El lado gitano de André Gignac

lunes, 14 de diciembre de 2015
MÉXICO, DF (apro).- A seis meses de iniciar su “exilio” a Monterrey, el delantero André Pierre Gignac atrajo la atención del público y los medios franceses sobre la liga mexicana. Gignac nació en 1985 en Martigues, una pequeña ciudad ubicada en el sur de Francia, de una madre descendiente de gitanos españoles que emigraron a Argelia durante la colonización francesa y de un padre bombero que pertenece a la comunidad de la “gente del viaje”, la cual sufre de discriminación y de marginación en la sociedad francesa. Esa comunidad desciende de distintas poblaciones nómadas, entre ellas los gitanos, los yeniches o los herederos de los campesinos franceses que circulan en las rutas del país desde hace siglos. Muchos de sus integrantes abandonaron el nomadismo y son sedentarios; otros siguen recorriendo el país, en las ferias o en las cosechas. En 2013, el mensual So Foot entrevistó a Gignac sobre sus orígenes gitanos, y le preguntó cómo se traducían en su estilo de juego. El delantero contestó: “Para mi es la combatividad. Cuando ves a (Jacques Abardonado, un futbolista francés), es familia cercana, mi primo. Y no es un gran futbolista, técnico y todo, pero en la cancha es un luchador. No suelta nada, es un perro. Está en todos los balones hasta morirse en la cancha. Ése es el lado gitano del futbolista. Nunca mido mis esfuerzos”. En 2008, a sus escasos 23 años, Gignac se catapultó a la cima de la Liga 1 al convertirse en el mejor goleador del torneo por el equipo de Tolosa, con 24 anotaciones. Junto con el éxito le pegaron los vicios del futbol. El joven Gignac lucía en los casinos y sostenía relaciones conflictivas con varios de sus compañeros. Dos años más tarde, concretizó su transferencia a su club de corazón, el Olímpico de Marsella por 18 millones de euros. De acuerdo con una investigación policiaca abierta el 20 de julio de 2011, un agente de Gignac hubiera recibido “retrocomisiones” durante la transacción y parte del dinero hubiera terminado en manos de la mafia marsellesa. Sus inicios en la ciudad portuaria resultaron caóticos: apenas 9 goles en 51 partidos durante los primeros dos años, entre 2010 y 2012. Sus demostraciones de calidad variable terminaron llevándole a las burlas del público. Debido a un ligero sobrepeso, el público le tachó con el apodo de “Big Mac”, del que el mismo delantero se reía durante las conferencias de prensa. Didier Deschamps, entonces director técnico, lo relegó en la bancada mientras que cada verano los directivos del equipo intentaban deshacerse de él. En varias ocasiones, el jugador se peleó a gritos con el ahora seleccionador de la selección francesa. Gignac tocó fondo en 2013, año en que se sumaron las heridas y los problemas con sus compañeros, incluso con el propio Deschamps. Enfrentó las ríspidas críticas del público marsellés, tanto sobre su falta de eficacia –2 goles en toda la temporada-- como sobre el alto costo que el equipo desembolsó para adquirirlo. “Lo lograré, estoy convencido. Me quedaré hasta mi quinto año de contrato si es necesario, pero triunfaré aquí”, aseveraba Gignac. Si bien en 2013 los analistas aseguraban que el tiempo de Gignac en Marsella estaba contado, el año siguiente el delantero seguía en el equipo. Pero las circunstancias eran distintas: se había ganado la confianza del público, con 21 goles inscritos, y formaba parte de los mejores jugadores de la primera división francesa. Marcelo Bielsa, polémico entrenador argentino de Marsella en aquel entonces, lo alineó toda la temporada, pues consideró que “es un jugador quién empuja a los demás, a nivel mental y de las ganas”. Al despedirse del público marsellés, el pasado 23 de mayo, Gignac estimó: “Entre ustedes y yo, se trata de una historia de ‘te quiero, yo tampoco’”. El pasado 10 de noviembre, en el centro de entrenamiento de la selección francesa, Gignac declaró que “algunas personas pensaron que (mi transferencia a México) consistía en una jubilación dorada y que mi iba por el dinero”. El francés, el jugador mejor pagado de la liga mexicana, de 30 años de edad, se embolsará 4 millones y medio de dólares en cada temporada que jugará con los Tigres. Subrayó: “Mis hazañas demuestran que no me fui de vacaciones”. En 21 partidos jugados, entre el torneo regular y la liguilla, consiguió 15 goles. Sus palabras cobraron sentido el pasado domingo al coronarse campeón de la liga mexicana con los Tigres del Universitario de Nuevo León.

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