Amy Winehouse y el "club de los 27 años"

jueves, 11 de agosto de 2011
MÉXICO, D.F.(apro).- Al difundir el deceso de Amy Winehouse el pasado 23 de julio, los medios informativos ligaron su caída al largo historial adictivo de la cantante destacando que su muerte ocurrió cuando ella contaba con 27 años de edad, como aquellos rocanroleros del llamado “club de los 27” fallecidos en circunstancias relacionadas con abuso de drogas: Brian Jones, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Janis Joplin, y Kurt Cobhain. David Sack, médico en jefe del Promises Treatment Center de Los Ángeles, California, declaró a la cadena televisiva ABC News Nueva York: “Me parece que el número 27 probablemente sea una mera coincidencia. Ciertamente hay muchos casos de artistas mayores de 20 años de edad quienes desde su temprana adolescencia solían reventarse muy grueso y cuando su carrera creativa iba en ascenso, deseaban seguir así. “Es probable que al paso del tiempo y conforme iban dejando de ser tan jóvenes, estos artistas aún dijeran: ‘¡Wow, yo quiero continuar la fiesta!’, y para entonces ya su adicción era cada vez más y más evidente.” A su vez, el doctor Itai Danovitch, asesor en neurociencias de la conducta en el Cedars-Sinai Medical Center, y director de servicios médicos Addiction Psychiatry Clinical Services de Los Ángeles, escribió un largo artículo para la cadena de noticias CNN, donde concluye: “La asociación entre creatividad, uso de drogas y salud mental ha sido una constante a través de la historia de la música. Amy Winehouse murió a los 27 años de edad, acompañando trágicamente a un grupo de artistas brillantes pero desencantados quienes fallecieron mientras luchaban contra la pesada carga de su éxito prematuro. “No sabemos hasta qué punto estas sean unas características que también pudieran corresponder de manera clara a Winehouse, pero cualquier refugio que ella hubiese buscado en las drogas probablemente le resultó ser algo ilusorio (http://www.cnn.com/2011/OPINION/07/27/danovitch.winehouse.addiction/index.html).” Cabe señalar que cuando murieron los cuatro rocanroleros citados como “miembros” del “club de los 27”, los centros clínicos de investigaciones y rehabilitación para drogadictos eran prácticamente inexistentes en Estados Unidos y Europa. Brian Jones falleció el 3 de julio de 1969; Jimi Hendrix y Janis Joplin, el mismo año: él un 18 de septiembre y ella el 4 de octubre de 1970; Jim Morrison, el 3 de julio de 1971; y Kurt Cobhain, el 5 de abril de 1994. El requintista británico Eric Clapton lograría superar su adicción a la heroína en 1973, gracias a curaciones de acupuntura china que le recomendó el exbeatle George Harrison; pero Clapton recayó a finales de los ochentas y se sometió a un tratamiento para desintoxicarse en el Hazelton Recovery Center. Hacia 1998, el músico abriría su propia clínica Crossroad Center para curar personas adictas, en Antigua. Oportuno que el doctor Danovitch se pregunte sobre la artista: “¿Nos deja su muerte alguna lección? ¿Los tratamientos de su rehabilitación para curar sus adicciones fracasaron, o fue ella quien falló y no regresó a las terapias para rehabilitarse? Son muy pocos los detalles que conocemos al respecto como para brindar respuestas definitivas. “Ni siquiera sabemos qué drogas le provocaron la muerte; pero de todos modos, lo cierto es que en su breve vida Amy Winehouse proporcionó signos obvios de mantener una relación tormentosa y problemática con sus adicciones...” Es decir, aunque ella reconocía públicamente sus problemas con las drogas y éstos eran asimismo bien conocidos por propios y extraños, familiares y amigos, prensa y fans, doctores y amantes, al final nadie pudo evitar aquel “previsible desenlace”. La cuestión plantea con crudeza, ¿a quién debe culparse sino sólo a la misma cantante y nada más? Según declaró a la BBC Mark Marot, directivo de la disquera Island Records donde ella grababa, su compañía “se portó muy pero muy bien con Amy, obró responsablemente e incluso tomó medidas del conocimiento público para impedir que ella continuara con su conducta autodestructiva”. Por su parte, el médico David Sack indicó: “Creo que todos hicieron por su adicción lo que debían y en la medida de sus posibilidades, tanto sus amigos como su familia; el mismo hecho de que ella recientemente entrara a tratamiento para su rehabilitación demuestra cuán bien se daba cuenta que su vida estaba escapando a su control y necesitaba hacer algo al respecto.” Itai Danovitch añadió en el texto para la NCC las siguientes cifras: “La adicción es un fenómeno común, pero trágicamente son poco comunes los tratamientos para curarla. En Estados Unidos, nada más un 10% de las personas adictas que requieren de terapia especializada reciben estos tratamientos en la actualidad. El costo de dichos programas cuyo resultado ha comprobado su eficacia en la curación de adicciones supera los 600 millones de dólares anuales.” La aplicación de dichos tratamientos se ve obstaculizada por “una ausencia de cobertura económica en los seguros de la gente adicta para recibir aquellos servicios” y “debido al entrenamiento inadecuado del personal médico que proporciona esos tratamientos”. Finalmente, Itai Danovitch apunta un panorama nada halagüeño: “En cuanto a la multitud de personas que nunca reciben ayuda alguna, aquella gente queda abandonada y a la larga sufre las consecuencias de no ser tratada por su adicción, lo cual afecta sus relaciones sociales, sus carreras, su salud, su felicidad y, en ocasiones, les llega a provocar la muerte.” El historial del “Club de los 27 años” comenzó estrictamente con el asesinato del Rey del Blues del Delta Robert Johnson, cuya leyenda de haber vendido su alma al diablo para aprender a tocar blues fue promovida por la película comercial Croossroads (1986), el 16 de agosto de 1938.