O’Higgins y su denuncia sobre el desarrollo industrial

lunes, 24 de enero de 2005
* Un mensaje en La niña de Irolo; se hizo una nueva edición de la litografía realizada en 1961 * Llama Alberto Híjar a considerar al artista patrimonio nacional México, D F, 24 de enero (apro)- Para el historiador de arte Alberto Híjar, la litografía La niña de Irolo, de Pablo O’Higgins, sintetiza la obra del artista nacido en Salt Lake City en 1904 y arraigado en México en 1924, cuando se incorporó al movimiento muralista En su opinión dicho grabado no sólo es prueba del “enorme oficio artístico” de O’Higgins, sino que es, además, “una representación histórica enormemente vigente”: “La contradicción conflictiva entre la modernidad industrial, que nunca llegó plenamente a México; la premodernidad, presente sobre todo en el campesinado mexicano en estado de desastre desde tiempos ancestrales, desde la conquista de México; y en conflicto con todo eso, la posmodernidad” Así lo explicó al dar una conferencia sobre la obra citada, de la cual la Fundación Cultural Pablo y María O’Higgins acaba de lanzar a la venta una nueva edición que, según el organismo, no tiene fines de lucro: los fondos recabados servirán para continuar la catalogación y resguardo del fondo documental del artista, conservado en su estudio, ahora sede de la fundación Mensaje previsor Investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de las Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y curador de las exposiciones Pablo O’Higgins Voz de lucha y de arte, conmemorativas del centenario del natalicio del artista, que se exhiben en el Antiguo Colegio de San Ildefonso y el Palacio de Minería, Híjar narró la historia de dicha litografía: Explicó que O’Higgins realizó esta pieza en 1961, cuando para sustituir importaciones, se permitió en México y en América Latina la entrada de empresas transnacionales, a las cuales se benefició con la mano de obra barata, exención de impuestos y “todas esas facilidades al capital extranjero que hacen de países como México un proyecto de país-maquiladora para el imperialismo norteamericano” Entonces se construyeron los llamados “polos de desarrollo industrial”, que no eran, a decir de Híjar, sino lugares donde se ofrecía a las empresas territorio con las instalaciones energéticas requeridas para la producción industrial La edición de Proceso del 10 de marzo de 1986 consignó que en el valle de Irolo (en Hidalgo), se inició en 1950 la construcción del Complejo Industrial Sahagún, donde se instalaron, entre otras, plantas como la de Diesel Nacional (Dina), la Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril y la empresa japonesa Toyoda, de maquinaria textil “Irolo --continuó Híjar-- fue y en cierta manera lo es todavía, uno de esos polos de desarrollo Pablo O’Higgins pasa por Irolo y en lugar de representar las chimeneas y las máquinas industriales, retrata a una adolescente, casi niña, en un paisaje de piedras que parece enteramente abrupto, y lo era” Por ello consideró que la obra representa la contradicción entre la modernidad industrial y la premodernidad latente en el país Evocó entonces un número de la revista David y Goliat de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, de 1988, titulado “Premodernidad, modernidad y posmodernidad en América Latina o le queda chico el corsé a la gorda”: “En efecto --dijo--, suponer que el corsé de la modernidad le queda bien a América Latina es raro porque la gorda se nos desparrama por todos lados: la premodernidad está en los cruces de las calles de cada centro urbano de Latinoamérica en la persona de los que limpian parabrisas o echan fuego por la boca, o en mujeres famélicas presentando a sus hijos desnutridos para pedir una moneda “Todo esto que es invisible para los centros de poder imperial y para las instituciones y los gobiernos que les sirven, es lo que me hace pensar que La niña de Irolo es una especie de alerta de lo que ocurre realmente en los supuestos polos de desarrollo industrial “Ahí están las niñas, las adolescentes, las familias campesinas, descalzas, mal vestidas, en paisajes abruptos que les sirven para construir cuevas en donde puedan mal vivir De esta manera Pablo O’Higgins remite a esta presencia de la premodernidad como una especie de denuncia de aquello que debería preocuparnos a todos aquellos que supuestamente tenemos sentimientos nobles, como parecen tenerlos los que se ocupan de las cuestiones artísticas aunque las evidencias a veces prueben todo lo contrario” Obra maestra El investigador destacó que en la obra de O’Higgins prevalece la ternura, un sentimiento que, dijo, puede parecer cursi y sin lugar en la acumulación capitalista En cambio, los comunistas --y el artista lo fue, militó en el Partido Comunista Mexicano-- se pronunciaron “por una humanidad placentera donde quepa la ternura como estructura de relación entre los seres humanos” “Si alguien entre la segunda generación de muralistas se ocupó de probar que esto era así fue Pablo O’Higgins La niña de Irolo forma parte de ese conjunto de obras en las que las familias de los trabajadores, los niños trabajadores, están representados de manera excelente para mostrar esa necesidad de abrir los ojos hacia esa parte de la humanidad, esa parte trabajadora, esa parte explotada que tendría que ser el sujeto de todos nuestros afectos, detenidos, impedidos por la reducción mercantil de todo lo existente”, enfatizó Pero no basta, destacó, con que cualquier persona intentara ser tierno O’Higgins tuvo, además, capacidad para darle significación artística, mediante un trabajo que alcanzó la maestría con trazos casi automáticos: “Ese contraste entre las líneas --en las que suele predominar una línea gruesa que se contrasta con claroscuros y otras líneas-- que van construyendo cuerpos y paisajes es manejado de manera tan excelente que es la prueba de que sólo esta enorme oficio artístico de Pablo O’Higgins es capaz de sintetizar en una obra la calidad estética a la que se refiere toda esa necesidad histórica y social presente como necesidad y dolor “Y los artistas son quienes significan esa necesidad de placer y dolor y cuando lo hacen con excelencia técnica tanto en el uso de un soporte --en este caso la piedra de grabado litográfico-- como de los signos que en ella están realizados, entonces tenemos una obra de arte de enorme calidad artística y estética: La niña de IroloDesdén oficial Para Híjar la reedición de esta obra maestra es también una forma de rebatir las “tesis oficialistas” que ven en el propósito de hacer circular nuevamente a O’Higgins un “rescate arqueológico” similar al de “recoger vestigios” Es al contrario, subrayó el investigador: “La obra de O’Higgins forma parte de esta masa de símbolos que constituyen la formación social mexicana, que constituyen el acervo cultural de esta formación social que advierte cada una de sus obras y el conjunto de ellas” Agregó que de ello pretenden dar cuenta tanto la exposición en San Ildefonso --edificio al cual él prefiere llamar la antigua Escuela Nacional Preparatoria, porque simbolizaba el proyecto de educación laica impulsado por Benito Juárez-- como la muestra antológica de gráfica que se presenta en el Palacio de Minería Sin embargo, aunque celebró que ambas fueran acogidas por la Universidad Nacional Autónoma de México, reprochó a las instituciones gubernamentales que hubieran regateado su apoyo argumentando que no había ni un peso para conmemorar el centenario de O’Higgins Lo cual calificó como un desprecio: “Fue mediante un oficio del Conaculta (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) firmado por algún funcionario de segundo nivel comunicando que no había presupuesto para nada” Esta agencia le preguntó si considera que este desprecio se expresa también en el hecho de que siendo O’Higgins de la misma generación que los llamados ‘grandes muralistas’ (Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros), no sea considerado patrimonio nacional como ellos Respondió: “Claro eso cuenta, junto con un mito de raíz ideológica conservadora que es el devaluar la obra de Pablo O’Higgins y de gran parte de su generación de muralistas para decir que son una especie de ayudantes de los grandes muralistas y que nunca llegaron a realizar obra importante “Creo que si algo prueban las exposiciones con todo y lo reducido de lo que se puede mostrar, es que la cosa no fue así, que es otra generación, con otras características no tan avasallantes y espectaculares, excesivas de los grandes, pero con proyectos mucho más consecuentes con el arte público que van desde la fundación de escuelas para los trabajadores del campo y la ciudad, las misiones culturales y cosas semejantes, hasta la fundación de organizaciones como las creadas por Pablo O’Higgins y sus compañeros como la LEAR (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) y el TGP (Taller de Gráfica Popular)” Añadió que O’Higgins en especial fue el muralista que más trabajó con sindicatos: “Y los excelentes resultados de esos trabajos no tienen que ver con copiar a ningún otro sino con propuestas estéticamente propias, tal como se ve en los fragmentos de murales que nos prestaron para la exposición De modo que la muestra pretende ser una respuesta al mito de que no valen la pena, de que son artistas de segunda “También es un llamado para que algún día su obra sea considerada patrimonio nacional ante el peligro de que vaya sufriendo destrucciones y sobre todo ahora que están de moda las mezclas de patrimonio nacional con tiendas transnacionales” Las copias litográficas de La niña de Irolo que servirán para apoyar las labores de la Fundación O’Higgins, pueden adquirirse en la sede de la fundación, acompañadas de un certificado firmado por María O’Higgins, viuda del artista Se hizo un tiraje de 100 ejemplares notariados y se canceló el sello pues será la última edición Cada copia tendrá un costó de 6 mil pesos En cuanto a las exposiciones Voz de lucha y arte, en San Ildefonso y el Palacio de Minería, terminarán su periodo de exhibición, el próximo 30 de enero

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