Monsiváis y sus contemporáneos

sábado, 17 de marzo de 2018
Aparece ya el catálogo de la muestra cuyo título encabeza esta entrevista con el curador Francisco Vidargas, documento singular por varias razones, entre ellas porque aumenta los materiales de la exposición, como la copia de los cuadernillos para los programas de Radio UNAM en 1963. La edición, impecable, registra las diversas facetas de Carlos Monsiváis a través de una rigurosa investigación. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De julio de 2017 a enero pasado, el Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis presentó la exposición Monsiváis y sus contemporáneos, curada por el investigador del arte Francisco Vidargas, cuyo catálogo acaba de editarse con algunas sorpresas que no se consiguieron a tiempo para la muestra y enriquecen ahora la publicación. Entre ellas un cuadernillo encartado que da cuenta de la participación del escritor en la producción de diversos programas radiofónicos para Radio UNAM como Entre libros, realizado conjuntamente con Rosario Castellanos y José Emilio Pacheco; El cine y la crítica, con Nancy Cárdenas; Panorama del jazz y Jazz en la cultura, con Juan López Moctezuma; Nueva ficción y La hora de los niños. “Sí, Carlos Monsiváis para niños”, refrenda Vidargas al hablar del libro-catálogo, que en nada se parece a las lujosas ediciones que hacen otros museos acerca de sus exposiciones. Éste, de 189 páginas, pasó del papel couché y las ilustraciones multicolores, al reciclado y una impresión en tono azulado, casi grisáceo. Sólo unas cuantas páginas a color, en las cuales se reproducen algunas de los cientos de obras que coleccionó el escritor y periodista. Tanto en la exposición como en el libro, el curador tuvo como propósito presentar la faceta de promotor cultural de varios proyectos del autor de la afamada columna “Por mi Madre, Bohemios” y libros como Escenas de pudor y liviandad y Días de guardar (éste sobre el movimiento de 1968). “No podía obviar su pasión como coleccionista y la creación del Museo del Estanquillo… lo expongo brevemente porque ya se ha hablado mucho, pero quería destacar qué lega a la ciudad. Siempre lo encajonamos como ‘el cronista’ y nunca lo imaginamos en Harvard dando conferencias en guayabera, o en su estancia en Inglaterra, donde estuvo becado entre 1970 y 1972.” Lo relata así en el texto del catálogo: “Carlos Monsiváis (1938-2010) es reconocido ampliamente como cronista de la Ciudad de México, militante de innumerables de causas justas (y otras perdidas, ‘inevitables en la era neoliberal’) y referente indiscutible en los ámbitos político, social y de la cultura popular. Sin embargo, también fue un activo participante y tenaz promotor de obras y empresas culturales, literarias y artísticas y un destacado renovador de la escritura a través de la ‘inteligencia, el humor y la cólera’.” Va relatando su vida desde que se mudó del barrio de la Merced a la colonia Portales (como el propio escritor lo consignó en su juvenil Autobiografía), su protestantismo y formación a través de la Biblia, su paso por la Escuela Nacional Preparatoria y sus fallidos estudios por la Escuela de Economía y la carrera de Letras Hispánicas, donde tuvo como uno de sus profesores a Sergio Fernández. Luego su preparación política, aunque –aclara Vidargas– el volumen no se centra en ella. Pródigo en imágenes, el catálogo muestra, como lo hizo la exposición en su momento, las relaciones que estableció con sus contemporáneos escritores, intelectuales, periodistas y miembros de la farándula. En las primeras páginas, la famosa fotografía con sus dos entrañables amigos, jovencísimos, José Emilio Pacheco y Sergio Pitol. Le siguen otras en las que aparece junto a Chavela Vargas, en el Seminario de Estudios de Historia del Instituto Nacional de Antropología e Historia, del cual fue investigador. Se incluye una imagen, la última en la cual aparece junto a Pitol, tomada por María Luisa Severiano, el 16 de julio de 2006, durante el plantón en Paseo de la Reforma en apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Y viene una cita del escritor poblano: “Nuestra amistad no se ha reducido a hablar de libros, hemos participado en muchas peripecias políticas, nos hemos reído de la tontería, el medio pelo y sobre todo el engolamiento que caracteriza a muchos de nuestros conocidos (…) lo que nos granjeó muchas enemistades.” Igual aparece con Gabriel Figueroa y Manuel Álvarez Bravo, María Félix, Juan Gabriel, Eduardo del Río Rius, Salvador Novo, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Fernando Benítez y Octavio Paz, entre muchos otros. Junto al Nobel, a manera de pie de foto, se transcriben sus palabras: “Es vastísimo el aprecio a la obra de Octavio Paz y sus aportaciones a la democracia, y las discrepancias, por numerosas y significativas que sean no impiden la continuidad ya sin fracturas del diálogo abierto entre sus páginas.” Polémica con Paz A finales de 1977 y principios de 1978, Paz tuvo un debate con Monsiváis en estas páginas, tras la publicación de una entrevista de su fundador Julio Scherer García al poeta, el cual escribió: “En el número 59 de Proceso aparece un artículo de Carlos Monsiváis en el que para emplear sus palabras, ‘consigna sus desacuerdos’ con mis opiniones. Me alegra que al fin abandone la murmuración y se decida por la discusión abierta. Procuraré responderle con brevedad. No será fácil. Si mi pecado es ‘la manía generalizadora’, el suyo es el discurso deshilvanado, hecho de afirmaciones y negaciones sueltas. Monsiváis no es un hombre de ideas, sino de ocurrencias (…).” A decir de Vidargas no debería sorprender el debate entre dos intelectuales mexicanos de ese nivel. Recuerda, sin embargo, que en su momento “hubo quienes opinaron que Carlos se aprovechó de las polémicas con Paz para crecer, y obvio no era así, Carlos ya tenía su camino andado y Paz tampoco lo consideró así. “Hubo momentos álgidos entre ellos, debatieron ideas, era lo que hacían los grandes intelectuales en ese tiempo, y ahora hemos perdido mucho eso. Don Edmundo O’Gorman siempre instigó a sus alumnos a pensar, a discernir y a discutir las ideas, eso no quería decir que estuvieras pensando en ahorcar a tu interlocutor, Paz y Monsiváis fue lo que hicieron.” Recuerda que en los años sesenta Monsiváis hizo a Paz una entrevista publicada en la Revista de la Universidad. Es muestra de que la relación entre ambos fue permanente, con altibajos y diferencias, pero “de respeto mutuo, qué mejor ejemplo que el libro de Paz que le dedicó a Carlos reconociendo su gran pensamiento intelectual, la dedicatoria no aparece en el libro pero sí estuvo en la exposición”. Es la siguiente: “A Carlos, la inteligencia es benévola y sabe leer y perdonar, con afecto y real amistad.” La edición recupera también una versión de los años setenta de “Por mi Madre, Bohemios”, a la cual Vidargas considera junto con “Inventario” de José Emilio Pacheco, las columnas más longevas en el ámbito cultural mexicano. Recuerda que la de Monsiváis comenzó en 1968 cuando hacía parodia de las frases que los políticos hacían sobre el movimiento estudiantil. “Luego se va a Inglaterra becado y al regresar en 1972 se incorpora al suplemento La cultura en México, dirigido por Fernando Benítez, donde ya empieza a aparecer formalmente Por mi Madre, Bohemios.” Tuvo una segunda época en el diario La Jornada, donde la hacía con Alejandro Brito. Y posteriormente, en Proceso, con Jenaro Villamil, la cual quedó consignada en la exposición en El Estanquillo. –No obstante la misma longevidad, hubo diferencias entre “Inventario” y la columna de Monsiváis, ¿no es así? –¡Claro! Lo de Carlos era eminentemente político, una parodia política que a él se le daba estupendamente. En cuanto a José Emilio sigo sosteniendo la frase que le dije al semanario cuando murió: el “Inventario” es como lo que hizo Jorge Luis Borges en su momento en periódicos y revistas: una gran enciclopedia. Es una de las aventuras literarias más importantes que hay en Latinoamérica. “Uso el paralelismo porque la exposición se refirió a Carlos, sus empresas culturales, y casi todo el tiempo, salvo momentos específicos, por temas personales, siempre fue de la mano con sus contemporáneos, sobre todo con José Emilio.” Concluye que el libro no es un estudio académico. La investigación se hizo para la exposición, que tampoco es total, “pero sí con temas relevantes”, y con quienes compartió una época. Este texto se publicó el 11 de marzo de 2018 en la edición 2158 de la revista Proceso.

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