"La hija del regimiento", de Donizetti

lunes, 11 de julio de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- La Fille du Régiment (1840) es una de las más famosas óperas cómicas de Gaetano Donizetti (1794-1848). Escrita en francés, en dos actos, con libreto de Jean François Bayard y J. H. Vernoy de Saint-Georges basado en una pieza de Gollmick. Suele representarse también en versión italiana del propio Donizetti. Esta obra sirvió en los setentas para catapultar al estrellato al entrañable Luciano Pavarotti. No era una de las óperas más populares, pero Joan Sutherland la incluyó dentro de las que se cantarían durante una gira por Australia en compañía del italiano. Las Sutherland y su marido, el director Richard Bonynge, sugirieron al tenor cantara los nueve do agudos del aria “Ah, mes amis, quel jour de fête!”, que ningún tenor en su sano juicio hacía. Lo hizo y provocó el delirio del público. La obra fue programada por la Opera de Bellas Artes (su última función fue el domingo pasado) con el compromiso inherente de que debe contar con un tenor que cubra las altas expectativas y con una soprano ligera que sepa afrontar su difícil parte. Para ello se invitó al español Antonio Gandía; hermosa voz de tenor ligero que en ocasiones nos recuerda mucho a su maestro el inolvidable Alfredo Kraus. A lo largo de las cuatro funciones su desempeño fue unas veces bien otras muy bien. “Sentía que me ahogaba, yo puedo cantar mejor pero creo que no estuvo nada mal”, confió a Proceso al referirse a la altura de la Ciudad de México. En las dos primeras funciones, en el papel de Marie debutó la soprano Leticia de Altamirano (laureada en el reality show Ópera Prima), estupenda presencia escénica y de actuación, muy buen desempeño canoro, limpia y agradable voz ligera. En las dos últimas, Patricia Santos, también debutante y triunfadora del mismo reality, se desempeñó en ese rol con muy buenos resultados: voz no tan ligera, muy agradable y manejada con gran pericia, efectiva, y de actuación convincente su actuación. El papel de Sulpice en el primer elenco corrió por cuenta de Armando Gama, experimentado y elegante barítono, mesurado pero efectivo en su actuación y vocalmente garantía de profesionalismo y pulcro desempeño. El segundo Sulpice: Josué Cerón, quien gustó más aquí que en Malatesta de Don Pasquale; más baritonal su timbre, qué distinto enfoque dado al personaje comparado con la versión de Gama, y sin embargo muy válido, más caricaturesco, más chusco, muy en el estilo de ópera bufa. La diva María Luisa Tamez ahora ya como mezzo nos deleitó con su interpretación de La marquesa, quien resulta ser la madre de Marie, en lo que comentó como “mi primer papel cómico”. Vocal y actoralmente lo bordó. Cesar Piña, quien puso esta misma obra en Bellas Artes en 2004, bastante bien en la escenografía y dirección escénica; trabajo un poco simplista pero funcional, muy acorde al género buffo. En la dirección orquestal de José Arean sabe acompañar a los cantantes a la perfección y obsequió momentos de gran emotividad. Por alguna razón se le confió el homenaje a Francisco Araiza.

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