Temple de acero; el precio de la muerte

jueves, 24 de febrero de 2011

MÉXICO, D.F. a 23 de febrero (apro).-  En el viejo oeste la vida no vale nada, pero la muerte tiene un precio, o al menos, eso es lo que aparenta en la nueva cinta de los hermanos Joe y Ethan Coen, Temple de acero (True Grit, EU-2011), remake de la película estelarizada por John Wayne de 1969.

         Todo comienza cuando el padre de Mattie Ross (una estupenda Hailee Steinfield), un honesto granjero, es asesinado por un delincuente de poca monta (Josh Brolin); la pequeña Mattie, de 14 años, pide justicia, pero al parecer, la ley tiene las manos ocupadas en otros asuntos.

Ante esta situación, nuestra protagonista decide contratar a un Marshall del gobierno estadounidense —lo cual es perfectamente legal— para poner al criminal frente a las autoridades.

Así pues, Mattie contrata al marshall más rudo de Arkansas, aquel que tiene temple de acero: Rooster Cogburn (Jeff Bridges, soberbio, como casi siempre), un sujeto desfachatado y cínico que parece estar más interesado en la bebida que en realizar su trabajo.

A la búsqueda se suma un ranger de Texas, LaBeouf (Matt Damon) que también anda en busca del asesino en cuestión, debido a una afrenta cometida contra un político de dicho estado.

Podría pensarse que la incursión del ranger hará más sencilla la búsqueda, pero LaBeouf debe llevar al susodicho a Texas, en donde se le juzgará por su crimen contra el mentado político y no por el asesinato del padre de Mattie, y para la pequeña, eso es algo inaceptable.

En el camino, Mattie irá aprendiendo las reglas del viejo oeste, un lugar donde la muerte está a la vuelta de la esquina y lo peor de todo, es que tiene un precio.

El contraste entre el arrojo e inocencia de Mattie y la desfachatez y frialdad de Cogburn convierten a esta cinta un manjar semiamargo: por momentos profundamente lindo y conmovedor, y otras veces profundamente doloroso y crudo.

Los parajes, prácticamente estériles, enmarcan a los personajes de la historia, los hacen resaltar y los convierten en protagonistas, amos y señores del mundo natural; olvídense de la naturaleza bondadosa a la que hay que hacer reverencia, ésta, al parecer, no tiene nada que ofrecer y si lo tiene, es a cuenta gotas.

En el universo de Temple de acero, lo que vale es la ley del hombre que se traduce en la ley del más fuerte: matar o morir, por su puesto, con su debida recompensa, pues otra enseñanza de la historia es que nada en esta vida es gratis.

rm/

 

 

--FIN DE NOTA--

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