El actor Horacio García Rojas en la serie “Diablero”

"Diablero" está inspirada en "El diablo me obligó" de Francisco Haghenbeck. Foto: Cortesía Netflix "Diablero" está inspirada en "El diablo me obligó" de Francisco Haghenbeck. Foto: Cortesía Netflix

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El mexicano Horacio García Rojas protagoniza el thriller sobrenatural de terror Diablero, inspirado en la novela El diablo me obligó (2011), de Francisco Haghenbeck (Ciudad de México, 1965) que se estrenará en Netflix el 21 de este mes. El actor recrea a Elvis Infante:

“El personaje me divierte mucho, desde el libro. Posee una manera de jugar con el sarcasmo y el divertimento popular, que me parece que es lo más rescatable y lo que mejor funciona del traslado de la novela a la serie que lograron Pablo Tébar (escritor) y José Manuel Cravioto (guionista y director de cine) al pasarlo al México contemporáneo.”

Diablero se centra en el padre Ramiro Ventura, un sacerdote que busca la ayuda del legendario cazador de demonios o “diablero” Elvis Infante. Con el apoyo de Nancy Gama, una auténtica superheroína, este trío desata una serie de eventos que podría determinar el destino de la humanidad.

En el guión también participaron Verónica Marzá, Gibrán Portela, Luis Gamboa y José Rodríguez. El reparto lo complementan Christopher von Uckermann, Giselle Kuri, Fátima Molina y Quetzalli Cortés. Es una producción de Morena Films para Netflix.

–En la novela, Elvis Infante es un exsoldado de la guerra de Afganistán. ¿Cambia en esta historia televisiva? –se le pregunta a García Rojas.

–La verdad es que Diablero cambia mucho con respecto al libro, aunque su esencia se encuentra ahí. Existen muchos elementos de la novela, que si bien no aparecen ahora, están en los planes rescatarlos poco a poco en futuras temporadas.

–Las locaciones son en la Ciudad de México, y la novela se ubica en  Los Ángeles, California. ¿Cómo fue filmar en la capital mexicana?

–Le da como vida a la Ciudad de México. En muchas series vemos a un México que no parece México, suelen ser muchas historias en lugares que no existen o inventados o en las altas esferas o a veces es un intento de que México parezca otra cosa que no sea México. A veces me pregunto: “¿Por qué quieren intentar que la Condesa parezca una colonia en Nueva York o en Canadá?”, cuando la Condesa misma tiene su propia belleza, lo mismo la Roma. Me parece que Diablero, justo a lo que apela, es a que la cuidad sea un personaje, suena un poco a cliché pero creo que aquí es evidente que intentan que la ciudad sea un personaje más con sus colores, su eclecticismo, sus edificios modernos al lado de unos muy antiguos, con el grafiti popular y al mismo tiempo con las calles llenas de tráfico, el Metro, el teleférico en Ecatepec, y creo que eso nunca se había visto en la televisión mexicana y todo lo ves bien fotografiado.

–¿Diablero también refleja la situación actual de México?

–México es un país muy peculiar, nos podemos estar, como dicen en mi pueblo. tirando tierra todo el día, pero cuando el otro te necesita ahí estás, y creo que eso es un poco Diablero. Los que van a vivir la gran aventura son cuatro seres a los que une el amor, pero al mismo tiempo son muy diferentes. Es la primera serie en la que ubico que el cuadro protagónico es racialmente chile, ajo y cebolla, como es el mestizaje de este país. Yo soy un mestizo más hacia lo ancestral mexicano y Christopher es un mestizo más hacia lo europeo, y al final de cuentas somos dos mexicanos que estamos luchando por algo concreto y con los mismos ideales.

“Y pasa lo mismo con Fátima Molina y Gisselle Kuri, ellas representan también estos dos extremos. Gisselle es muy, muy blanca, Fátima muy morena, rasgos finos, muy linda, y somos mexicanos, de diferente mestizaje, estamos ahí todos juntos y eso refleja México, eso yo no lo había visto en ninguna serie. Siempre nos dividen: el blanco aquí, el moreno allá, un bueno, uno malo, un rico, el otro pobre, y un educado y el otro no”.

Al resaltar que el proyecto es sobre el bien y el mal, manifiesta:

“El bien y el mal están en todo, porque a final de cuentas todos somos buenos y todos somos malos. Unos intentan que la bondad sea mayor que la maldad, pero todos tenemos nuestro lado blanco y nuestro lado negro”.

Rememora que la novela es muy corta:

“Es un libro que lees rapidísimo y es muy interesante. Cuando Netflix recibió la propuesta de Morena Films, se dieron cuenta de que ahí había un universo, y justo la televisión, las series, buscan universos para el éxito. La gran ventaja es que Diablero presenta un cosmos que da para mucho.

“Cuando me llamaron para el casting, me metí a la Gandhi a buscar el libro El diablo me obligó, y como ya no existía impreso, lo compré para descargar, y lo leí. Después, leí el guión y advertí que Elvis Infante en la serie es mucho más joven, no carga el peso de la muerte de su hermano como en la novela, pero sí carga con un peso de alguien que ya no está por su culpa”.

García Rojas es actor de televisión, cine y teatro. Participó en las películas Sin vivir, de Anais Pareto, y La 4ta Compañía, de Amir Galván y Mitzi Arreola; en las series Narcos, La querida del centauro, Hasta que te conocí y Texas Rising.

–¿Cómo se sintió con este el papel de Elvis Infante?

–Elvis Infante quizá ha sido el personaje que más he disfrutado, porque también tuve la oportunidad de presentarle mucho de mí, es decir, Elvis y yo nos parecemos en muchas cosas. Yo evado menos mis responsabilidades que Elvis, pero sí tengo también este pequeño lado rebelde, el dicharachero, el cumbianchero y el bailador. Elvis Infante sí se parece mucho a mí y lo que hice fue leer mucho el libro, entender lo que Francisco quería en esencia de Elvis, un tipo atormentado y que esconde su tormento con una careta ya sea de rudeza o de desfachatez. En el guión, entre Cravioto, Pablo y yo trabajamos padre, porque aquí es un tipo que rompe reglas y lucha por un ideal, pero cómo llega a ese ideal es muy divertido, porque a veces le vale gorro todo lo demás. Eso me gusta mucho, es como la imagen del antihéroe, digamos que Elvis Infante sería como un pequeño revolucionario”.

Finaliza:

“Me parece sensacional que en 190 países, donde llega Netflix, se pueda escuchar un poco de náhuatl. Los personajes hablan un poco náhuatl entre ellos, y los hechizos que Elvis ocupa están escritos en latín y náhuatl, como las dos raíces que forman el castellano que hablamos la mayoría de los mexicanos, y se muestra que existe un México vivo. Las leyendas estaban escritas para explicar cosas que no había forma de explicar con un pensamiento más estructurado y en ese sentido creo que es bueno retomar el realismo mágico en este país.

“Juan Rulfo, quien nos representa a nivel internacional en la literatura, escribía realismo mágico. A final de cuentas visitar cualquier pirámide de la cultura que sea, maya, olmeca, totonaca, zapoteca, en fin, es algo de realismo mágico”.

Comentarios

Nació en la Ciudad de México. Estudió ciencias de la comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Desde 1991 inició en el periodismo. Ha trabajado en los diarios mexicanos El Universal y La Jornada, entre otros, y el periódico español El País. En 1999 ingresó a Proceso, donde labora hasta la fecha. Foto: Carlos Enciso.

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