CANTO RODADO: Música en "México: su apuesta por la cultura"

lunes, 1 de marzo de 2004
México, D F, 1 de marzo (apro)- Si bien comencé en el periodismo como crítico de rock en el “Lunes de Excélsior” que dirigía por 1972 Eduardo Deschamps, en aquellos años preparatorianos cultivé una pasión casi secreta por la música clásica que a la larga me ayudaría bastante a desarrollar mejor mi oficio como reportero cultural Pese a los pachangones de los sábados por la noche a los que iba con mi grupo de rock a tocar, invariablemente me levantaba para asistir a los conciertos dominicales al mediodía de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes, puesto que había comprado mis abonos para cada temporada Recuerdo que una vez, al salir de uno de aquellos conciertos me acerqué a un grupo de músicos que mostraban en la placita de Bellas Artes unos salterios de diferentes tamaños afinados de manera extraña: eran los seguidores del Sonido 13, invención de Julián Carrillo, una música que me llamó mucho la atención Cuando podía, aprovechaba para asistir a ver a la OFUNAM y otras, en foros como el de Filosofía y Letras (Che Guevara), el teatro Hidalgo, el Polyforum Cultural Siqueiros o el Teatro de la Ciudad antes y después de que en 1975 entrara a estudiar Literatura Inglesa en la UNAM, y en 1976 se inaugurara la flamante Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario La OFUNAM estaba dirigida por Héctor Quintanar, de quien no me perdía los estrenos de sus obras y de los compositores mexicanos de su generación Así, poco a poco logré familiarizarme con las batutas de directores como Luis Herrera de la Fuente, Armando Sayaz, Enrique Bátiz, Benjamín Juárez Echenique, Fernando Lozano o Sergio Cárdenas Sin duda, un director que de verdad me impresionó muchísimo fue Eduardo Mata Me tocó verlo en primera fila conducir la Quinta Sinfonía de Beethoven, de una manera que nunca olvidaré: Mata entró bonachón, con su melenita clara, se subió al podium agradeciendo los aplausos, dio la espalda al teatro repleto, se dirigió a sus músicos y entonces, con un gesto de suspenso levantó “la baguette” muy alto y con gesto enérgico la bajó violentamente hacia delante hasta quedar agachado con la batuta en la punta de sus brillantes zapatos negros… Así arrancó la OFUNAM a tocar las bien conocidas cuatro notas (tres de Mi y la larga de Do) con que empieza Beethoven su “Quinta”: “¡Ta-ta-ta-taaaaaan!” Entre los músicos de la OFUNAM había uno a quien admiraba: el primer violinista, un anciano de cabello completamente blanco y nariz larga, quien siempre interpretaba con una sonrisa en los labios Ésa tarde que Mata se llevó la ovación más estruendosas que he escuchado en mi vida a un director de orquesta; también dirigió “El mar”, de Claude Debussy, uno de mis poemas sinfónicos favoritos Gracias a aquella mano maestra de Mata pude comprender mejor los “diálogos” entre los distintos instrumentos de la orquesta, sobre todo entre las cuerdas Y fue por la grandeza de Mata que me animé a estudiar un año solamente en la Escuela Nacional de Música, cuando la dirigía X En esos años, mi formación autodidacta de música seria también se dio a través de las frecuencias de Radio UNAM, entonces dirigida por Abelardo Villegas, así como por las campanadas de XELA, “buena música desde la Ciudad de México”, únicas dos estaciones de las casi 700 que por entonces conformaban el cuadrante (oía Radio Chapultepec por su música instrumental, Radio 13 por sus gringadas y otras fresas anteriores a Elvis y Los Beatles, más las de rock Radio 590, “La Pantera”; Radio Éxitos” y Radio Capital, con “Vibraciones”) * * * Algunas de las tantas anécdotas que viví en la década de los 70 ocurrieron precisamente en los pasillos, campos y edificios de la UNAM, y estuvieron presentes en mi mente al coordinar el apartado musical del libro “México, su apuesta por la cultura: El siglo XX Testimonios desde el presente” que acaba de aparecer (Proceso, Editorial Grijalbo y la UNAM, 760 páginas) Aunque ya no me había tocado conocer en carne propia a los maestros del nacionalismo como Carlos Chávez y Silvestre Revueltas, el legado existía, y el sólo hecho de escuchar sus obras grabadas o en vivo era un anzuelo suficientemente poderoso como para saber que México contaba con compositores de importancia mundial Las obras de Quintanar, Lavista, Ibarra y otros más de “la generación de la ruptura”, así como las de amigos míos como Federico Álvarez del Toro y Eduardo Soto Millán hablaban de dos momentos diferentes de la música que debían también consignar al coordinar música en “Su apuesta por la cultura” Así, luego de muchos borradores tachados y rehechos que prefiguré una y otra vez tras un montón de discusiones que tuvimos en la cafetería de Las Musas, del Centro Nacional de las Artes, con los demás principales colegas de Proceso involucrados en el proyecto original de “México: su apuesta por la cultura” (Armando Ponce, coordinador cultural de Proceso y del apartado de teatro; José Alberto Castro, quien entonces laboraba en la revista y se encargaría de la parte de literatura, que concluyó Rafael Vargas; Columba Vértiz, en el rubro de cine; Isabel Leñero, en el de artes plásticas; Rosario Manzanos, danza, y Judith Amador, patrimonio), los primeros textos para música fueron armándose conforme otras plumas se incorporaron a mi empresa como coordinador Confieso que expurgué escritos por no tener la calidad necesaria y que de las mil páginas que transcribí, quedaron las 68 del libro para la parte de música, mismas que comienzan con la frase de Revueltas: “Hasta la música más vulgar prende en el corazón una nota de recuerdo y de ensueño Hasta la música más complicada prende una nostalgia en el alma” La cronología fue desarrollada por Benjamín Anaya, músico del grupo Restos Humanos que conocí en un concurso nacional de rock a mediados de la década pasada Anaya era la persona idónea, pues había participado en encuentros musicales toda su vida (su estudio “Rock y zapatismo” es fundamental) y al momento de hacer nuestro libro, estaba a cargo de las publicaciones de la Escuela Nacional de Música De los textos y artículos que solicitamos a muchos estudiosos del arte musical en México, se escogió el de Luis Jaime Cortez, director del Conservatorio de las Rosas, “Apuntes para una antología: nuestra música en 60 obras”; “La rivalidad Chávez-Revueltas”, del ilustre José Antonio Alcaraz, del grupo Berlioz y crítico de música Proceso hasta su muerte; “Un recorrido por la ópera”, versión mínima de un exhaustivo estudio del investigador operístico Octavio Sosa; “Panorama de la guitarra de concierto”, de mi tocayo guitarrista Roberto Limón, de la Orquesta de Baja California; y “El siglo de la diversidad”, de Soto Millán, actual crítico de música en Proceso Yo me encargué de las entrevistas: al compositor oaxaqueño Leonardo Velásquez, acerca de su “Repaso del nacionalismo”; al imprescindible Mario Lavista, “Ruptura con el nacionalismo”; a Enrique Arturo Diemecke, conductor de la Sinfónica Nacional, y a Álvarez del Toro, en torno a “La generación solitaria” Añadí unos mosaicos sobre el “Sonido 13”, según Carrillo; tres extranjeros que hicieron escuela con su música en México: Rodolfo Halffter, Conlon Nancarrow y Gerhardt Muench, “Más que mexicanos”; “Las compositoras”, 21 fichas de mexicanas seleccionadas de su enorme lista por la investigadora Clara Meierovich; el atentado “Cuando prohibieron en las escuelas las canciones de Cri Cri”, por Columba Vértiz, y la actualidad: acerca del “Foro de Música Nueva Manuel Enríquez”, por el conocedor peruano Aurelio Tello Y final, una encuesta con medio centenar de megalómanos sobre los compositores mexicanos más importantes del siglo que pasó, así como las obras Triunfaron Silvestre Revueltas, 39 votos, y su composición “Sensemayá”, 31 votos No queda más que una gran satisfacción haber aportado algo de lo que la música en México ha significado para todos los que tuvimos la fortuna de vivir la cultura nacional en la segunda parte del siglo XX Este trabajo no tuvo apoyos de ninguna institución gubernamental ni educativa (nada de Conaculta, ni INBA ni SEP), excepto en su parte final con los aportes de la UNAM Se hizo sin un quinto y así sigue, sin siquiera haber recibido críticas en la mayoría de los medios nacionales (debido a la proverbial envidia que se le tiene a Proceso)… pero es uno de los libros que más se busca actualmente en librerías y que marca el fruto del esfuerzo de varios años en que nos quemamos las pestañas para que usted nos lea

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