Cine. "The Master": Todo hombre necesita un guía

sábado, 23 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Hay buenas películas como La vida de Pi o Argo, que ganan el premio por derecho propio, su calidad y mensaje son claros, o el potencial comercial se conforma a la imagen de sí misma que la Academia de Hollywood quiere proyectar en ese momento; otras, como The Master (E.U., 2012), oscuras y pesimistas, quedan sepultadas bajo el confeti del desfile de los Óscar; a la larga, éstas son las que dejan mejor huella. A sus cuarenta años, Paul Thomas Anderson es aún joven pero su trabajo pesa ya como el de Scorsese o de cualquier otro realizador estadunidense, que además de gran estilista tiene mucho que decir. Las influencias de The Master son claras: el documental de 1946, rodado después de la Segunda Guerra Mundial, Let There Be Light (Que se haga la luz) de John Huston sobre entrevistas en un psiquiátrico a soldados con traumas de guerra y su eventual recuperación; otra influencia evidente es el tipo de gurús que empezaron a proliferar en los años cincuenta vendiendo la fórmula de la felicidad y el éxito. Lancaster Dodd (Philip Seymour Hoffman), a cargo de La causa, un movimiento de desarrollo del potencial humano que mezcla métodos como hipnosis y regresiones a supuestas vidas pasadas, se define a sí mismo como escritor, doctor, científico nuclear y filósofo teórico (asumiendo que esto tenga algún significado). El perfil se aproxima al del fundador de la Cientología, Ron Hubbard; pero a Paul Thomas Anderson sólo le interesa el estereotipo del gurú, profeta milenarista dentro del sueño americano. El contrapunto, discípulo ideal, es Freddie Quell (Joaquin Phoenix), un tipo desbaratado por la guerra tratando de ajustarse a la normalidad. Los rasgos biográficos no son más que un punto de partida; la crítica al charlatanismo, la pseudo terapia y espiritualidad, ocurren de paso. La personalidad del líder carismático, profeta de mercadotecnia, es un tema recurrente en las películas anteriores de Anderson, Magnolia, Petróleo sangriento, Boogie Nights; sin embargo, lo que asombra en el cine de este director es la manera de exponer la relación de amo y esclavo que el hombre abandonado a su propia suerte, devastado por la guerra, o cualquier otro tipo de plaga, establece con un padre sustituto. En vez de ayudar a reparar la herida en la virilidad que produce la guerra, Freddie, que copula con una mujer esculpida en la arena, y bebe el combustible de los torpedos, se expone a una emasculación total en manos de su guía espiritual. El problema es que, en una cultura que se miente, la relación entre Lancaster y Freddie se articula como ley necesaria para armar un sentido, por precario que sea, después de cada Apocalipsis.  

Comentarios