Lenny Kravitz, derroche de seducción y unidad

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- El carisma y la seducción del neoyorkino Lenny Kravitz cubrieron expansivamente la noche de ayer a la Arena Ciudad de México, la cual vibró con pasiones desbordadas como parte de su gira Raise Vibration World Tour.

Altas dosis de rock, funk y fusiones, se sintieron a eso de las 22:06 horas cuando apareció el cantante, actor, compositor, multi instrumentista y productor Leonard Albert, mejor conocido como Lenny Kravitz, oriundo de Manhattan, donde nació el 26 de mayo de 1964.

El afroamericano Kravitz emergió vestido de pantalón negro, chaleco de red cubierto de un pechero dorado, además de gafas oscuras.

Fly Away y Dig In, así como la salutación “¡Hola Ciudad de México, es un placer estar aquí porque ustedes siempre están en mi corazón”, exaltaron el furor popular tras 13 años de ausencia en nuestro país, mientras Kravitz relucía su fornida figura y peculiar cabellera afro, al tiempo que alzaba su mano con el signo de amor y paz.

Una portentosa estructura metálica cobijó al guitarrista y actor en la Arena CDMX, recinto que para esta ocasión no encendió su pantalla monumental que se eleva al centro de la plancha; sin embargo, se dispusieron una par en cada extremo, detalle que no menguó los ánimos: la energía de Kravitz enamoró a hombres y especialmente a las mujeres, quienes sin importar edades a cada movimiento de la celebridad berreaban encantadas, tras escuchar American Woman y dar paso a It Ain’t Over ‘til it’s Over (algo así como “nada se acaba hasta que se acaba”).

El músico se despojó de sus lentes oscuros e incluso bajó unos instantes del entarimado para disfrute de los más cercanos, siguiendo con la sensual Stand by my Woman, Believe y I Belong to You.

La calidad musical de su ensamble relució en cada corte, como con The Chamber, cuando se quitaba algo de su indumentaria para mostrar parte de su torso sin por ello separarse de su chalequillo de red, regalando suspiros y provocando el deseo femenino que le clamaba querer ver un poco más de su cuerpo.

La fiesta sonora se fue prácticamente sin pausas con Can’t Get You off my Mind, Mr. Cab Driver y Let Love Rule.

Una reluciente gala instrumental de su banda y calidad vocal regaló el galante morenazo a sus 53 años de edad, quien aventó algunos besos, levantaba su puño y también su inseparable eléctrica.

Luego de casi dos horas, el coloso de Azcapotzalco prácticamente lleno retumbó con Are You Gonna Go my Way, enmarcando uno de los recuerdos más memorables y enloquecedores del show con los ásperos guitarrazos rockeros que caracterizan a la rola.

Con What the Fuck Are We Saying? y Always on the Run, aparentemente se despedía el vocal, pero tras un público que no lo dejaba ir, finalizó románticamente con Again.

Se rendía así ante los presentes dando gracias en español e inglés, no sin antes arrodillarse y extender sus brazos al suelo, dejando una satisfacción en ebullición y el éxtasis en comunión lograda por Lenny Kravitz; mientras pasaba la media noche, salió en huida pese a que nadie quería dejarlo partir.

Aún quedaba en el recuerdo su respuesta dada a los medios en la conferencia de prensa que ofreció previa a esta presentación, respondiendo así a la pregunta de lo que pensaba sobre el muro que piensa extender y hacer pagar el presidente estadunidense Donald Trump a México en la frontera norte de nuestro país:

“Saben ustedes que para mí la onda es unidad, amor, estar juntos, porque creo que así fuimos creados, somos un mundo y un mismo amor.”

(Una crónica solicitada a César Muñoz para nuestros lectores de proceso.com.mx)

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