Recibirá Paulina Lavista la Medalla al Mérito Fotográfico

martes, 29 de octubre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Paulina Lavista recibirá la Medalla al Mérito Fotográfico el jueves 7 de noviembre –que otorga el Sistema Nacional de Fototecas (Sinafo) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)– en el marco del 14 Encuentro Nacional de Fototecas, en Pachuca, Hidalgo, en el que también se premiará a la Fototeca Nacho López de la Comisión Nacional de los Pueblos Indígenas (CDI) y al fotógrafo Rubén Pax. Además, la fotógrafa Lavista cumplirá 71 años. Vive de su trabajo como videoasta y se mantiene como amante de la fotografía. Para ella es “un halago” el reconocimiento que le será entregado. “La foto nunca la voy a dejar. Por eso volví a renovar mi cuarto oscuro, pienso morirme con las botas puestas, es decir, haciendo mis fotos”, expresa. Estuvo casada con el escritor Salvador Elizondo “durante 37 años, tres meses y 29 días”, explica. Recuerda los gratos días en que recibían a gente de la intelectualidad mexicana en su casa de Coyoacán, a quienes tuvo la oportunidad de hacer íntimos retratos que aún hoy le solicitan los periódicos. Retrató a Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Jorge Ibargüengoitia, Ofelia Medina, Juan José Gurrola, Manuel Álvarez Bravo, Francisco Toledo y Rufino Tamayo, entre muchos más. Según ella, desde su juventud y hasta ahora “he intentado expresar lo que encuentro, lo mismo me asombra la luz celestial que un viejito bajando la escalera”. Sigue: “He querido capturar al ser humano en su contexto y eso no puede variar, porque el ser humano es siempre igual. Tienes amor, odio, tristeza, melancolía, alegría, niñez, juventud, vejez. Son las etapas del hombre, los estados y los estadios del hombre”. Nunca dudó de su vocación. Quedó impresionada de una fotógrafa judeo-alemana, Úrsula Bernard, “que parecía una valquiria”, pues ella le había hecho retratos a su padre, el músico Raúl Lavista, y acudió a sus quince años para tomarle algunas fotos. “Mi foto era muy bonita, y me pareció que sí, que yo seguiría ese camino”. La crisis de su padre como compositor de música para cine orilló a Paulina Lavista a buscar trabajo siendo joven y lo encontró en el estudio de Antonio Reynoso y Rafael Corkidi, ellos la acercaron a las técnicas fotográficas. Al mismo tiempo estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos: “Con mi sueldo me compré mi primera cámara, una Nikon, en 1967. Fui gerente de la película y de los cortometrajes de las Olimpiadas, tenía mucha responsabilidad, me encargaba de los negativos, y de 35 camarógrafos ingleses y 35 mexicanos. Entonces entendí que el cine era muy complicado y por lo regular falla un engrane, además las películas son efímeras, son puestas en escena, mientras la foto es la realidad pura. “El cine me gustó, lo aprendí porque trabajé como productora, pero implicaba inmiscuirme en todo. Muy al principio fui modelo, pero siempre pensé que tenía que pasarme del otro lado. De la fotografía me gusta todo, menos la publicidad, mi principio fue nunca hacer publicidad”. Lavista se convirtió en la primera artista joven en exponer en el Palacio de Bellas Artes en 1970 y fue invitada a formar parte del Salón de la Plástica Mexicana. Esa época la dedicó a realizar “safaris fotográficos” por la ciudad y a elaborar foto-textos, pensados como ideogramas chinos. Luego se unió a un grupo de artistas rebeldes –entre quienes se encontraban Fiona Alexander, Tomás Parra y Carmen Parra– que, como “un acto de juventud”, formaron el Foro de Arte Contemporáneo, donde la consigna era la unión de disciplinas. Lavista sigue creyendo que la vida (aún más la de un fotógrafo) está determinada por momentos dados: “Creo que el fotógrafo tiene la técnica, la sensibilidad, el conocimiento, pero también cuenta el azar. Cuando ese momento se pone enfrente, uno debe aprovecharlo. Mi acervo es como un diccionario, hay muchos temas. Me fascina ver mis contactos porque, a través de lo que guardo, repaso mi propia experiencia”.  

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