Reforma energética: La historia quedó atrás

martes, 17 de diciembre de 2013
El historiador Lorenzo Meyer no lo duda: la aprobación de la reforma energética en la Cámara de Diputados el jueves 12 –día de la Guadalupana– fue un acto perfectamente planeado: detrás de todo hubo “una inteligencia perversa, maquiavélica”. Y aclara que, quienes hayan sido, leyeron mal a Maquiavelo, pues él aseguraba que el príncipe debía aprender de los malos, pero para fortalecer la autonomía del Estado frente a los otros poderes. Sin embargo, dice a Proceso, ellos aplicaron la máxima al revés: hay que ser perversos para debilitar al Estado, no para fortalecerlo. Y para ello dejaron en el olvido lo fundamental que es para México y los mexicanos la historia, en la que está enraizado el petróleo. MÉXICO, D.F. (Proceso).- El único punto que queda fuera de la reforma energética aprobada por la mayoría del PRI, PAN y Partido Verde en el Congreso es “cómo eliminar la corrupción, la variable fundamental en esta red de intereses”, afirma el historiador Lorenzo Meyer. Y agrega: “No se dice quién va a vigilar los nuevos contratos, y los nuevos órganos reguladores no tienen manera de enfrentar a los tiburones transnacionales”. Para Meyer, conocedor de los entretelones de la industria petrolera antes y después de la expropiación de 1938 y crítico de la decisión adoptada en el Senado la semana pasada, se requería de una decisión formidable: “enfrentar la corrupción y hacer de Pemex una empresa con compromiso y servicio, con un proyecto de largo plazo, con un espíritu de independencia, con una idea de futuro de sociedad y de nación”. –¿Ya no existe ese compromiso? –Ese compromiso se pierde con la reforma. Entrevistado por Proceso para hacer un balance sobre la importancia histórica de la decisión adoptada en el Congreso, Meyer considera que la “verdadera agenda” de quienes impulsaron la reforma energética y la modificación de los artículos 25, 27 y 28 constitucionales no era la lucha anticorrupción en Pemex, sino “la apertura a los privados” y después la lucha contra la corrupción. En cuanto a la creación de una Comisión Nacional de Hidrocarburos que, según la iniciativa aprobada, tendrá autonomía y se regirá por criterios “transparentes”, el investigador responde: “Los comisionados van a ser nombrados por el presidente. Para integrarse a este organismo se necesita ser experto y ser honrado. ¿Tenemos a la gente que cumpla esos dos criterios? Eso no se toma en cuenta en los criterios; se da por sentado que serán honrados y con conocimiento. “No se toma en cuenta que las grandes empresas petroleras transnacionales tienen muchos años de experiencia en el mundo corrompiendo a instituciones débiles. Si aun en las democracias fuertes y consolidadas corrompen, ¡imagínese en la mexicana!” Autor del libro Nuestra tragedia persistente. La democracia autoritaria en México, Meyer coincide con analistas y legisladores que aseguran que hubo “una inteligencia perversa, maquiavélica”, detrás de la aprobación de la reforma petrolera. “Quien llevó la parte más importante del cambio –dice– es el PAN, el partido que perdió la presidencia en 2012. El PRI le permite incorporar sus demandas en la reforma para acabar con lo último que quedaba del cardenismo en la historia priista. “Me pregunto: ¿así fueron las circunstancias o fue deliberado? El PAN ya pagó los costos políticos. Está fuera del poder. Va a pagar electoralmente porque lleva el bastón de mando en la reforma.” Incluso, abunda, el PAN “pidió un plato de lentejas a cambio de aprobar esto”: la reforma política aprobada es algo muy menor y mal hecha. No es lo que ellos pedían”. Al preguntársele quién pudo ser la “mente perversa” que diseñó esto, cita al clásico florentino Nicolás Maquiavelo, autor de El Príncipe: “Quienes hayan sido leyeron mal a Maquiavelo. Él decía que el príncipe debía aprender de los malos, pero para fortalecer la autonomía del Estado frente a los otros poderes. Ellos lo han aplicado al revés: hay que ser perversos para debilitar al Estado, no para fortalecerlo.” Fragmento de la entrevista que se publica en la edición 1937 de la revista Proceso, actualmente en circulación.

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