CANTO RODADO:El ángel musical de h. G. Wells (1866-1946)

lunes, 16 de agosto de 2004
México, D F, 16 de agosto (apro)- Hace 114 años, un ángel celestial cayó desde el País de los Sueños iluminando los pantanos del pueblito de Sidderford, Inglaterra, precisamente la noche del 4 de agosto de 1895 Aquel suceso imaginado por el escritor inglés Herbert George Wells (1866-1946) fue la inspiración de su noveleta de 52 capítulos The Wonderful Visit (publicada en México hacia octubre de 1966 en Populibros “La Prensa”, bajo el título de “La visita maravillosa”) y que siguiera a su célebre libro de ciencia-ficción The Time Machine (“La máquina del tiempo”), de aquel mismo año 1895 La caída del ángel llegó con un ruido semejante al que “produciría un coro de niños y los acordes de muchas arpas, escapándose en un torrente de notas parecido al que emite con frecuencia un órgano” Al enterarse de la llegada del ave extraordinaria, el vicario de Siddermorton, quien también era ornitólogo, se da a la tarea de cazarlo con su escopeta y, en efecto, al descubrir sus alas tornasol entre los campos, hiere su plumaje de un balazo; pero como el ángel herido es un hermoso joven alado que habla con dulzura, el vicario se compadece y lo lleva a la vicaría para curarlo Con el tiempo se hacen amigos y casi a la mitad de la novela (“El violín”, capítulo XXIII), nos enteramos de las cualidades musicales del ángel Después del almuerzo, el vicario lo conduce a una habitación contigua a su despacho con objeto de buscarle una obra de economía política para que lea; pero como la puerta se halla abierta, el ave descubre un violín y lo toma: “La mano del ángel pulsaba el instrumento El arco iba y venía sobre el puente, y un aire que el vicario que jamás había oído, resonó en el aposento En ángel había colocado el instrumento bajo su mórbida barbilla y empezó a tocar, y al propio tiempo sus ojos se pusieron brillantes, y sus labios sonreían “El vicario trató de seguir la música El aire se le antojaba como una llama, crecía, brillaba, oscilaba y revoloteaba, se extinguía y reaparecía ¡No, no reaparecía! Otro aire, semejante y desemejante, seguía al primero, centelleaba y desaparecía Después otro, que parecía el mismo y no era el mismo Le recordaban las palpitantes lenguas de fuego que tiemblan y cambian sobre una hoguera recientemente encendida El vicario estaba en el País de la Belleza” A tal grado el vicario se siente conmovido por los sonidos, que exclama: “--Jamás volveré a tocar el violín Quiero que se lo lleve usted a su habitación y lo guarde allí Y que toque para mí alguna vez No sabía una palabra de música hasta que no le he oído a usted Como si fuese la primera vez que oyese música” El ave angelical solía tocar solitaria en su cuartito el violín, para asombro de quienes pasaban por la vicaría Sería la ricachona Lady Hammergallow, quien propondría ofrecer una velada para el debut musical del ángel en Siddermorton House, pese a las protestas del vicario En el capítulo XXXIV, Wells cuenta: “El ángel se quedó sorprendido al ver instalar un atril y muchos libros de música, y un tanto abrumado al principio por la vista de Lady Hammergallow, sentada, con su cabeza ladeada, examinándole con aquellos ojos aumentados detrás de las doradas gafas “La señora Jehoram se sentó a su lado antes de que empezase a tocar y le preguntó el nombre de la pieza que estaba ejecutando hacía unas tardes El ángel replicó que no tenía nombre y cuando el ángel le dijo que era una creación suya, ella respondió que era enteramente un genio y le miró con abierta admiración, indisputablemente fascinada “Figúrese, pues, el lector el gran salón de Siddermorton House: un ángel bajo clericales vestiduras y con un violín en la mano, de pie junto al piano, y un respetable grupo de pacífica y respetable gente, vestida con propiedad y desatentamente atenta “—Me gusta la música, Mister Ángel, la adoro Remueve algo de mi ser No puedo describirlo –decía la señora Jehoram-- Como está indicado en aquella deliciosa antítesis: la vida sin música es brutalidad; la vida sin música es ¡Dios mío, quizás usted lo recuerde! Música sin vida, ¿no es eso de Ruskin? “—Siento ignorarlo –dijo el ángel-- He leído muy poco “--¿Va usted realmente a improvisar? –preguntó la señora Jehoram en un estado de lisonjera delicia “Después el ángel comenzó a tocar, mirando fijamente delante de él, pensando en las admirables cosas del País Angélico, y sin embargo dejando que la tristeza de que empezaba a impregnarse, flotase sobre la melodía que repentizaba Cuando olvidaba la compañía, la música era extraña y dulce; cuando el sentimiento de la realidad pasaba por su mente, la música se tornaba caprichosa y grotesca Pero tan grande era la influencia de la música angelical sobre el vicario, que todas sus ansiedades se extinguieron en cuanto el ángel empezó a tocar La señora Jehoram aparecía tan arrebatada y convencida como le era posible (aun cuando la música era extraña a veces) y trataba de encontrar la mirada del ángel El aire estaba impregnado de música exquisita, para todos los que tenían oídos para oír” H G Wells tenía 39 años de edad cuando escribió esta fantasía novelesca donde, como en el resto de sus obras, plasmó su interés por difundir las ideas de la teoría evolucionista de Darwin, el pensamiento político del socialismo, así como llevar a cabo reformas en el anquilosado gusto post-victoriano En “La visita maravillosa”, Wells muestra su oposición a la hipocresía e injusticia racial que prevalece en la sociedad inglesa de su época, una crítica literaria que alcanza nuestro tiempo “--¿Ejecuta usted imitaciones, Mister Ángel? –le preguntó la señora Hammergallow --¿Oh sí imitaciones! –exclamó la señorita Jehoram-- ¡Adoro las imitaciones! --Era una cosa fantástica –decía el cura de Iping Hanger al vicario de Siddermorton, balanceando sus largas e indisputables manos musicales, mientras hablaba--, un poco confusa, en mi opinión Le he oído otra vez en alguna parte no recuerdo dónde Indudablemente es un genio, pero a veces se pierde Existe cierta falta de precisión algunos años de disciplina” El capítulo XXXIV culmina con el fracaso del ángel cuando le piden hacer dueto con el pianista local, Míster Wimendings “--¿Que no lee música? –dijo Lady Hammergallow con voz de mesurado horror-- ¡Tontería! “--¡Notas! –dijo el ángel perplejo-- ¿Son eso notas? “Eso es llevar la broma demasiado lejos sencillamente porque no quiere tocar con Míster Wilmendings –dijo Míster Rathbone Slater a Jorge Harriway “—Siendo así –dijo Lady Hammergallow echando la cabeza atrás y hablando con deliberada indignación--, si usted no puede tocar con Míster Wilmendings, me temo que no podré pedirle a usted que toque de nuevo” Y en el capítulo siguiente: “El ángel se retiró a su habitación entre admirado y deprimido Cada día el mundo pesaba más sombríamente sobre él y sus angélicas maneras Comprendía las tribulaciones que había originado al vicario, y sin embargo no podía evitar un medio de evitarlas Tan ilógico y extraño le parecía todo Dos veces, también, había sido echado del pueblo “Encontró el violín tendido en su cama, donde lo había dejado antes de comer Y tomándole, empezó a tocar para confortar su alma Pero ahora su música no era la deliciosa visión del País Angélico El acero del mundo había penetrado en su alma En el transcurso de una semana, había conocido dolor y desdén, odio y recelos; un extraño nuevo espíritu de rebelión iba germinando en su ser Ejecutó una melodía, todavía tierna y dulce como las del País Angélico, pero recargada con una nueva nota, la nota humana de pesar y lucha, ora alzándose en algo semejante a un reto, ora extinguiéndose en una plañidera tristeza Tocaba suavemente, tocaba para confortar su alma; pero el vicario le oyó y todas sus preocupaciones fueron ahogadas en una brumosa melancolía, una melancolía que estaba muy distante de la pena” Herbert George Wells murió en Londres, el 13 de agosto de 1946, mientras escribía un ensayo sobre los peligros de una guerra nuclear La frase “la vida sin música es brutalidad” que expresa la señora Jehoram en “La visita maravillosa” y duda en atribuir al poeta londinense John Ruskin (1819-1900), fue tomada por Wells de Friedrich Nietzsche (1844-1900): “La vida sin música sería un error”

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