Miembro del Consejo Episcopal de Guatemala desconfía del plan Frontera Sur de Peña

Gladys, una menor guatemalteca, en espera de un tren en Reforma de Pineda, Chiapas. Foto: AP / Rebecca Blackwell Gladys, una menor guatemalteca, en espera de un tren en Reforma de Pineda, Chiapas. Foto: AP / Rebecca Blackwell

MÉXICO, D.F. (apro).- Si bien el pastor de Movilidad Humana y miembro del Consejo Episcopal de Guatemala, monseñor Álvaro Ramazzini Imeri, aplaudió la decisión tomada por el gobierno mexicano de otorgar visas de 72 horas –geográficamente limitadas– a los guatemaltecos fronterizos con México, compartió hoy sus temores con respecto al Plan Frontera Sur, que promueve Enrique Peña Nieto como un plan para “ordenar los flujos migratorios”.

Durante su participación en una de las mesas de discusión del coloquio “México-Santa Sede sobre Migración Internacional”, el sacerdote aseguró que “siempre existe un sentimiento de desconfianza. Ojalá el programa no se convierta en algo más restrictivo, en lugar de seguir hacia la apertura de la frontera a migrantes indocumentados”.

El guatemalteco recordó que sin las remesas de los trabajadores en Estados Unidos, la economía de su país hubiera colapsado. Asimismo, evocó la importancia para muchas familias guatemaltecas de los trabajadores fronterizos que laboran en las fincas de café de Chiapas o como trabajadores domésticos en Tapachula.

“Hemos logrado que se faciliten los derechos de estos trabajadores, ya que no siempre se les trata bien”, lamentó Ramazzini Imeri.

Según Javier Díaz de León, cónsul de México en la ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, la gran mayoría de los migrantes mexicanos radicados en Estados Unidos no volverán a sus países de origen.

“Nueve de cada diez dicen que regresarán, pero en realidad no lo harán: Sus hijos están allá, su futuro está allá, sus comunidades les necesitan allá, no importa que se sientan orgullosos de ser mexicanos”, añadió el diplomático.

Resulta muy importante, aseveró, ayudar a los migrantes a integrarse en sus comunidades de acogida en Estados Unidos para que terminen apoderándose. “Si sólo les clavamos en mirar hacia aquí, les condenamos a seguir marginados”, observó.

Lo importante para los países de origen, abundó, es que los migrantes consigan mejores condiciones de vida. “Si eso significa que estas mejoras se encuentran allá, son más beneficios para nosotros: Representan socios potenciales con México, consumidores de nuestros productos y son fuentes de desarrollo”.

Díaz de León explicó que las remesas siguen aportando dinero destinado a financiar la infraestructura que los responsables públicos no construyeron. Pero observó como un nuevo modelo las “remesas productivas” mediante las cuales el dinero es utilizado por los familiares en la creación de pequeñas empresas.

Luego, llamó al gobierno a incentivar dicho modelo para volverse “socio de los migrantes” a través de incentivos fiscales y legislativos.

Sin embargo, según Álvaro Ramazzini Imeri, la situación de los guatemaltecos es diferente: Viajan a Estados Unidos en búsqueda de un empleo que ocuparán algunos años y luego volverán a su país. Por ello “resulta necesario fomentar el otorgamiento de visas temporales de trabajo”, aseveró.

Dignidad

Al terminar la ponencia del coloquio, el canciller de la Pontifica Academia de Ciencias Sociales, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, estipuló que la dignidad de los migrantes “no procede del nivel económico, de su filiación política, de su nivel educativo, de su pertenencia étnica, de su estatus migratorio o convicción religiosa”, en eco a las palabras que pronunció más temprano del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede.

Éste aseveró que “cada día nos llegan nuevas noticias del ingente número de personas que en el mundo deben salir de su tierra entre situaciones lacerantes de sufrimiento y dolor. Las causas son siempre las mismas: La violación de los derechos humanos más elementales, la violencia, la falta de seguridad, las guerras, el desempleo y la miseria”.

Asimismo, lamentó que si bien las naciones desarrolladas en el punto de vista económico y social deben gran parte de su desarrollo a la migración, varias de éstas tratan a los migrantes con prejuicios, como sujetos peligrosos o dañinos.

“Hay ocasiones en las que el criterio puesto en práctica es el de procurar el máximo rendimiento del trabajador migrante, sin mirar a la persona”, deploró.

Parolin se alarmó ante el crecimiento “exponencial” del número de niños migrantes, que huyen de la pobreza o buscan reunirse con sus padres en el otro lado de la frontera. Por ello, exhortó: “Es urgente protegerlos y asistirlos, pues su debilidad es mayor e, indefensos, están al albur de cualquier abuso o desgracia”.

El propio Papa Francisco mandó una carta para celebrar la organización del coloquio, en la que denunció que “a pesar del gran flujo de migrantes que se da en todos los continentes y en casi todos los países, la emigración es todavía vista como una ‘emergencia’ o como un hecho puntual y esporádico”.

Anfitrión del coloquio, el canciller mexicano, José Meade Kuribeña, recordó en el discurso inaugural que durante el mundial de futbol de Brasil, que se acabó el domingo pasado, participaron más de 80 jugadores naturalizados mientras que 110 llevaban más de una nacionalidad.

Imeri, también director del albergue de migrantes en San Marcos, se preguntó: “¿Por qué será tan fácil para los jugadores de futbol conseguir una visa de ingreso a un país?”. Y murmuró: “Solamente nos divierte un rato”.

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