CoBrA, una espléndida exposición 

A la vanguardia

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Para estos días festivos, una alternativa museística de alto nivel es la muestra que presenta el museo holandés Cobra de Arte Moderno, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM).

Organizada como un intercambio interinstitucional por la exposición México intenso: políticas, identidad, sexo y muerte que, bajo la curaduría de la exdirectora del MAM Sylvia Navarrete, se exhibe actualmente en el museo Cobra de Amstelveen, la exhibición CoBrA: serpiente de mil cabezas, gira en torno del alegre, crítico y vigoroso movimiento de artistas daneses, belgas y holandeses que, en operación de 1948 a 1951, es considerado como la última vanguardia artística.

De origen surrealistas, inspirados en ideas marxistas y con la utopía de crear una sociedad mejor a través de la libertad creativa, los integrantes de CoBrA rechazaron la cultura racionalista de occidente hurgando en imaginarios primitivos, infantiles, mitológicos y folklóricos del norte de Europa.

Interesados también en abolir la diferencia entre figuración y abstracción, los CoBrA crearon una estética expresionista y salvaje, en la que sus representaciones están pobladas de figuras irreales y seres fantásticos que habitan en entornos saturados de color, materia y potentes rasgos gestuales.

De carácter amable, perverso o hierático, los personajes de corporeidad orgánica, geométrica, animal o vegetal, habitan en la pintura de los artistas de esa última vanguardia que, en su manifiesto, afirman que su arte se inscribe en un periodo de transformación en donde el artista es un revolucionario que prefigura un mundo nuevo.  En su utopía, los CoBrA consideraban que el arte moderno estaba a punto de desaparecer para ser sustituido por un periodo de experimentación que derivaría en una libertad creativa para toda la sociedad.

Compleja y diversa a pesar de su corta duración, CoBrA tiene una historia previa y posterior al periodo 1948-1951 que es muy relevante. Su nombre hace referencia a las ciudades en las que vivieron y trabajaron sus integrantes: Copenhague, Bruselas y Amsterdam.

Dinamarca es un centro importante en el desarrollo del movimiento. Desde los años treinta, artistas como Egill Jacobsen y Carl Henning Pedersen manifestaron su descontento por los convencionalismos racionales de los surrealistas. En los cuarenta, Asger Jorn se sumó convirtiéndose en uno de los principales protagonistas del movimiento y las estéticas CoBrA. Y además del poeta belga Christian Dotremont, en Holanda destacaron los pintores Constant Nieuwenhuys, Corneille y Karel Appel.

Diseñada por la curadora del Museo Cobra, Hilde de Bruijn, la exposición en el MAM abarca desde los años treinta hasta los años sesenta del siglo XX. Integrada por aproximadamente 126 piezas –en su mayoría pictóricas– de aproximadamente 35 autores, la muestra intercala la historia del movimiento, la exhibición de órganos de difusión –Helhesten, Surrealismo revolucionario, Réflex, Cobra–, y presencias monográficas tan contundentes como la sección dedicada a Karel Appel, que es estupenda.

Integrada con pinturas y una divertida cerámica que es a la vez totémica, antropomorfa y geométrica, la sección de Appel comprueba que aun cuando la mayoría de los artistas crea personajes fantásticos, todos tienen una diferencia que personifica al autor. Especialmente sutil en sus representaciones, Jan Nieuwenhuys recuerda con sus animales algunas escenas de Leonora Carrington, mientras Asger Jorn se impone como un creador de seres dramáticos que comparten con otros su extraña soledad.

Este texto se publicó el 29 de diciembre de 2019 en la edición 2252 de la revista Proceso

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