Cine: Gimme The Power

MÉXICO, D.F. (Proceso).- En la entrevista para Proceso (1856) al director y guionista de Gimme the Power’ (México, 2012), Columba Vértiz formuló la pregunta clave de la que depende la coherencia de la propuesta de este ambicioso documental: “¿Por qué escoge a Molotov para representar al país?”

En su respuesta, Olallo Rubio, el legendario locutor de Radioactivo 98.5, es consciente de la intención meramente provocadora del arranque de esta banda de rock en 1995 y de la falta de propósito político definido; pero afirma que sus canciones trascendieron.

La intención de Olallo es presentar a Molotov como un grupo de rock mexicano auténticamente contestatario cuyo éxito no depende del oportunismo social, a diferencia de otras bandas. Por medio de imágenes de archivo, el documental muestra una crónica del poder desde la época de Porfirio Díaz, la entronización del PRI pasando por los delirios de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo, hasta la decepción del PAN. El recorrido histórico se centra en acontecimientos clave, Lucio Cabañas, la matanza de Tlatelolco y el halconazo.

Víctima directa de la represión del gobierno mexicano es la juventud, el rock mexicano se anclaría en tres fracturas claves, el movimiento del 68, el Festival de Avándaro de 1971 y la censura al rock a lo largo de 15 años que propiciaron el nacimiento del rock underground.

La voluntad política del director es clara, advertir a los jóvenes contra el riesgo de votar por el PRI; el manifiesto político, por así decirlo, es Molotov, banda de cuatro músicos que no tienen pelos en la lengua, capaces de cantar Chinga tu madre y Puto, fenómeno, se quiera o no, único en la historia de la música popular y de las letras en México. Las letras del grupo no pueden ser otra cosa más que políticas, “la policía te está extorsionando… dale gracias al regente”; según puede apreciarse y según comentan algunos de los especialistas de rock entrevistados a lo largo del largometraje, el talento de estos cuatro músicos es grande; su proyección internacional, más amplia de lo que podría pensarse, como muestra uno de sus conciertos en Rusia donde los jóvenes se saben las letras de las canciones del grupo en español.

Habrá sido la claridad del propósito, instruir a los jóvenes, principales adeptos del grupo, lo que le sugirió a Olallo Rubio el tono didáctico de la narración; la consecuencia es un prólogo demasiado largo para un documental de rock centrado en un grupo que condensa, por sí mismo, la fuerza contestaría de este género musical, el hartazgo de una clase, la media, vapuleada y traicionada por el poder (PRI, PAN) que apoyó durante décadas. La marginalidad, el albur, la fuerza de las palabras, el odio a la corrupción, les llega de abajo.

Lo que Molotov simboliza, en realidad, es la ruptura política, quizá definitiva, de la clase media con su gobierno. Gimme the Power no es consciente de esto, pero lo trasluce por todos lados; en la presentación del mito de esta formidable banda de rock se intenta construir un nuevo mito de la clase media mexicana.

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