“Edificio San Miguel”: cuando los vecinos nos tratamos de poner de acuerdo

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los vecinos pueden ser una pequeña muestra de mundos completamente distintos, separados sólo por una pared. Podrán ser completamente diferentes, pero tienen un objetivo en común: vivir bien. La cosa se complica cuando cada quien tiene su propia idea del bienestar.

Edificio San Miguel es una obra escrita por Gabriela Guraieb y dirigida por Angélica Rogel.

El polifacético espacio de la sala Novo se convierte ahora en la descuidada sala común del residencial, donde los vecinos se reúnen para platicar de los problemas, buscar soluciones y, por supuesto, chismear. Que si hay que limpiar los tinacos, que si hace falta una zona común con alberca, que a dónde se van las cuotas de mantenimiento, que si tal mete a tal a su casa, que si se deben o no poner cámaras de seguridad y dónde, son algunos de los asuntos a tratar intentando, sin éxito, mantener el orden, la calma y la objetividad.

Los divertidísimos vecinos son Montserrat Marañón, Alfonso Borbolla, Carmen Ramos, Mario Alberto Monroy, Alejandro Morales e incluso la propia dramaturga Gabriela Guraieb. La construcción de sus personajes es maravillosa, cada personalidad se trabaja a un nivel muy profundo, donde nunca se pierde la coherencia. Parecen haber sido sacados por completo de la vida real: sus vestuarios, el tono en el que se expresan, sus manías, sus tics y los aparentes secretos –que el resto de los vecinos van sacando a flote– los tejen por completo.

En una entrevista con Mariana Mijares, la actriz Monserrat Marañón cuenta: “Siento que en cada edificio, en cada comunidad, se reproduce esa dinámica de las elecciones: el querer imponer intereses, y de jalar para nuestro molino para que las cosas se resuelvan a nuestro favor”.

Y, tal y como en las elecciones, el público participa sin que se le pida su opinión. Es maravilloso ver cómo no hay ninguna presión directa por parte del elenco por hacer que el público se vuelva activo, sino que es la misma dinámica, la intimidad que se crea, la que los hace partícipe. Imposible no querer ser parte de ese caos. A diferencia de otras puestas, no hay que estarse cuidando para no ser expuesto: es uno solo el que decide entregarse. Por la disposición de las sillas, los actores se acomodan entre el público, y así los asistentes son también vecinos.

Es esa la premisa desde su concepción. La obra comenzó como una pequeña pieza de Microteatro hace algunos años, y tras su éxito el equipo decidió crear esta versión extendida, donde dura más y hay más espectadores, pero no perdió su sentido de intimidad.

Aunque la historia no va más allá de lo anecdótico –con pequeños dramas que no terminan de desarrollarse del todo–, el público se pasa la obra entera partido de la risa. Todos podemos identificarnos con actitudes de los personajes, o nos recuerdan a alguien. Eso, hoy en día, es algo que ya sea sentado en una butaca o caminando por la calle, se agradece.

Edificio San Miguel se presenta los lunes y martes a las 20:00 horas en la sala Novo del teatro La Capilla (Madrid 13, Del Carmen, Coyoacán). Hasta el 27 de noviembre.

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