“El gesticulador”

MÉXICO, D.F., 23 de julio (Proceso).- Rodolfo Usigli escribió El gesticulador en 1938 y nueve años después se llevó a escena, siendo inmediatamente censurada a través de Salvador Novo, entonces director de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Molesta ver reflejados a nuestros políticos mexicanos en la corrupción, la mentira y el asesinato que practican para conservar y aumentar su poder. Pero la censura fue desde antes, cuando Usigli, como lo comenta en su epílogo a la obra, propuso durante varios años su montaje y fue rechazada, pese a su gran calidad. Él mismo señalaba que “la verdad puede fascinar, y no existe un vértigo comparable a la que ella produce… deseo y miedo a la vez de dejarse caer”. La verdad no es fácil de ver en teatro, pues la idea del teatro como un mero divertimento ha permeado nuestra cultura.

El gesticulador es la obra más representada de Rodolfo Usigli y ahora podemos verla en escena bajo la dirección de Antonio Crestani. Con ella se inauguró el Foro Cultural Chapultepec, comprometido a llevar obras de teatro de autores mexicanos.

El gesticulador atenta contra los principios que rigen las esferas del poder, y a pesar de que muestra el fingimiento posrevolucionario de los políticos, es de total actualidad. César Rubio, el protagonista, inicia con una mentira individual, ser aquel caudillo desaparecido de la Revolución, para después convertirla en una verdad colectiva que él mismo asume. El contexto de César Rubio, un maestro universitario, es su ámbito familiar, donde su mujer es pasiva frente a los acontecimientos y su hijo lo cuestiona hasta el final pues cree sinceramente en el imperio de la verdad. Se rodea de políticos que siguen la farsa y se enfrenta a su antagonista, el candidato a presidente municipal, que conoce mejor que él las reglas corruptas del juego.

El reparto de la actual puesta en escena es encabezado por Juan Ferrara, interpretando con aplomo y naturalidad a César Rubio. Su mujer, la actriz Verónica Langer, quien también forma parte del elenco de la Compañía Nacional de Teatro, representa con verosimilitud a la esposa sometida, tal vez exagerando el aspecto en su manejo corporal, que no es capaz de mantener sus opiniones y estar a la altura de lo que exige la situación. José María Mantilla es el hijo, y actúa, aunque de manera irregular, el conflicto sentimental y de principios frente a su padre. La hija es Damayati Quintanar, quien reiteradamente expresa su conflicto de no ser bonita, lo cual contradice a la bella actriz. Joaquín Garrido es un sólido antagonista, al igual que el investigador universitario interpretado por Julián Pastor. De los diputados y políticos que secundan a César Rubio, dirigidos acertadamente en tono fársico, resalta la interpretación de Jorge Ávalos.

La puesta de Crestani es un claro reconocimiento a la dramaturgia de Usigli, y a pesar de la fallida escenografía que no corresponde en nada con la obra, nos permite apreciar la calidad dramática de El gesticulador y su completa contemporaneidad.

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