, entre otros. En esas parroquias todas las semanas hay funciones gratuitas de cine. La Iglesia además ha creado bibliotecas de acceso público y comedores populares. También ha aumentado el número y tiraje de los impresos de la Iglesia, aunque el gobierno ha determinado que su distribución se mantenga restringida al ámbito de los templos. Las revistas Palabra Nueva –órgano de la arquidiócesis de La Habana– y Espacio Laical –del Consejo de Laicos de la capital– abordan temas pastorales y asuntos de actualidad. De hecho en Espacio Laical se realizan debates sobre economía, cultura y migración, en los que han participado cuadros del Partido Comunista. Un hecho evidencia el apoyo oficial: la Iglesia Católica de Cuba organizó un recorrido por toda la isla de la Virgen de la Caridad para celebrar los 400 años de su aparición. Dicho recorrido se efectuó del 8 de agosto de 2010 al 30 de diciembre de 2011. Los gobiernos provinciales y las instancias del Partido Comunista otorgaron todas las facilidades para que la imagen de la virgen –escoltada por motociclistas de la policía– ocupara las calles de las principales ciudades. Interlocución política Por su parte el gobierno de Castro se ha apoyado en la Iglesia para resolver problemas puntuales con organizaciones disidentes o para canalizar a través de ella soluciones a demandas sociales. Ante la ausencia de partidos e instituciones independientes legalmente reconocidas, el clero ha desempeñado en los últimos años un papel de interlocución y mediación política dentro y fuera de la isla. El 19 de mayo de 2010, el cardenal Ortega y Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, se reunieron con Castro para tratar el tema de la liberación de presos políticos. A partir de esa fecha se inició un proceso de consultas y cabildeos que culminó en otra reunión: la que tuvieron el 7 de julio de ese año Ortega, Castro y el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, Miguel Ángel Moratinos. Unas horas después el arzobispado de La Habana emitió un comunicado en el que anunció la liberación de 52 personas a las que Amnistía Internacional consideraba presos políticos; la mayoría de ellas salieron gradualmente de la isla hacia España. Eran los que quedaban en prisión del grupo de 75 disidentes arrestados en la primavera de 2003. La liberación desactivó las movilizaciones de las llamadas Damas de Blanco –esposas, hermanas, madres e hijas de presos políticos– que reclamaban la liberación de sus familiares y que aun ahora se reúnen cada domingo en el templo de Santa Rita, en el barrio habanero de Miramar. También puso fin a la huelga de hambre que entonces mantenía el disidente Guillermo Fariñas. Además Ortega se ha reunido en Bruselas con dirigentes de la Unión Europea y en Washington con funcionarios del Departamento de Estado. Pese a que poco ha trascendido de dichas conversaciones, para muchos analistas es claro que Ortega ha realizado una fina labor diplomática con Europa y Estados Unidos. Este papel de la Iglesia cubana no podría explicarse sin la renovación generacional que ha vivido la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. La mayoría de éstos se formaron durante la revolución y –salvo Ortega, quien en su juventud estuvo en uno de los campos de trabajos forzados de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)– no vivieron los años de confrontación abierta con el gobierno. Eso les ha dado otra perspectiva sobre la realidad de la isla y los ha hecho más abiertos y tolerantes. Un ejemplo es el del arzobispo de Santiago, Dionisio García Ibáñez, de 67 años, graduado como ingeniero en telecomunicaciones y quien no se ordenó sacerdote sino hasta junio de 1985. De hecho en los medios eclesiásticos se especula sobre algunos reacomodos en la cúpula del clero cubano. Según dichos medios, tras la visita papal Ortega iría a Roma para asumir un alto cargo en el Vaticano, probablemente prefecto de una congregación pontificia, lo que reforzaría el apoyo de la santa sede a la Iglesia de la isla. En el remplazo del arzobispo de La Habana se manejan los nombres del actual obispo auxiliar de la capital, Juan de Dios Hernández, y del arzobispo García Ibáñez. Réditos La visita papal tiene lugar después de que en enero pasado el Partido Comunista realizó una conferencia extraordinaria para impulsar los lineamientos acordados durante su VI Congreso. Dichos lineamientos intentan dinamizar la economía, pero su puesta en marcha tiene impactos políticos. Así, se ampliaría el trabajo por cuenta propia y las cooperativas, se reimpulsaría la inversión extranjera y se reformaría la política migratoria para eliminar el permiso de salida a los cubanos. El mensaje de “reconciliación y paz”, del que es portador el pontífice, intentaría inyectar optimismo a los cubanos sobre su futuro que, para muchos, está lleno de interrogantes. Es claro que el gobierno de Castro –quien recibirá a Benedicto XVI a su llegada al aeropuerto de Santiago y quien asistirá a las misas que celebrará el pontífice– obtendrá un rédito político: al mostrarse abierto y tolerante con las expresiones religiosas mejorará su imagen internacional. En ese sentido es significativa la llegada de 2 mil cubanos que viven en Florida, quienes serán acompañados por el arzobispo de Miami, Thomas Wenski. Al mismo tiempo la visita del Papa podría ayudar a la Iglesia cubana a avanzar en sus demandas, entre las que destaca el acceso a los medios de comunicación de la isla (todos en poder del Estado) y el reconocimiento de la educación que imparte en forma paralela (hasta ahora los cursos que imparte no tienen validez oficial). Raúl Castro ha convocado a la unión de los cubanos para combatir cualquier tipo de discriminación, incluso la religiosa. Su convocatoria coincide con el llamado de la Iglesia para lograr un “consenso nacional”; es decir, propiciar un clima de mayor entendimiento entre los cubanos –incluidos los de la diáspora– que les permita enfrentar de mejor manera los desafíos de la isla. *Periodista e historiador experto en temas religiosos. Secretario en Cuba de la Comisión para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica (Cehila).

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