“High Life”: viaje sin retorno

MONTERREY, NL (apro).- En el interior de una nave espacial que avanza más allá del sistema solar se encuentra el astronauta Monte (Robert Pattinson) con una bebé. Están solos. La escena es inquietante: ¿de dónde salió esa pequeña? ¿qué hace en un viaje interestelar?

Luego, la acción muestra más personas dentro de la misma nave, pero ya no se encuentra ahí la nena. Después, las imágenes llevan a momentos de convivencia en la Tierra.

En High Life (High Life, 2019) la directora y guionista francesa Claire Denis crea una pequeña obra de arte claustrofóbica y cronológicamente caótica. Con escasos efectos especiales y una escenografía sencilla, casi indigente, para una historia de ciencia ficción, consigue crear una atmósfera nostálgica y sombría, que se mueve más hacia el drama que la aventura. Y, pese a su aparente sencillez, es visualmente magnética, con algunas referencias estilísticas e imágenes distorsionadas que, inevitablemente hacen recordar 2001: Una Odisea del Espacio, el súper clásico de Kubrik.

Desde el inicio hasta el final, todo es enigmático. La información fluye con marcada tacañería del guión, que se limita a entregar algunas dispersas coordenadas sobre las circunstancias que han conjuntado a los pasajeros de ese bólido que se aproxima, inexorablemente a un agujero negro que, como se sabe, absorbe toda la materia que está a su alcance.

En ese futuro distópico, la pandilla variopinta ha aceptado su destino. Allá en la tierra son escoria, desechos de la sociedad, que han obtenido, como única opción para continuar vivos, un boleto para el viaje que, al parecer, no tiene retorno. La desesperanza de los tripulantes es contagiosa y devastadora. En ese rincón desolado, desconectados del planeta que dejaron en medio del apocalipsis, entienden la vida desde otra perspectiva.

Lentamente las personalidades van revelándose. Hombres y mujeres, apuestos y jóvenes, muestran las causas que los hicieron merecedores de esa condena cósmica. La convivencia entre personalidades monstruosas hace que la vileza se vuelva normal y aceptable. Pero aún, incluso entre seres abominables, prevalecen algunos códigos de confianza y fraternidad, que los hacen aproximarse a sentimientos parecidos al amor.

Entre ellos se encuentra la doctora Dibs (Juliette Binoche), bella, seductora, manipuladora y siniestra, que realiza experimentos genéticos que exasperan a todos, orillándolos a expresiones violentas, descritas con espeluznante realismo y de inesperadas consecuencias. Su sique terriblemente distorsionada la muestra como la que tiene mayor control del grupo, aunque es quien tiene el más grande pecado de todos los criminales encapsulados.

En un hábitat autosustentable, como un jardín que es como jungla, son cavernícolas siderales, buscando rudimentariamente una manera de sobrevivir, a pesar de ellos mismos.

Con el tiempo fragmentado, la historia se vuelve confusa. La información parcial hace que se detonen las especulaciones. Pero Denis parece sentirse feliz generando desorientación y deja que cada quien decida qué es lo realmente importante. A fin de cuentas, la ilusión de regresar a casa se ha desvanecido y todos van hacia un rincón tenebroso de la galaxia, al que nadie ha accedido.

Queda, como residuo del viaje, un hálito de optimismo. Tal vez la naturaleza humana apunta hacia la bondad y no a la destrucción, como se supuso, cuando fueron embarcados en ese trayecto, que pudiera tener sus elementos heroicos pero de los que, tristemente, muy probablemente nunca nadie conocerá.

Pattinson, ya ha trascendido su etapa de estrella adolescente, y muestra una gran madurez interpretativa, al soportar por completo el peso de la producción. Se perfila como uno de los grandes actores de su generación.

High Life es una aventura espacial reflexiva, con seres de pasados que se adivinan horribles y que, forzados a sobrevivir, entienden significados diferentes de lo que es la existencia.

 

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