La historia y legado de Julio Scherer, en la Feria del Libro de León

domingo, 26 de abril de 2015
LEÓN, Gto. (proceso.com.mx).- De la historia y el legado de Julio Scherer García, el reportero; el fundador y director de Proceso; el escritor y el ser humano, aún queda largo camino por recorrer en la memoria. Esta vez, en ocasión del homenaje a Scherer organizado por el Instituto Cultural del municipio leonés dentro de la Feria Nacional del Libro, reporteros de Proceso junto con su director, Rafael Rodríguez Castañeda, desgranaron su anecdotario personal con el fundador –fallecido en enero pasado–, quien supo no sólo ser un jefe implacable para exigir la nota, sino un maestro que, sin anunciarla, tuvo la generosidad de dejar un consejo, un apoyo en quien se lo solicitara, como resumió Rodríguez Castañeda. “Yo creo que su mejor cualidad: humano, una enorme generosidad de sí mismo”, expuso el director de Proceso en la charla desarrollada en la sala “Nadine Gordimer” de la Fenal, en el Polifórum, junto a los reporteros Arturo Rodríguez García y Carlos Acosta Córdova, al responder a la pregunta expresa sobre la principal virtud y el principal defecto que pudo conocer de Scherer, que así resumió: “La soberbia –defecto que compartimos muchos periodistas-; creo que esa soberbia permitió que (el expresidente Luis) Echeverría diera el golpe a Excélsior” en 1976. Arturo Rodríguez recordó al Scherer que, ya fuera de la dirección de Proceso, seguía presentándose en la redacción en busca de la noticia. “Cuénteme algo”, era siempre el saludo con el que tomaba del brazo a alguno de los reporteros. Scherer era siempre provocador al hacer planteamientos. “No me chingue, usted es reportero de Proceso”, era su manera de poner en perspectiva el trabajo por hacer. Rodríguez García –actualmente reportero de la fuente presidencial y autor del libro El regreso autoritario del PRI – destacó el talento periodístico de Scherer, quien fue capaz de ir a expediciones inhóspitas para conseguir entrevistas, a los encuentros noticiables de su tiempo, y soportar las consecuencias, como ocurrió con la polémica reunión que sostuvo con el capo Ismael El Mayo Zambada. El registro periodístico de Scherer, agregó, se ha convertido en un expediente histórico, que evidencia por ejemplo cómo la corrupción con que Miguel Alemán marcó la imagen presidencial, se vuelve una característica que es superada cada sexenio, hasta llegar a la exacerbación con Enrique Peña Nieto, quien además se ha declarado admirador de Alemán. Con esta memoralia de Julio Scherer, concluyó Arturo Rodríguez, se quiere imprimir en las nuevas generaciones de periodistas ese espíritu de compromiso con la rectitud, la fortaleza de carácter y la mirada en el poder. Tanto Arturo Rodríguez como Carlos Acosta leyeron pasajes de alguno de los 22 libros publicados por Scherer García, particularmente aquéllos en los que el periodista fue capaz de retratar sus momentos íntimos, sus angustias personales –como el cáncer de seno que aquejó a Susana, su esposa–. “Una manera de aprender de Scherer, además de la convivencia cotidiana o como maestro, es leer sus libros; saber leerlos, porque cada libro tiene su propósito”, señaló Acosta, quien conoció a Scherer en la UNAM y posteriormente como reportero de Proceso desde hace 32 años. El reportero especializado en finanzas, economía y empresas se refirió en particular a aquellos libros en los que Scherer se retrata como un personaje de carne y hueso, y escribe sobre detalles de su vida “que nunca hubiéramos imaginado” frente al periodista recio y jefe riguroso que fue, como un episodio del joven Scherer incursionando a una zona roja o ese hombre amoroso ante la enfermedad de su mujer. Cerró el homenaje Rafael Rodríguez Castañeda, con la lectura de un texto que escribió a propósito de Julio Scherer como autor de libros, la forma de vida que siguió a su salida como director de Proceso y en la que, una vez más, fue reportero obsesivo por los hombres y las mujeres del poder, así como con aquéllos tras las rejas, adentrándose en las cárceles mexicanas para escuchar sus historias. “De los temas de sus libros surgen, naturales, las preguntas. ¿Por qué le atraían las cárceles, los presos, los perseguidos, los antisociales, los corruptos, los torturadores? Siempre argumentaba, y en eso coincidía con Vicente Leñero en las muchas conversaciones de las que sus compañeros pudimos disfrutar: los malos son mejores que los buenos, o por lo menos, son menos aburridos”, dijo Rodríguez Castañeda. Salinas y su imperio, Cárceles, Máxima seguridad, La Reina del Pacífico: es la hora de contar, fueron algunos de los 18 libros que escribió Scherer después de 1996, año en el que decidió, junto con Vicente Leñero, dejar la dirección y la subdirección de Proceso, respectivamente, aunque nunca dejó de acudir a Fresas 13. Para Rodríguez Castañeda, fue Parte de Guerra.- Tlatelolco 1968 (Aguilar, 1999), escrito en coautoría con Carlos Monsiváis, “el que mostró el reportero en su más pura esencia”. “En ese caso –recordó–, me dio la oportunidad de seguir paso a paso sus esfuerzos por conseguir lo que parecía inalcanzable: documentos originales del general Marcelino García Barragán sobre la Noche de Tlatelolco, documentos que muestran la operación del estado mayor presidencial para terminar a sangre y fuego el mitin del 2 de octubre, con las consecuencias cuyo saldo final aún está pendiente de conocerse”. La muerte del fundador de Proceso marcó el fin de una relación humana y profesional de más de 40 años, que “quizás algún día” será leída en una autobiografía, para la cual Rodríguez Castañeda dijo tener un posible título: “Mis años con Julio Scherer”.

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