Homenaje post mórtem a José Iturriaga, a cien años de su nacimiento

sábado, 21 de abril de 2012
COATEPEC, Ver. (apro).- Amigos, familiares y funcionarios del gobierno de Veracruz se reunieron en esta ciudad para conmemorar el centenario del natalicio del historiador y sociólogo José Iturriaga Sauco, a un año de su fallecimiento ocurrido el 18 de febrero de 2011 en la Ciudad de México. En la rotonda creada por el arquitecto Sóstenes Nefi Blanco en honor a Iturriaga, ubicada en el camino de Xalapa a Xico, se develó un busto en bronce de la escultura Edith Berlín. Los diferentes oradores hablaron de su amistad, sabiduría y don de gentes, y se puso el acento en que la última voluntad del especialista en historia de las relaciones entre México y Estados Unidos, reconocido también por su interés en el rescate del Centro Histórico de la Ciudad de México, fue legar su vasta biblioteca de 30 mil ejemplares a Coatepec. A la escasa sombra de un árbol de palo de rosa al cual se dijo le gustaba ir a leer y reposar a Iturriaga, su hijo mayor, Renato Iturriaga, expresó –aclarando que lo hacía a título personal y no de la familia– su deseo de que pronto pueda cumplirse la voluntad de su padre y se abra al público el acervo ubicado en un inmueble construido exprofeso para albergar su biblioteca, a un costado de la que fue su residencia en el centro de Coatepec. Recordó cómo desde niño su padre le enseñó a sentir cariño por las tierras veracruzanas, donde pasaban sus vacaciones cuando varios de sus compañeros de escuela lo hacían en Acapulco. Rememoró también que le sorprendía que su padre hiciera un profundo estudio sobre Antonio López de Santa Anna, quien entregó la mitad del territorio nacional en la guerra con Estados Unidos. También hizo uno sobre el negro Yanga, iniciador de una revuelta en Veracruz, previa al movimiento de Independencia. En el presídium estuvo también su vida Reina Olvera de Iturriaga y en representación del gobernador de Veracruz, Javier Duarte Ochoa, el secretario de Educación Pública, Adolfo Mota, quien reconoció al gobierno veracruzano como “fedatario” del acervo, por lo cual aceptó que están obligados a “hacer cumplir” la voluntad del historiador.

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