Espiar a Julio Scherer, una obsesión

Julio Scherer García, fundador de Proceso

Durante casi tres décadas, agentes de la Dirección Federal de Seguridad tuvieron una obsesión por espiar a don Julio Scherer García, sobre todo en el sexenio de Luis Echeverría. El periodista siempre lo supo, comenta el exdirector de este semanario Rafael Rodríguez Castañeda, quien conduce los cinco primeros episodios de Confidencial. Expedientes de la Guerra Sucia, una coproducción de este semanario con TVUNAM que se inicia el 1 de abril y se centra en cinco personajes: el director fundador de Proceso, Genaro Vázquez, Heberto Castillo, Rosario Ibarra y Javier Barros Sierra.

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La llamada Guerra Sucia en México no sólo implicó la persecución a los disidente políticos que optaron por la lucha armada, sino también un fuerte espionaje a algunos periodistas críticos del gobierno, entre ellos a Julio Scherer García, quien desde años antes de ser director de Excélsior empezó a ser vigilado por agentes de la ya extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), un espionaje que se prolongó hasta bien entrados los ochenta, cuando don Julio era director de Proceso.

Esta historia se relata en el episodio que abre la serie televisiva Confidencial. Expedientes de la Guerra Sucia, la cual tendrá cinco episodios y es realizada conjuntamente por Proceso y TVUNAM.

El exdirector de este semanario y conductor de la serie, Rafael Rodríguez Castañeda, dice sobre el objetivo de este primer episodio: “Nuestra idea es que la Guerra Sucia no sólo fue la persecución a los disidentes políticos que optaron por la lucha armada, sino que también se extendió a los medios de comunicación, en particular a Excélsior dirigido por Scherer, pues el diario se había convertido en el ojo más crítico del sistema.

“Así, la mano represiva del Estado llegó a extenderse a los medios de comunicación. Y muy particularmente, contra don Julio Scherer se tuvo una obsesión por espiarlo, la cual llegó a convertirse en persecución, sobre todo durante el gobierno de Luis Echeverría”.

–¿Fue entonces su postura crítica la que lo hizo blanco del espionaje?

–Sí, así fue. Y esto lo dicen algunos especialistas entrevistados en ese reportaje televisivo, el cual está sustentado en memorándums y fichas elaboradas por agentes o por los propios jefes de la Federal de Seguridad, las cuales era remitidas al secretario de Gobernación en turno.

Por su lado, Óscar Estrada, director de la serie, refiere que él y otros dos investigadores estuvieron consultando estos expedientes de la DFS y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen).

“Estos expedientes de la Guerra Sucia están actualmente en el Archivo General de la Nación. Para realizar la serie, estuvimos consultándolos y seleccionando material durante seis meses”, dice Estrada.

Los archivos, agrega, dan testimonio de “la represión, el espionaje y la persecución” que también padeció Julio Scherer.

Guionista de la serie junto con Estrada, Rodríguez Castañeda refiere: “Don Julio Scherer fue objeto de persecución física durante varios años. Los agentes lo seguían paso a paso: se enteraban con quién se reunía, a quién visitaba y de qué hablaban. Fueron muchos los documentos que al respecto se encontraron en el Archivo General de la Nación”.

–¿Desde cuándo existen reportes de espionaje?

–Desde 1959, cuando todavía Scherer era reportero. Por ejemplo, en marzo de ese año el propio director de la DFS reportó su cobertura de un movimiento disidente dentro del sindicato petrolero. También ese año, en una ficha se da cuenta de la reunión que tuvo con Vicente Lombardo Toledano, en el que éste le cuenta sus contratiempos en el extranjero aún cuando disponía de pasaporte diplomático.

Los reportes

De 1973, ya siendo Scherer director de Excélsior, existe el reporte de una comida que tuvo con Víctor Manuel Villaseñor, director de Ferrocarriles Nacionales de México, en el restaurante Normandie, muy frecuentado en aquella época por la clase política.

“En ese reporte se describe minuciosamente cómo Villaseñor llega al restaurante y desciende del automóvil, mientras su chofer se queda esperándolo. También cómo, por otra esquina, llega don Julio caminando a la cita. Relata las cosas intrascendentes que ambos conversan al inicio del encuentro. El agente firmante señala que el resto de la conversación fue en voz tan baja que no la pudo grabar”, comenta Rodríguez Castañeda.

Señala que también hay reportes de agentes de la DFS en los meses previos al golpe contra Excélsior, de 1976, orquestado por Luis Echeverría y que obligó a Scherer a dejar la dirección del diario.

Prosigue Rodríguez Castañeda: “Don Julio siguió siendo espiado en su etapa como director de Proceso por la Dirección Federal de Seguridad y luego por el Cisen, que la sustituyó y continuó con sus prácticas de espionaje”.

De esa época, dice, “existe un documento de cómo lo observan en su encuentro con el embajador de Cuba en México, en el Hotel Aristos”.

Hay otro reporte –dice– relativo a la ocasión en que, en 1983, José Antonio Zorrilla, director de la DFS, llegó a las oficinas de Proceso a amenazar a la revista y a Scherer para que no se publicara un reportaje relativo a la familia de su jefe Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación. “Obviamente que Bartlett, a través de su sistema de espionaje, se enteró de que se planeaba publicar ese reportaje”, dice Rodríguez Castañeda.

Indica que, como titulares de la DFS, Zorrilla, Miguel Nazar Haro y Fernando Gutiérrez Barrios tuvieron “un papel muy importante en materia de espionaje durante la Guerra Sucia”.

–¿A Scherer se le espiaba tanto en su vida profesional como personal?

–Sí, por supuesto, sabían de sus actividades personales. Por ejemplo, los agentes narran su costumbre de ir a nadar al Deportivo Chapultepec. A qué horas llegaba, a qué horas salía, con quién iba después a desayunar.

“En los reportes también se daba cuenta de los viajes que hacía con su familia. Hasta el número de pasaporte que tenían”.

–¿Encontraron reportes de espionaje telefónico?

–Sí, claro. Éste era muy marcado. Dos de los entrevistados en el programa televisivo, Jorge Carrillo Olea y Fritz Glockner, relatan que en aquel tiempo era muy fácil interferir las líneas, sobre todo porque Teléfonos de México era propiedad del Estado y estaba al servicio del gobierno. Los agentes de la Federal de Seguridad llegaban incluso a disfrazarse de trabajadores de Teléfonos de México para manipular las cajas de contactos telefónicos que había en las calles. Así lograban interferir las llamadas.

–¿Puede decirse entonces que hay reportes de Scherer vigilado desde 1959 hasta los años ochenta?

–Sí, hasta muy avanzados los años ochenta. En 1985 desaparece la Federal de Seguridad y la sustituye el Cisen, que lo siguió vigilando. Fue una obsesión de los gobiernos en turno el tenerlo bien vigilado. Y Echeverría, recalco, llegó al extremo de convertirse en un verdadero perseguidor de don Julio.

Las entrevistas

Jefe de redacción y luego director de Proceso durante veinte años, Rodríguez Castañeda tuvo muchísima cercanía con Scherer, quien –señala– estaba consciente de que era espiado.

“Don Julio sabía perfectamente que era interferido. Se resignaba a ello, comentando en ocasiones: ‘Así son éstos’”, dice Rodríguez Castañeda.

Para el documental sobre Scherer, refiere, entrevistó a Carrillo Olea, quien fue subsecretario de Gobernación; al historiador y periodista Fritz Glockner, especializado en la Guerra Sucia; al periodista Juan Veledíaz, autor de dos libros sobre las Fuerzas Armadas; a Édgar Paul Ríos Rosas, investigador del AGN; y a Rogelio Flores, encargado del archivo documental de Proceso, ya que el programa recoge material publicado en el semanario, así como en libros del mismo Scherer, como Tiempo de saber y La terca memoria, relacionados con sus recuerdos.

Para ilustrar el programa, también se recurrió a material fotográfico del departamento de fotografía del semanario, a cargo de Marco Antonio Cruz. “Es un reportaje televisivo un poco al estilo de la revista, realizado con TVUNAM de manera conjunta”, dice Rodríguez Castañeda.

El director Óscar Estrada adelanta que el programa –de media hora de duración– se trasmitirá por TVUNAM el próximo miércoles 1 de abril, a las 20:30 horas. Y el domingo siguiente habrá una repetición a las 19:30 horas.

Estrada, quien concibió la idea original de la serie Confidencial. Expedientes de la Guerra Sucia, relata que su intención es aprovechar los expedientes del AGN y otros documentos relativos a esa etapa de nuestra historia.

“Sigue siendo una tarea pendiente del Estado y de la sociedad mexicana descubrir qué pasó en el periodo de la Guerra Sucia”, comenta.

Agrega que, durante las charlas que sostuvo con Rodríguez Castañeda e Iván Trujillo, director de TVUNAM, se fueron definiendo los cinco personajes de los respectivos episodios que comprende la serie: Julio Scherer, Genaro Vázquez, Heberto Castillo, Rosario Ibarra y Javier Barros Sierra.

Apunta al respecto: “Escogimos a estos cinco personajes porque representan a cinco sectores de la sociedad mexicana: un periodista, un dirigente político guerrillero, un dirigente político legal, una luchadora por los derechos humanos y el rector de la UNAM durante el movimiento del 68”.

El esquema de cada episodio –agrega el especialista en medios audiovisuales– es presentar primero una corta semblanza del personaje, luego el reportaje y las entrevistas con sus familiares y personas cercanas.

“La idea es hacer unas cinco entrevistas por episodio. Y nadie mejor que Rafael Rodríguez para realizarlas y conducir la serie, por su larga trayectoria periodística”, comenta Estrada.

En toda la serie, señala, se recurrirá a los archivos de Proceso y a los de la Filmoteca de la UNAM y la videoteca de TVUNAM.

Estrada adelanta que Confidencial. Expedientes de la Guerra Sucia no se quedará sólo en los cinco episodios ya programados, sino que planean alargarlos a 12.

“Todavía no definimos qué otros personajes incluiremos en esa lista, pues hay miles de expedientes de la Federal de Seguridad, que también llegó a espiar a empresarios, artistas, escritores, intelectuales… a mucha gente”, concluye.

Este texto  se publicó el 29 de marzo de 2020 en la edición 2265 de la revista Proceso

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