Carta de Sicilia sobre asesinato de Regina

martes, 8 de mayo de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Querido Rafael, queridos hermanos y hermanas de Proceso, queridos familiares de Regina: los abrazamos, nos abrazamos, nos volvemos a abrazar en medio de la noche. El espantoso y reprobable asesinato de Regina Martínez no es más que la reiterada confirmación del estado de descomposición en que se encuentra el Estado y los partidos. El lodazal en el que se ha convertido la nación, y que ya no nos deja saber dónde termina el Estado y comienza el crimen, tiene el rostro del cuerpo torturado y destruido de Regina Martínez en el que se mira y se contempla nuevamente el rostro de las miles de personas asesinadas y de la terrible impunidad que acompaña sus dolorosas muertes. La Ley de Víctimas y la Ley de Protección a Periodistas que recientemente fueron aprobadas mientras se asesinaba a Regina son dos leyes magníficas que, sin embargo, no servirán de nada mientras, como siempre ha sucedido en nuestra nación, no se cumplan ni se ejerzan. El asesinato de Regina, los que diariamente continúan sucediendo en nuestro país y los miles de crímenes que permanecen impunes, son la muestra más terrible de que los intereses oscuros con los que se gobierna el país están por encima de las leyes y alientan la violencia y el crimen. Estamos, como no hemos dejado de repetir, en una emergencia nacional que necesita de una unidad nacional, de una refundación de las instituciones y de una sociedad civil organizada desde abajo para resistir el horror. Llamamos a los partidos, llamamos al Estado a poner la ley por encima de los intereses de aquellos que, resguardados en las instituciones y protegidos por sus partidos, tienen, al lado de la delincuencia, secuestrada a la nación. Si no lo hacen, la ley tendrá siempre el cuerpo destrozado de Regina y de todos aquellos que en nombre de la dignidad se niegan a callar y a aceptar el horror como forma de vida; tendrá el rostro de los inocentes que no encuentran reposo en la inclemencia de los asesinos y de los señores de la muerte que se han adueñado del país y de sus instituciones, tendrá también el grito de ustedes, querido Rafael, y de cada hombre y cada mujer que al negarnos a aceptar el horror mantenemos viva la voz de los que desde el silencio de las sepulturas claman por la justicia y la paz que nos han arrancado, y custodiamos la dignidad y la reserva moral del país. Los abrazamos, nos abrazamos mucho en esta dura y dolorosa resistencia contra la helada persistencia de la noche. Por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad Paz, Fuerza y Gozo Javier Sicilia

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