Los Mazos: Reclutan para asaltar

domingo, 25 de febrero de 2018
El asalto a una joyería, el martes 6, en el balneario uruguayo de Punta del Este –atraco capturado en video– se volvió viral en los medios informativos de internet, sobre todo los de Uruguay y también de México, país de origen de los delincuentes. Los Mazos es el nombre que se le dio a la banda de ladrones –aparentemente dirigida desde territorio mexicano por personas aún no identificadas–, que la policía local pudo capturar en pocos días, y que, al parecer, ya ha actuado en otros países del continente. PUNTA DEL ESTE, Uruguay (Proceso).- A las 20:22 del pasado martes 6, Philippe Pezeshknejad, responsable comercial de la joyería Sensation du Temps, estaba sentado en un sofá beige, en medio del negocio. Su única preocupación parecía ser contestar mensajes de WhatsApp. Un minuto después la calma en el primer piso del hotel Enjoy Conrad, de esta localidad, desapareció. A las 20:23 horas Pezeshknejad vio entrar a toda prisa a un hombre que llevaba un marro en la mano, usaba tapabocas y que le gritó: “¡Tírate al piso, tírate al piso, tírate al piso!”, pero él, presa del nerviosismo, no obedeció. Le contestó, también por triplicado: “¡Tranquilo, tranquilo, tranquilo!”, y vio que detrás del primero entraba un intruso más, y atrás de él, otro. Intentó calmar a los maleantes y uno de ellos le apuntó con un arma. Entonces corrió y, aprovechando su corpulencia, empujó a dos de ellos. Un par de minutos antes, los asaltantes –13 mexicanos– habían ingresado al hotel por la puerta trasera, la que da al bulevar Artigas. Redujeron a un guardia de seguridad al que le quitaron el radio de comunicación interna, y siguieron rumbo a la joyería. El decimocuarto los esperaba afuera, como chofer de una camioneta que habían comprado días antes en Montevideo. Todos los asaltantes llevaban tapabocas de hospital y portaban mazos, recuerda Pezeshknejad en entrevista. Philippe corrió a buscar la asistencia de algún guardia de seguridad de ese hotel de cinco estrellas. No tuvo tiempo de presionar el botón de pánico. Mientras los ladrones entraban al hotel, un empleado que monitoreaba las cámaras dio la alarma. Así se inició el protocolo de seguridad. Los 13 delincuentes mexicanos –quienes usaron los mazos para romper los vidrios de los exhibidores– robaron relojes y joyas en una operación que les tomó tres minutos. La policía apenas tardó un minuto y medio en llegar hasta la zona; los uniformados hubieran podido, incluso, enfrentarse a los ladrones dentro del hotel, antes de que emprendieran la retirada, pero descartaron la idea. “Imaginate el riesgo que hubiera sido. Podría haber disparos, toma de rehenes, heridos... Los dejamos ir pero actuamos de inmediato”, dice a Proceso el jefe de la Policía de Maldonado, Erode Ruiz. El jefe policiaco de esa localidad –donde está Punta del Este– se jacta de un operativo exitoso y sin precedente en Uruguay. El lunes 12 ya eran 14 las personas capturadas e indiciadas por la Fiscalía de Uruguay, por el delito de rapiña especialmente agravada y una más por encubrimiento. Por si fuera poco, no sólo lograron detener y poner a disposición de la justicia a casi la totalidad de la banda criminal –Ruiz supone que aún hay un par de prófugos–, sino que se recuperó todo el botín, valuado en unos 3 millones de dólares. La banda, conocida ya como Los Mazos –y cuyos integrantes presuntamente provienen de la Ciudad de México–, recibió un verdadero mazazo. La cacería Los integrantes de Los Mazos llegaron a Uruguay entre el sábado 3 y el lunes 5, y se alojaron en los hoteles Colonial, San Car, Los Pinos e Isla Gorriti, de Maldonado y su localidad conurbada: Punta del Este. La Policía de Maldonado, que detuvo a tres de los asaltantes menos de una hora después del atraco, descubrió que el epicentro de sus movimientos era la Plaza México, a 300 metros del Enjoy Conrad. Fue en esa plaza donde los delincuentes se reunieron antes de partir hacia la joyería: en el lugar, el cabecilla repartió mazos y mochilas. La plaza está a dos cuadras de donde dejaron abandonada la camioneta Asia Towner azul, modelo 98, que a finales de enero le compraron a una mujer del barrio Peñarol de Montevideo por 5 mil dólares, algo más de lo que valía. El mexicano que llegó a la capital uruguaya para adquirir la camioneta se fue del país antes del golpe del martes 6. Otro de los asaltantes estaba alojado la noche del martes 6 en un hotel de Punta del Este. Escapó cuando vio que llegaba la policía, pero fue detenido cuando huía. La policía –siguiendo los datos que había reunido a partir de los interrogatorios a los primeros capturados– fue hasta otro hotel en busca de uno más de los ladrones. Ahí le dijeron a los uniformados que el huésped mexicano acababa de salir rumbo a la terminal de autobuses. Allá lo capturaron. Otros cuatro lograron tomar un autobús hacia Montevideo. Gracias a las cámaras de vigilancia, la policía los vio abordar el vehículo, pero optó por no detenerlos en el camino, para evitar un enfrentamiento. Cuando esos cuatro llegaron a la terminal de Tres Cruces, en la capital uruguaya, fueron aprehendidos. Hasta la madrugada del miércoles 7 ya habían sido capturados nueve de los ladrones, pero ninguno tenía las joyas robadas. Durante unos minutos el botín, repartido en varias mochilas, estuvo tirado en el jardín de una casa, donde uno de los cabecillas de la banda pasó a recogerlo. Los detenidos –cuyos nombres no pueden ser revelados, según la legislación de Uruguay, por ser primo delincuentes en ese país– confesaron ante la Fiscalía que quien les daba las órdenes los reunió apenas unos minutos antes del robo para asignar tareas: uno debía ir a la vitrina del fondo, otro hacia la derecha, otro hacia la izquierda, otro debía encontrar “un collar de colores” que él ya había divisado en una visita. La orden para huir de la joyería era “Let’s go!”. “No dijeron para quiénes trabajan, sólo se limitaron a decir que fueron contactados en la Ciudad de México, pero no dieron nombres, apellidos ni direcciones”, explica a este semanario la fiscal encargada del caso, Sabrina Flores. “Aseguraron que no sabían cómo volverían a su país. Debían esperar indicaciones”. Casi 24 horas después, en la noche del miércoles 7, la policía detuvo a tres ladrones más en el puerto de Colonia, cuando intentaban cruzar el Río de la Plata hacia Buenos Aires. Sólo uno de ellos era requerido por la justicia –fue plenamente identificado por los videos de vigilancia del hotel Conrad–, pero los otros dos quedaron implicados cuando le requisaron el celular al sospechoso y ahí tenía selfies con los otros dos, tomadas minutos después del robo. Éstos, como la mayoría de los otros miembros de la banda, tienen entre 20 y 23 años. Cargaban mochilas con ropa, pero le indicaron a las autoridades un lugar de Punta del Este donde tenían algunas pertenencias. La policía requisó entonces prendas de vestir, dos de los relojes robados y armas de aire comprimido, compradas en el supermercado Tienda Inglesa, y con las que habían amenazado a Pezeshknejad. La pareja El viernes 9 los agentes policiacos realizaron un operativo a cargo de Erode Ruiz. Detuvieron a otros dos mexicanos a quienes siguieron a su refugio: un departamento en el edificio Camaro, en la calle En Familia esquina M’hijo el Dotor (sic), en el barrio Aidy, de Punta del Este. Allí recuperaron todo el botín. El propietario del edificio contó a los policías que desde el 31 de enero había rentado el departamento a un hombre de 34 años y a una mujer de 22 –identificada como la compradora de las armas de aire comprimido–, quienes pagaron el alquiler al contado y tenían “acento español”. Ese edificio está en el trayecto que usaron los mexicanos para escapar del Conrad; cuando los delincuentes huían de ese hotel, el chofer se guió por un croquis que le indicaba el camino a seguir, según publicó el diario El País citando fuentes policiacas. Debían pasar por el edificio Camaro, donde la joven de 22 se quedaría con las mochilas que contenían el botín. Uno de los ladrones debía arrojar en un bote de basura dos de las armas de aire comprimido. El hombre de 34, considerado un mando medio de la organización, y la muchacha fueron enviados de inmediato a la cárcel Las Rosas, para luego ser trasladados a otra prisión, como los demás detenidos. Ese hombre ya había despertado las sospechas de la policía: cuando ingresó al país, el lunes 5, se le encontraron unas 40 playeras negras. Entonces dijo que eran regalos para unos amigos. Cuando la policía llegó al departamento detuvo a la pareja de mexicanos. Ahí encontró 187 relojes y una enorme cantidad de anillos y alhajas. En total, unas 300 piezas, con valor estimado en unos 3 millones de dólares. “Esa misma tarde nos llamaron y nos devolvieron la mercancía robada. Claro que las piezas no estaban en las mejores condiciones y así no pueden ser vendidas, pero estaba prácticamente todo… Por suerte tenemos un gran apoyo de las fábricas, que entendieron la situación”, dice Pezeshknejad. La muchacha confesó que debía quedarse con las joyas hasta entregárselas a una mujer de 49 años, la noche de ese viernes 9. Ésta, quien quedaría al cuidado del botín y al frente de la operación, fue detenida en el Aeropuerto Internacional de Carrasco cuando estaba a punto de abandonar el país. El fiscal Rodrigo Morosoli, subrogante de Sabrina Flores, pidió prisión preventiva de 90 días para ella, por encubrimiento. Finalmente sólo le dieron un mes de cárcel. Ruiz cree que esta mujer fue enviada para liderar el operativo y hacerse cargo de las joyas robadas. Primero se hospedó en un hotel de Montevideo y ahí recibió un mensaje desde México: “Regresa enseguida”. Debía trasladarse a Punta del Este, pero dejó el hotel montevideano antes de tiempo y se apresuró a encontrar asiento en algún vuelo a la Ciudad de México. “Eso la delató. Estaba muy nerviosa. Su desesperación en el aeropuerto despertó las sospechas de los guardias y la detuvieron”, contó Ruiz. Finalmente, el lunes 12 fue detenida una pareja más –la cuenta llegó así a 15 detenidos– cuando pretendía abandonar el país hacia Argentina desde la ciudad de Colonia. La policía presumía que la mujer era quien había comprado las armas en un supermercado local. Pero luego de interrogarlos, el fiscal Morosoli entendió que no había pruebas fehacientes de la participación de ambos, y que la mujer no era la que estaban buscando. La policía y la Fiscalía estiman que hay dos involucrados más, aún prófugos. “Modus operandi” Luego de que la noticia del asalto a la joyería recorriera los portales de noticias, y de que la fiscal Flores comenzara las audiencias previas a la formalización de la investigación, se supo que cuatro de los detenidos tenían pedido de captura en Costa Rica, por robo a otras joyerías en idéntica modalidad delictiva. La banda, presuntamente formada en 2010 en la Ciudad de México, ya había operado en diversas partes del territorio mexicano, así como en Canadá y Costa Rica. El robo en Uruguay sería su tercer golpe internacional y para ello comenzaron a planificar el atraco hacía varios meses. Por lo menos desde octubre, estiman las autoridades policiales. El modus operandi se repetía: ingresar rápidamente, armados con mazos y con el rostro tapado; sus integrantes se dividen las tareas y priorizan el robo de las piezas más caras, para luego –sin violencia– retirarse a bordo de un auto robado, dejado a pocas cuadras del lugar. En este caso el vehículo no fue robado, sino comprado; además nunca contaron con un cómplice nativo del lugar. Los líderes siempre se quedan en México y contratan a entre 15 y 20 nuevos delincuentes para cada operación. Flores, al frente de la investigación judicial en Uruguay, entrevistó a los detenidos. Todos afirmaron no conocer la identidad de sus jefes ni saber las tareas asignadas a los otros miembros de la banda. Algunos dijeron que les habían prometido 100 mil pesos mexicanos, otros que 70 mil y otros más afortunados o crédulos esperaban cobrar 500 mil pesos. “Algunos dijeron que vinieron coaccionados porque tenían deudas en México y con este golpe las saldarían; otros dijeron que les habían mostrado fotos de familiares, a quienes tenían amenazados. Uno dijo que esperaba que le dieran un trabajo formal acá. Y también hubo uno que dijo que creía que venía de paseo, a la playa”, narra Flores a Proceso. El episodio criminal tuvo incluso ribetes de comicidad. Una mexicana, llamada Trinidad, esposa de uno de los maleantes reclutados, dijo a la radio de Maldonado FM Gente que su marido era “una persona de trabajo y de familia”. Afirmó que su esposo no tiene antecedentes penales, que su padre tiene “un puesto en el mercado de Sonora y él le ayudaba con eso”. Ella pensó que se había ido de vacaciones con amigos a Uruguay, y se desengañó de todo al verlo en televisión. “Su papá no lo encontraba. Yo le avisé ayer (jueves 8) en la mañana. A mí me dijeron que mi esposo estaba detenido en Uruguay”, comentó. Ella se enteró de la noticia por una amiga, que le preguntó, mirando el noticiero, si el que estaba en pantalla era su marido. Ella asintió. “Reconocí su ropa y le dije que sí, y que también reconocía a un muchacho que iba de espaldas. Y le dije a mi amiga: ‘Ese es Alexis’”. “Si pudiera escucharme, le diría a mi esposo que le eche ganas, que aquí lo estaremos esperando, que su familia lo ama, lo quiere. Él sabe que nunca tuvo la necesidad de hacer cosas feas y que lo vamos a esperar hasta que regrese”, sostiene Trinidad en entrevista telefónica. Para Erode Ruiz, los delincuentes no actuaron “de forma alocada”, como escuchó decir. Comparte con Flores la tesis de que los ladrones fueron muy organizados y disciplinados: “Se notó que había mucha planificación. Lo que pasa es que fuimos más inteligentes que ellos. Creo que subestimaron a la Policía uruguaya y también a la seguridad del Conrad. Este reportaje se publicó el 18 de febrero de 2018 en la edición 2155 de la revista Proceso.

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