PERMANENCIA VOLUNTARIA: "El Gran Pez"

lunes, 1 de marzo de 2004
México, D F, 1 de marzo (apro)- Aquellos que vayan a ver “El gran pez” (Big fish, EU, 2004) de Tim Burton, no sólo asistirán a ver una cinta maravillosa, sino también presenciarán un lado oculto y, a la vez, diferente, pero no por eso menos fascinante del director “El joven manos de tijera” y “El jinete sin cabeza” “El gran pez” gira alrededor de un grandioso cuenta-cuentos: Edward Bloom (Albert Finney), quien presume una vida fantástica al estilo de las aventuras de Simbad El Marino La realidad y la ficción se mezclan en las historias de Bloom, historias que asombran a propios y extraños, excepto a su hijo Will, un periodista que se encuentra harto de que su padre invente cosas Y es que al final de cuentas, ¿quién es verdaderamente su padre? ¿Cómo saberlo si sólo se la pasa contando mentiras? Las cosas se vuelven un poco más difíciles para Will justo cuando se entere que su padre está a punto de morir Así pues, Will deberá trabajar lo más rápido posible para llegar a la verdad En el “El gran pez”, Burton mezcla los escenarios y temas sombríos de sus películas anteriores con situaciones, digamos más luminosas, a veces un tanto cómicas, como por ejemplo la romántica historia entre Edward y su esposa, o bien el milagroso escape de Edward de manos del Vietcong, gracias a la buena voluntad de una “exótica” bailarina y cantante de dos cabezas, quien se apiadó del soldado estadunidense al momento en que éste le contó lo mucho que amaba a su esposa En esta cinta, el amor, en todos sus sentidos, mueve montañas A través de la relación entre padre e hijo, Burton revelará aquello que lo ha motivado a convertirse no propiamente en cineasta sino también en un cuenta-cuentos (story teller), así como otras cosas que tienen que ver con la vida misma, con nuestros recuerdos, con la verdad Revelará, en suma, la importancia de las historias en la vida de todo ser humano mediante una cinta llena de fantasía, magia, momentos románticos y otros idílicos, crudas realidades y esa profunda tristeza y sino funesto que se percibe a lo largo de toda la obra de Burton, pero en esta ocasión habrá una dosis extra de esperanza

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