Rina Lazo, pintora y muralista

viernes, 8 de noviembre de 2019
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- De carácter alegre, cara bonita y mirada chispeante, la pintora Rina Lazo Wasem llegó en 1946 a la Ciudad de México con una beca para estudiar pintura. Tenía sólo 18 años y ya había destacado en la Academia de Bellas Artes de Guatemala por su habilidad pictórica. Era el principio del régimen alemanista, el muralismo mexicano ya era un arte oficial que gozaba de gran prestigio nacional e internacional y, formarse al lado de Diego Rivera, era considerado un gran privilegio, aun cuando su producción ya estaba al servicio de aquellos sectores capitalistas y empresariales que tanto había criticado. Después de ingresar en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”, Rina Lazo se incorporó como ayudante de Diego Rivera para la realización del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947), que pintaba el artista en el exclusivo Hotel del Prado de la zona de la Alameda Central. Desde entonces y hasta la muerte del famoso muralista en 1957, ambos pintores mantuvieron una relación cercana de amistad, colaboración y mutua admiración. Reconocida ampliamente por su participación como en el trabajo mural tardío de Rivera en la Ciudad de México –El agua origen de la vida en el Cárcamo de Dolores (1951), el mural en piedra La universidad, la familia y el deporte en México en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria (1952-1954), y El pueblo en demanda de salud en el Hospital de la Raza (1953)–, Rina Lazo produjo en México su primer mural propio y relevante hasta 1993-1996: El Venerable Abuelo Maíz que se encuentra en la Sala maya del Museo Nacional de Antropología. Pintado al temple en una superficie de 51 metros cuadrados, la obra se basa en el libro sagrado del Popol Vuh y representa la creación de los cuatro hombres de maíz que poblaron los cuatros puntos cardinales. Una pieza que delata el excelente oficio dibujístico y pictórico de una artista que, si bien mantuvo una figuración cercana a la de Diego Rivera, se impuso con una luminosidad cromática que la aleja totalmente del maestro. Al igual que otras mujeres muralistas como Aurora Reyes (1908-1985) o Fanny Rabel (1922-2008), Rina Lazo no tuvo ni el apoyo que se les dio con numerosos encargos a los muralistas varones, ni fue atendida por la historia del arte sino hasta fechas recientes, en las que la historiografía feminista las ha rescatado. En este rescate, su pintura de caballete todavía está por descubrirse; sobre todo, sus primeros desnudos de ingenuo y descarado erotismo. La expansión del arte popular Tanto por su propuesta creativa como por la atracción que provocaron en redes y medios de comunicación, las intervenciones que realizó el artesano Raymundo Medina Jaén en Tláhuac para celebrar el Día de Muertos, sobresalen como una acertada actualización y expansión de la cartonería tradicional. Característica en la creación de alebrijes, calaveras, toritos, máscaras y los famosos judas de Semana Santa, la cartonería de Medina expande la técnica apropiándose de procedimientos característicos del arte actual. En concreto, se nutre de las posibilidades físicas y estéticas del arte público, que vincula contextos urbanos con imaginarios simbólicos y realidades sociales. Un tipo de arte que puede resultar muy afectivo y efectivo cuando el concepto, la intención y la resolución formal se fusionan con un mensaje directo, simple y sintético. Interesado desde hace ocho años en que los niños y niñas de su colonia mantengan las tradiciones del Día de Muertos, el cartonero creó un evento denominado El camino de los muertos, que consiste en intervenir con figuras tradicionales la calle Francisco Santiago Borraz de la Colonia Santa Cecilia, en la Alcaldía de Tláhuac. Organizado desde 2011 como un evento para la convivencia local, contiene las características esenciales del arte popular: creaciones ligadas a las tradiciones de la comunidad, producidas por personas de la colectividad, y estructuradas con elementos y significados comprensibles para el público al que se dirige. Maestro de la técnica de cartonería en el Faro Tecómitl de Milpa Alta, Medina organizó con su familia un colectivo denominado Jaén Cartonería que se encarga de producir sus piezas para la celebración. Cada año definen un tema que unifica las intervenciones de todos los vecinos. Este año el camino está dedicado a las víctimas del terremoto de 2017. Dirigidos por el también fotógrafo, la familia Jaén se inició con las esculturas monumentales de intervención urbana el año pasado, al presentar el enorme torso abierto de una calavera que emergía del piso permitiendo que los niños y niñas lo atravesaran. Con un diseño sumamente sintético, de poética dibujística y pintado únicamente en negro y color hueso, este año Raymundo Medina sorprendió con dos calacas que apenas emergen con algunas partes de su cuerpo del pavimento, rompiéndolo en fragmentos que en realidad son deshechos de una construcción. En exhibición hasta el domingo 3 de noviembre, las dos intervenciones tuvieron un éxito sorprendente sin necesidad de ruedas de prensa, conversatorios o videos que exaltaran su proceso de instalación. Diseñadas no como esculturas independientes sino como instalaciones escultóricas de arte urbano, a manera de viñetas, sugieren circunstancias comunes y colectivas, las calaveras fueron interpretadas como una divertida crítica a los numerosos baches que existen en la Ciudad de México. Este texto se publicó el 3 de noviembre de 2019 enla edición 2244 de la revista Proceso

Otras Noticias