Ramón Vargas: ¡Viva Verdi!

viernes, 25 de octubre de 2013
MÉXICO D.F. (Proceso).- Giuseppe Verdi es, luego de Rossini, el compositor que más ha interpretado el tenor Ramón Vargas. Ha dado vida a Riccardo, en Un ballo in maschera; Il Duca di Mantova, en Rigoletto; Foresto, en Attila; y Fenton, en Falstaff, por mencionar sólo algunos personajes. Sin duda es el músico al que más ama, pues hace reflexionar a través de sus personajes. Pero nunca, confiesa, ha actuado en una ópera de Richard Wagner. Los dos autores, Verdi italiano y Wagner alemán, de quienes se celebra este 2013 el bicentenario de sus nacimientos, eran antagonistas. Pero mientras que al segundo el asunto le tenía sin cuidado o no se manifestaba, el primero abiertamente estaba en contra de Wagner: “Verdi decía que para cantar a Wagner no se necesitan artistas, sino atletas que aguanten la fuerza de estar cante y cante muchas horas. Sin embargo admiraba su música. Al final todos fueron influidos por Wagner, el mismo Verdi, a pesar de que no lo aceptaba.” Verdi compuso a lo largo de sus 50 años. Considera entonces que no hay similitud entre su primera obra, Oberto, y la última, Falstaff; es como si hubiesen sido escritas por dos autores. Wagner también fue muy innovador en su opinión. Para Vargas ambos son pilares importantes de la música. “Que me perdonen los mozartianos. Mozart escribió muchas óperas, pero no era un operómano, no escribió ópera solamente. Wagner y Verdi prácticamente sí. Ellos más bien hicieron pocas cosas fuera de la ópera. Creo que estamos hablando de dos importantes personajes.” A decir de Vargas, Verdi cambió el modo de hacer ópera en su tiempo. Menciona que Rossini escribía primero la música y luego el texto, pues consideraba que la primera hacía lógica a la ópera”. Para Verdi, en cambio la palabra era lo más importante. Siguió, dice, con el verismo que nació con Puccini. Le gustaban los temas realistas, como en La bohème de este último, que tiene una historia muy simple, pero real. Es como Los payasos, de Mascagni, cuyo padre era juez y le tocó conocer de niño el caso de un payaso que mató a su esposa por celos en una función. La historia le causó una impresión tan grande que ya adulto le hizo una ópera. Estos temas reales, describe Vargas, formaron el verismo. “Y para Verdi lo primero fueron la palabra, las emociones. Y en eso era maestro. Todos los personajes verdianos son muy inteligentes, todos. En el Rigoletto, el mismo Rigoletto, este personaje siniestro, casi malvado, dice: ‘¡Sí, soy así, porque ellos me han hecho así, porque odio a los cortesanos, a todos esos que se burlan de mí porque soy feo, los odio; y si puedo lastimarlos, los voy a lastimar’. “O Yago en el Otelo tiene un monólogo famoso en el que dice: ‘Sí, estoy planeando todo para destruir a este hombre y dañar a la gente, porque tú me hiciste así, Dios, tú lo has permitido, porque si tú no lo permitieras yo no sería así, pero como tú lo has permitido, solamente estoy siguiendo mis instintos y lo que soy’. Está reflexionando, todos los personajes de Verdi siempre reflexionan, y Verdi los hace muy íntimos. “En El trovador, el Conde de Luna, el malo, dice lo mismo: ‘Tal vez estoy abusando del poder que me dio el príncipe’. Y sí, se da cuenta de que lo está haciendo… Entonces cantar a Verdi es un placer porque te da la oportunidad de encontrar esa bipolaridad del ser humano. Del bueno, del malo, de las decisiones que tomas. Todos sus personajes son muy importantes. ¡Es fantástico Verdi! Yo creo que es mi compositor favorito. Cuando pienso en las óperas de Verdi, y cada vez que canto alguna otra, descubro más cosas. Sí, me gusta mucho.” Considera que sus temas son actuales porque hacen reflexionar sobre el abuso del poder, el bien y el mal. La traviata, evoca como ejemplo, es una mujer hermosa que se volvió la favorita de la sociedad, como son ahora las actrices, “que son las divas”. “Todos esos temas son muy actuales. El poder en Macbeth. Son obras de Shakespeare, ni más ni menos. Yo creo que los estándares del ser humano, nuestras emociones, son las mismas. “Y Wagner puso todo en un nivel esotérico, en un nivel espiritual. Para Wagner todas las emociones eran sublimadas. Entonces se basaba mucho en temas de dioses y mitología y se iba a los principios filosóficos. Amaba a Schopenhauer. Todos estos temas de la vida los metía en una idealización. Lo vimos en la leyenda de este hombre que estaba maldito (El holandés errante) e iba a encontrar la paz solamente a través de una mujer que le fuese fiel, y no la encuentra, entonces su sufrimiento sigue siendo eterno. Esos son los temas de Wagner. Eran más espirituales, más idealizados. Verdi era más terrestre.”   Verdi wagneriano   Añade que Verdi llevó a la ópera textos de diversos autores. Y cuenta que ha leído en algunas cartas cómo era “exigentísimo” en su trabajo, devolvía los libretos a los escritores diciendo “esto es una porquería, no lo puedo musicalizar, no encontré cómo, tienes que cambiarlo”. Y los autores llegaban casi a la desesperación, pero al final el compositor lograba lo que quería. “Era muy exigente, un poco extravagante. Pero Wagner era más extravagante. Se la pasó siempre con deudas. Se enamoraba y luego escapaba y lo perseguían los deudores, y siempre le pasaba. Bueno, le cayó una tempestad junto con su esposa y casi les cuesta la vida, y de ahí surgió la historia de El buque fantasma. Después lo cambió por El holandés errante, pero él lo quiso llamar El buque fantasma. Ese barco que no se podía hundir. Erik quiso hundirlo, pero se iba contra las rocas y no le pasaba nada. Estaba maldito. Eran dos personalidades completamente opuestas. ¡Qué increíble que hayan nacido el mismo año!” El cantante, ahora director artístico de la Ópera de Bellas Artes, no se atreve a opinar quién es mejor compositor, pues sería –dice– como escoger entre un Ferrari o un Roll Royce. Es cuestión de gustos. Para él Wagner fue “más cerebral y sus composiciones orquestales eran verdaderamente magistrales”. Y Verdi “componía para darle más profundidad al texto… Recordemos que Verdi escribió durante muchos años. Al final evolucionó, se fue volviendo un poco más wagneriano, a pesar de que no quería”. –¿Qué piensa de la relación que se ha hecho de Wagner con el antisemitismo y de que muchos directores no quieran tocarlo? –Creo que hay cosas peores. Sobre todo algunos judíos piensan que la música de Wagner no debe ser tocada. Daniel Barenboim ha quitado mucho este complejo. Ha llevado música de Wagner a Israel. Se le acusaba un poco de antisemita a Wagner. No sé, no puedo acusarlo como persona… Como artista era excelso. Yo quiero ir más allá de eso, pues eran seres humanos y los seres humanos nos equivocamos. Creo que sus obras son de un desarrollo espiritual muy grande, y a veces nos cuesta pensar cómo ciertos artistas pudieron tener ciertos pensamientos. Pero eran personas. –¿Por qué usted nunca ha cantado a Wagner? –No se me da como vocalidad. Wagner escribió muy denso para la orquesta. El comentario de Verdi de que para cantar Wagner no se necesitan cantantes sino atletas, es un poco cierto. En El holandés errante se escucha cómo de pronto la orquesta se vuelve muy densa y los cantantes tienen que meterle todo el ronco pecho. “No es porque sean mejores o peores cantantes, simplemente son características. Como una persona que es más alta que otra. O un boxeador más pesado que otro… Wagner compuso de esa manera muy densa. Bueno, a lo mejor pensaría en cantar Lohengrin, porque es una de esas obras menos densas en la orquestación. “Pero después empezó a ponerle mucho peso a la orquesta y cada vez le ponía más violines y más metales. Porque le encantaba la orquestación, pero el que canta debe tener una voz muy especial. Son tipos grandotes con voces muy potentes… En México no tenemos muchas de estas voces.” Ese tipo de voces, dice, se dan en personas más corpulentas. En México los tenores y sopranos son líricos, explica y compara con los boxeadores: “seríamos peso medio, ¿por qué nosotros tenemos campeones de peso pluma? Porque somos más chiquitos. Si tuviéramos ese peso también seríamos campeones porque los mexicanos también somos buenos para dar golpes. Es una cuestión genética”. –¿Y no canta a Wagner ni en su casa? –Me gusta mucho oírlo y quiero cantar las canciones. Tiene unas preciosas. Y sí las voy a poner. Tiene unas en francés y unas en alemán. Desde luego, eso sí me gustaría como reto personal.

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