Obama, en apuros

lunes, 27 de agosto de 2012
El panorama se le ha puesto difícil a Barack Obama, no sólo por la precaria situación económica que enfrenta Estados Unidos reflejada en la recesión y el desempleo, sino por la designación de Paul Ryan como candidato a la vicepresidencia por el Partido Republicano. Este político conservador concita las simpatías de los sectores más recalcitrantes de la derecha estadunidense y ha sido impulsor de políticas diametralmente opuestas a las implementadas por Obama durante su mandato, sobre todo en lo relativo al aspecto fiscal. La propuesta de Ryan plantea la reducción de impuestos a los ricos y elevarlos a los sectores medios e incluso a los pobres. WASHINGTON (Proceso).- La integración de Paul Ryan como compañero de fórmula de Mitt Romney, virtual candidato presidencial republicano, reduce las posibilidades de reelección de Barack Obama y radicaliza las políticas conservadoras en Estados Unidos. Pese a ser un desconocido para la mayoría de los electores estadunidenses, Ryan, representante federal por el estado de Wisconsin, es, según los analistas políticos, la mejor decisión de Romney para derrotar a Obama en los comicios del próximo 6 de noviembre. Identificado como un político conservador y experto en asuntos presupuestales, Ryan, quien será proclamado candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos en el marco de la Convención Nacional Republicana que comenzará el próximo lunes 27, ya comenzó a restarle popularidad a Barack Obama y al vicepresidente Joe Biden. Con 42 años y casi 14 como integrante de la Cámara de Representantes del Congreso federal, Ryan le ha dado a Romney el bono político que necesitaba para atraer el voto conservador. Desde el sábado 11 cuando Romney anunció que Ryan sería su compañero de fórmula, la campaña presidencial tomó otro giro y obligó a que Obama y Biden se pusieran a la defensiva, e incluso traicionaran las políticas tradicionales de los demócratas que venían promoviendo. Las encuestas de distintos medios de comunicación realizadas a partir de que Ryan se incorporó a la contienda electoral confirman que la sociedad estadunidense está muy decepcionada con el gobierno de Obama. Un día después del anuncio de Romney, una encuesta conjunta de la firma Gallup y del periódico USA Today mostró que 42% de los estadunidenses calificó como “excelente” la elección del congresista por Wisconsin como aspirante a la vicepresidencia, y sólo 19% la tildó de “mala”. Lo interesante del sondeo es que 65% de los mil 214 entrevistados aceptó no saber quién era Ryan; sin embargo, explicaron que les bastaba saber que era un político conservador y férreo defensor de la reducción de los gastos por parte del gobierno federal. Con una reacción poco ortodoxa el Partido Demócrata y la Casa Blanca se concentraron en restar importancia a la decisión de Romney de escoger a Ryan como compañero de fórmula. Obama y Biden, quienes han hecho proselitismo por separado, lanzaron una gran ofensiva para desprestigiar a Ryan, a quien acusan de ser un acolito fiel de George W. Bush, “el verdadero causante de la crisis económica”.   Malabarismos   Obama sorprendió a los electores porque en su afán por opacar a Ryan dio un gran giro a sus ideales como político demócrata liberal. “Tenemos que concluir el trabajo que iniciamos hace casi cuatro años; debemos revisar los números de los gastos del gobierno federal para saber si es necesario hacer ajustes de los dispendios para con algunos programas sociales”, manifestó el presidente durante una gira por Ohio el martes 14. Esta declaración provocó un revuelo inesperado entre los medios de comunicación. Los periódicos y noticiarios de radio y televisión acusaron al mandatario de traicionar las políticas que ha defendido. “Está claro que el presidente Obama hace esto porque se siente amenazado ante el repunte de popularidad de Romney gracias a Paul Ryan”, dijo Brian Williams, conductor del noticiario vespertino de la cadena de televisión NBC, uno de los más vistos en todo el país. La crisis económica de Estados Unidos, pero sobre todo el problema nacional del desempleo que en estos momentos alcanza 8.3% juegan un papel importante para la definición de los comicios. En la ultima encuesta de The Washington Post sobre el “factor económico” en las elecciones presidenciales publicada a ocho columnas en su edición del domingo 19 se identifica muy bien el verdadero interés de los electores tanto demócratas como republicanos. “El 73% de los electores demócratas registrados en el padrón electoral quiere un presidente que invierta más dinero del gobierno en la creación de empleos. El 25% de los electores republicanos comparte esta idea”, reveló el diario. En el mismo sondeo se evidenció que “73% de los electores republicanos registrados en el padrón electoral desea a un presidente que haga todo lo necesario para evitar que aumente el déficit del presupuesto federal. El 24% de los electores demócratas opinó lo mismo”. En los más de tres años y medio de la presidencia de Obama, Ryan se destacó –como legislador federal– por rechazar todas las propuestas de la Casa Blanca para aumentar el financiamiento a programas sociales. Como el clásico político conservador de la región del medio oeste de Estados Unidos, Ryan sostiene que con la reducción de impuestos se puede generar riqueza. Asegura que la solución a la crisis económica y al desempleo es reducir las cargas impositivas a los ricos y a las grandes empresas. De esta manera, afirma, se dinamizan las inversiones en el sector privado y se crean plazas de trabajo. Obama y Biden postulan lo contrario. Consideran que para resolver los problemas económicos es necesario aumentar los impuestos a los ricos y a las grandes empresas, y recortarlos a la clase media para financiar los programas federales de beneficencia social. “Se equivoca Obama en su propuesta tributaria; no hay que discriminar a nadie. Recorte de impuestos para todos”, declaró Ryan el mismo día de su lanzamiento como compañero de fórmula de Romney. Obama, Biden y el Partido Demócrata acusan a Ryan de ser un político “mentiroso” y uno de los responsables de la crisis económica que asuela al país. El presidente lanzó la semana pasada tres spots de campaña en las cadenas nacionales de televisión, en los cuales recuerda a los electores que Ryan siempre votó a favor de las guerras que lanzó Bush contra Irak y Afganistán, mismas que acabaron con las arcas del país. En sus mensajes de campaña, Obama enfatiza que Ryan fue el principal patrocinador de la propuesta de ley de Bush que al promulgarse redujo 16% el pago de impuestos de los ricos y aumentó 4% los de la clase media. Ante estos promocionales, la dupla republicana se concentró en explicar al electorado que aun cuando Obama no es el responsable directo de la situación económica, es un presidente inepto porque no ha podido solucionar el problema y con sus políticas fiscales elevó el déficit del presupuesto federal.   Operación política   Como ya se indicó, este lunes 27 arranca la Convención Nacional del Partido Republicano, en Tampa, Florida. En este evento Romney y Ryan serán ungidos oficialmente como candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia, respectivamente. El foro político es la plataforma electoral de Romney, quien de acuerdo con los organizadores del acto presentará un proyecto basado únicamente en las prioridades para la restauración económica durante los próximos dos años, en la cual Ryan será una pieza crucial. De lo poco que se ha filtrado acerca de la Convención Republicana se menciona que Ryan será presentado como el negociador político de una presidencia comandada por Romney. Éste promete una Casa Blanca con un vicepresidente más activo y dedicado a negociar con el Congreso federal y que asumirá el rol de arquitecto para el diseño de proyectos de reforma fiscal y económica. Ryan es el abanderado de las causas conservadoras y del llamado Tea Party –el ala más radical de los republicanos– y se distingue por ser enemigo de las causas hispanas y afroamericanas. Como representante federal por Wisconsin siempre votó contra los proyectos de ley para una reforma migratoria integral que beneficiara a los hispanos. También ha negado su apoyo al aumento de gastos para asistencia a desempleados, a madres solteras y de subsidio a los servicios médicos para personas jubiladas y de bajos ingresos. Estos programas sociales se identifican más con la minoría afroamericana. La apuesta de Romney es que con Ryan atraerá el voto conservador de su partido, así como el de los votantes independientes decepcionados con Obama por la situación económica prevaleciente en el país. Romney sabe que por lo menos en esta elección no ganará el voto hispano –que todavía no marca la diferencia en una elección presidencial– ni mucho menos el de los afroamericanos, que será para Obama por el hecho de que es un presidente negro. Los analistas políticos afirman que la reelección de Obama se dificultará con la presencia de Ryan. Y es eso lo que reflejan las encuestas nacionales. El más reciente sondeo de Gallup dado a conocer la semana pasada encontró que 47% de los electores apoya a la dupla Romney-Ryan, contra 45% que opta por la mancuerna demócrata Obama-Biden. La encuesta se hizo con 3 mil 50 electores y tiene un margen de error de más menos tres puntos porcentuales. Obama está obligado a movilizar a sus bases para tratar de contener al factor Ryan. El presidente buscará quitarle los reflectores a la Convención Republicana que termina el jueves 30. Aunque la mayor prueba para Obama y Biden será la Convención Nacional Demócrata a realizarse del 3 al 6 de septiembre en Charlotte, Carolina del Norte, porque esos días Romney y Ryan harán proselitismo en los estados del medio oeste que son los más disputados en materia electoral y los más golpeados por la crisis económica.

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