Desnutrición y covid-19, mezcla letal para la Sierra Tarahumara

jueves, 15 de octubre de 2020 · 06:56
Una de las zonas de mayor vulnerabilidad en el país está en riesgo frente a la tercera fase tardía de coronavirus. La crisis alimenticia severa que padecen las comunidades indígenas de Chihuahua empeoró desde finales del año pasado. Y ahora, en combinación con las añejas deficiencias en la atención médica, el rezago socioeconómico y una sequía atípica que azota a la entidad, se constituye en un factor que amenaza con agravar las consecuencias de la pandemia. CIUDAD DE MÉXICO (proceso).- Los índices de desnutrición en la Sierra Tarahumara vulneran la salud de sus habitantes frente a la pandemia de covid-19, principalmente en las comunidades indígenas, debido al rezago socioeconómico en el que éstas han vivido durante décadas. De acuerdo con el Índice de vulnerabilidad a nivel municipal en México ante covid-19, realizado por la Universidad Nacional Autónoma de México, la situación demográfica coloca a la Sierra Tarahumara entre las ocho zonas de vulneración crítica del país en el contexto de la epidemia del coronavirus, por lo que podría sufrir las consecuencias de la tercera fase tardía de la enfermedad. Chihuahua registró en el año 2019 alrededor de 4 mil casos de desnutrición, según la Dirección de Epidemiología de la Secretaría de Salud federal.
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Por desnutrición severa se registraron 298 casos, 139 en hombres y 159 en mujeres, así como 627 de desnutrición moderada. El número de desnutrición leve fue de más de 2 mil casos, alrededor de nueve diarios y 55% se registró en mujeres. Hasta ahora, los contagios de covid-19 en la Tarahumara no representan un número considerable, pero van en aumento. Son casi 300 casos con 20 decesos, hasta el miércoles pasado. La desnutrición en la Tarahumara se ha convertido en un problema crónico debido a la falta de acceso a la atención médica, principalmente porque el sistema hospitalario y de salud no ha sido adecuado a la cultura de las etnias indígenas rarámuri, tepehuana, ódami y pima. Por eso, cuando las autoridades federales advirtieron que la población debía aislarse para prevenir contagios por coronavirus, en las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara les sonó hueco. Son poblaciones étnicas seminómadas que están acostumbradas al aislamiento. Sus comunidades son de pocas familias y recorren distancias kilométricas. El confinamiento por la pandemia coincidió con la Semana Santa, cuando inicia el ciclo anual para los indígenas de la Sierra Madre Occidental. Esas fechas son fundamentales para las reuniones y los rituales, que consisten en ofrecer a Onorúame (dios) el ciclo agrícola y pedir el cuidado de sus animales y del bosque. Fragmento del reportaje publicado en la edición 2293 del semanario Proceso, cuya versión digital puedes adquirir aquí.