¿Empresarios o empresaurios?

lunes, 23 de julio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Confusos y difusos vivientes: perdonen, pero desde estos Campos Elíseos, en el que espero me hagan compañía ustedes, voy a permitirme darles algunas luces para que aclaren su juicio y se expliquen y puedan salir del error y horror en el que están moviéndose, pues estoy comprobando con sorpresa que en plan de crítica, con recriminación e incuso con rechazo, tildan a esa globalidad donde respiran de visión empresarial de la historia… bueno, sí, tienen razón al hacerlo… pero al mismo tiempo no la tienen. Vean por qué. Maravillosas son las facultades humanas de particularizar y generalizar, claro, siempre que se tenga en cuenta que la primera no deja ver el bosque y la segunda no deja ver el árbol, ya que ambas, si se toman como absolutos, pueden llevar al equívoco, al error; por eso pienso que el saber que la globalidad en que se mueven ha sido estructurada y es regida principalmente por la ideología capitalista, es decir, los individuos más representativos por poderosos del capitalismo comercial, del capitalismo industrial y del capitalismo de las finanzas, les induce y conduce a pensar que todos los capitalistas son iguales, suposición poco clara y más bien oscura, de esas ocurridas que encarrilan a opinar que todos los gatos son pardos y a meterlos en un mismo costal al no tener en cuenta que no es lo mismo Chana que Juana, o sea, al no considerar que si bien todos los capitalistas o empresarios pueden ser y considerarse como iguales entre ellos, la realidad es que entre los capitalistas hay quienes son más iguales entre sí que de los otros, igualdad entre pares basada, como informa la historia del capitalismo, en el aumento tanto del tamaño de las empresas privadas mercantiles, de la industria, como de los capitales privados depositados en las instituciones bancarias y en las grandes sociedades anónimas, lo que fue facultando a algunas de esas empresas privadas, o sea, a los individuos que las integraban, a ir interviniendo cada vez más decisivamente en los mercados, la industria y las finanzas, facilitando así la aparición en los distintos sectores del mercado, la industria y las finanzas de oligopolios y monopolios dominados por pocas empresas, las cuales pueden tener el poder de decisión en esos distintos sectores económicos, llegando si es preciso, en su persecución insaciable de ganancia y aumento de poder, a la vinculación e incluso colusión (esto es, convenio o trato de varios con intención de perjudicar a otros), si se puede y ella lo permite, con la administración pública y esos oligopolios y monopolios. A este tipo de empresarios, en el trabajo que desempeñé en vida en Radio Educación, calificó su servidor de empresaurio, para distinguirlo del individuo que encabeza con audacia y creatividad su negocio personal, privado, y que no pocas veces tiene que luchar con heroico valor contra sus colegas monopolistas y oligopolistas. A esos empresarios dominantes, a los que forman monopolios, oligopolios (y los siguen dirigiendo aunque sea a través de sus hombres de paja, los gerentes de los mismos), los califiqué de empresaurios por dos motivos. El primero, porque no me caían ni me caen bien; el segundo, por la razón de que a los dinosaurios se les considera pertenecientes a la clase de los reptiles, seres que se caracterizan por tener cerebros de los más primitivos, si es que no entendí mal, según sostiene Paul MacLean, autor de la teoría del cerebro “trino” o “triuno” en los mamíferos, incluyendo al humano. De acuerdo con este estudioso del cerebro, la parte más primitiva del cerebro “trino” es el complejo reptílico o complejo R, parte que, según sus experimentos llevados a cabo, demuestra que la misma desempeña un importante papel en la conducta agresiva, en el sentido de territorialidad, los actos rituales y en el establecimiento de jerarquías sociales. Estarán de acuerdo con este servidor de ustedes que dichos rasgos coinciden en gran medida con la manera de comportarse de la generalidad del ser humano, en especial de los empresarios integrantes de los monopolios y de los oligopolios. Por eso califiqué a los mismos de empresaurios. Y por el mismo motivo, me atrevo a proponerles que a esa globalidad en que se mueven, que presumen de neoconservadora, de neoliberal, de neocapitalista, y que en realidad nada tiene de neo y más bien es la misma vieja y chanchullera gata conservadora, liberal y capitalita, nada más que revolcada, esto es, con más mañas, la vean y la califiquen de VISIÓN EMPRESAURIAL DE LA HISTORIA. Con la esperanza de que la presente le sirva para aclarar su juicio sobre la globalidad con la que tiene que caminar y el sincero deseo de que este servidor de ustedes tenga que esperar muy largo, largo rato a que se le reúnan en estos Campos Elíseos. RAUL JARDON

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