Pese a la falta de apoyos, llega a su centenario la Academia Mexicana de la Historia

La sede de la Academia Mexicana de la Historia. Foto: Twitter @acadmxhistoria La sede de la Academia Mexicana de la Historia. Foto: Twitter @acadmxhistoria

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En su sede de la Plaza Pacheco, en el Centro Histórico de esta capital, la Academia Mexicana de la Historia (AMH) celebró sus cien años de existencia, con una ceremonia cuyos discursos rompieron con la solemnidad que suele enmarcar este tipo de acontecimientos.

Su director, Javier Garciadiego; la escritora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador, y el subsecretario de Educación Superior, Francisco Luciano Concheiro Bórquez, encabezaron el acto en el que estuvieron presentes miembros de la AMH, historiadores y académicos de otras instituciones e invitados, entre ellos el diputado Porfirio Muñoz Ledo.

Al tomar la palabra, el historiador Garciadiego, hizo un recuento histórico de la institución fundada en septiembre de 1919, pero cuyos orígenes se remontan incluso a mediados del siglo XVIII. Y destacó que la AMH nació sin el apoyo de ninguna institución.

Incluso, pudo ser una de las instancias fundadas por el gobierno de Porfirio Díaz en el marco del primer centenario del inicio de la gesta de Independencia, pero no fue así.

Garciadiego resaltó que hasta la fecha siguen sin recibir subvención alguna por parte del gobierno. La Academia es independiente y subsiste con aportaciones de sus propios integrantes, no obstante que es “la única” que hace difusión de la historia para el público en general, no sólo para los especialistas, dijo.

De igual manera, mencionó que el centenario de la AMH coincide con el centenario de la muerte de Emiliano Zapata y el 80 aniversario del Exilio Español, que han sido dos de sus efemérides en este año, y es “hermana de cuna” del Partido Comunista Mexicano, nacido también en 1919.

En su turno, Gutiérrez Müller, doctora en teoría literaria por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y autora de “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”, entre otros libros, se congratuló de estar presente en la ceremonia, y sostuvo que se trata de “la primera vez” que “anda aquí la esposa de un presidente”.

En sus palabras, evocó el discurso de la doctora en letras españolas Clementina Díaz y de Ovando, primera mujer en ingresar a la Academia, en junio de 1985, y a quien Miguel León-Portilla llamó “la maestra del bien decir”.

Y es que, dijo, la historiadora relacionó la vida literaria y la historia con los espacios cotidianos, los salones de baile, por ejemplo, “pequeños sitios donde ocurre el íntimo mundo de la historia personal” y a la vez se discuten los grandes problemas nacionales, se construye la vida pública. Opinó que el siglo XXI debe ser “transdisciplinario”, dado que en las artes (pintura, arquitectura) puede haber más documentos históricos, y “es el caso de la literatura”.

Coincidió con Garciadiego en el sentido de que en la AMH “ni son todos los que están, ni están todos los que son”, y señaló como pendientes la pluralidad, la descentralización y la paridad de género:

“Ahí se los encargo”, soltó casi al término de su discurso, luego de agregar que el gobierno de la llamada 4T está “prestando mucha atención a la historia”, y se debe aprovechar “la oportunidad, tomar la palabra al nuevo régimen para trascender la historia oficial”.

Casi exultante, el subsecretario Concheiro también habló de la 4T, pero en lo relativo a la reforma educativa, que a decir suyo se inspira en momentos como el Movimiento Estudiantil de Córdoba, Argentina, de 1918, que tuvo objetivos democratizadores, así como en los conceptos de autonomía, la recuperación de los Movimientos Estudiantiles de 1968 y 1971 en México y el zapatismo, que contiene elementos básicos para la construcción de la transformación actual.

También mencionó “el brutal ataque” que los gobiernos anteriores emprendieron contra las normales inspiradas en caminos radicales como la Federación de Estudiantes Campesinos y Socialistas de México, de la que formaban parte los estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Tras mencionar que el saldo de los anteriores regímenes es de 150 mil muertos, 80 mil desaparecidos y 35 mil cadáveres sin identificar, en medio de una “guerra no declarada”, recordó a los 43 jóvenes desaparecidos hace ya cinco años, porque representan “una suspensión de la historia”, el punto de quiebre y de toma de conciencia, donde la sociedad dijo: “ya no más” e inició una revolución pacífica expresada con la votación “inaudita” del 1º de julio de 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de la República.

Tanto Gutiérrez Müller como Concheiro reconocieron en la AMH una institución esencial para la historia en México, pero no se comprometieron abiertamente a garantizar apoyos oficiales.

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