Revela ‘The Guardian’ manual del Estado Islámico para crear su propio país

martes, 8 de diciembre de 2015
MÉXICO, DF (apro).- Más allá de los principios religiosos proféticos y medievales sobre los cuales descansa el discurso del Estado Islámico (EI), la organización yihadista estableció una administración central burocratizada en los territorios que conquistó, basada en un aparato militar de adoctrinamiento, formación de cuadros y control de la información y sectores clave de la economía, pero también desplegó una estrategia de fomento a la iniciativa privada. Así lo reportó el periódico británico The Guardian con base en una serie de documentos internos del EI que obtuvo, entre ellos, un manual de los “Principios de administración del Estado Islámico”. Elaborado por un cuadro de la organización en 2014, el documento de 10 capítulos detalla la formación de la población –a través de un sistema de educación– y la gestión del territorio que el líder del EI Abu Bakr al-Baghdadi proclamó “califato” el 28 de junio del año pasado. El documento establece varios “pilares” sobre los que se basa la “sociedad islámica” que busca implementar el EI, entre ellos, la educación –de niños y soldados recién llegados–, el manejo de los recursos, las relaciones exteriores, los medios de comunicación o los proyectos productivos. De hecho, la dimensión territorial es central en el proyecto apocalíptico del Estado Islámico. Sin embargo, si bien sus líderes aseveran que la organización busca llevar a cabo pseudoprofecías milenarias, sus documentos internos demuestran su sentido pragmático al momento de elaborar y aplicar estrictas reglas sociales y económicas.

Islamic State blueprint by The Guardian

Producción La dimensión económica del califato representa “el principal componente y fuente para financiar todas sus operaciones internas y externas”, plantea el documento. Pone énfasis en “la existencia de recursos financieros seguros, cuyo valor no cambia en cualquier momento”. Entre éstos menciona al petróleo, el gas, la producción agrícola y las rutas comerciales. De hecho, el EI implementó planes agrícolas, fijó los precios de ciertos bienes y emitió una serie de regulaciones, pero también dejó a la empresa privada un amplio margen para hacer negocios en su territorio. En su plan económico, el EI establece la necesidad de “basarse en los negocios externos como principal fuente de ingreso, a través de la apertura del estado al otro lado, sin intermediarios”. Además, busca atraer inversiones externas: “El que invierta en las tierras del EI debe recibir protecciones comprensivas de acuerdo con una negociación previa que se genere para respetar los intereses del EI en materia de producción, exportación y precios”, dice. En los territorios controlados por el EI circulan libras sirias, dinares iraquíes y dólares estadunidenses, precisó The Guardian. Sin embargo, el EI se reserva el control absoluto sobre el petróleo, el gas, las áreas arqueológicas, el oro y las fábricas estratégicas, entre ellas, las fábricas de armas. En estos sectores, los administradores están nombrados por el líder de la organización. Al conquistar territorios, las reglas internas del EI obligan a combatientes y gobernadores de las nuevas provincias a “preservar el personal y la infraestructura que manejaban los proyectos productivos en los gobiernos anteriores”, siempre y cuando éstos se sometan a las reglas del grupo. El Estado Islámico también implementa reglas de austeridad presupuestal, pues exhorta a “reducir los gastos excesivos a través de la administración de la provincia” y contra la corrupción, con la prohibición para los administradores de “aprovechar su posición (…) y trabajar en el estado por intereses personales”. Por ello, instaló buzones de denuncia en su “capital”, Raqqa. Adoctrinamiento militar Según el reporte de The Guardian, el EI opera tres distintos tipos de campos de entrenamiento para adoctrinar y formar a sus integrantes, todos bajo la supervisión de los militares de las provincias. Los combatientes extranjeros recién llegados al califato pasan un periodo en “campos de primera preparación” donde les enseñan el manejo de armas y las tácticas militares del EI. También pasan por la fase de adoctrinamiento, con clases de ley coránica –con clases de árabe– y enseñanza de los principios de obediencia y lealtad. Una vez al año, los veteranos tienen una sesión de entrenamiento de 15 días en los “campos de continuación”, donde profundizan las estrategias militares y actualizan sus conocimientos sobre las armas de sus enemigos. Los niños también tienen “campos de preparación”, donde reciben clases de árabe y adoctrinamiento con base en la ley coránica, así como un “entrenamiento al manejo de armas ligeras y sus principios de uso”. La educación “es la fundación sobre la cual se construye la sociedad islámica”, plantea el documento en su octavo capítulo. Los objetivos del sistema educativo, según éste, consisten en “implementar los valores islámicos (basados en la Sharía) en la sociedad” y “corregir las narrativas erróneas de los programas anteriores”. El programa del EI también contempla un estricto control centralizado de los medios de comunicación, a través de una instancia directamente vinculada con la oficina del califa y de su consejo de asesores, bajo la vigilancia del máximo mando militar. Además de elaborar los contenidos y definir la agenda mediática, esta instancia se encarga de difundirlas a través de sus “agencias auxiliares” en las distintas provincias, las cuales se encuentran sometidas al gobernador “en coordinación con el oficial militar de la región” y tienen prohibido “cubrir operaciones de seguridad o implementación de las reglas judiciales”. Entre sus atribuciones destaca “la preparación del personal mediático, el pago de sus salarios (…) y recibe reportes mensuales de las actividades de cada oficina”. Diplomacia Si bien en su discurso el EI repudia prácticamente a todos los países del mundo, en su manual asevera que “las relaciones exteriores son la primera base para la construcción de cualquier Estado naciente” y precisa que “están entre las fundaciones que demuestran su fuerza y su poderío”. Por lo anterior, abre la posibilidad de entablar relaciones diplomáticas bajo la condición que el otro país y los acuerdos cumplan con una serie de requisitos. Según las reglas del EI, por ejemplo, las relaciones no pueden afectar a la “soberanía interna” de la organización, además de que un país no puede intervenir en los asuntos políticos –o militares— del territorio controlado por la organización. El Estado Islámico sólo puede dialogar con un país que reserve un “buen tratamiento” a sus ciudadanos musulmanes y que no tenga “un historial de hostilidad contra la expansión del Islam, la construcción de mezquitas y de opresión contra los musulmanes en sus tierras”. El acuerdo no puede generar deudas y siempre se dará prioridad a los intereses de los “musulmanes” ante los de los “mal creyentes”. Dificultades y paranoia De acuerdo con la información que recopiló The Guardian, el EI enfrenta una situación económica difícil, pues su recaudación se basa en las confiscaciones de propiedades de “enemigos del Estado” y bienes de contrabando traficados en su territorio, como los cigarros. La provincia de Deir ez-Zor, por ejemplo, generó 8.4 millones de dólares de ingresos en enero de 2015, la mayor parte la obtuvo por ventas de petróleo y gas. El periódico observó que “el ingreso diario de la provincia de mayor producción petrolera (Deir ez-Zor) se eleva a 66 mil 400 dólares, nada comparado con los 3 millones de dólares que se mencionaron en algún momento”. Además, en esta provincia el EI destinó 63.5% de sus ingresos al pago de los salarios de los combatientes y solamente 17.7% a los servicios públicos. Otro sector en el que el EI encuentra un gran reto es la salud, según The Guardian. En el transcurso del año, la organización emitió varias amenazas dirigidas a los médicos para que vuelvan a trabajar. Según el diario, durante los pasados cinco meses se incrementó el número de documentos relativos a las medidas de seguridad y al reclutamiento de militares. El EI, abundó, “se vuelve cada vez más paranoico”. “Hubo una prohibición completa de las redes privadas de WiFi, se emitieron notificaciones en los retenes para acabar con el tráfico de oro, cobre y fierro, y a inicios de octubre el grupo amnistió a los desertores del ejército, presuntamente porque necesita más soldados”, planteó el periódico británico. Asimismo, ordenó a todas las personas tachadas de “enemigos del Estado” a acudir ante las instancias administrativas para registrarse.  

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