'El Profesor Jirafales” no gustaba del rock

miércoles, 22 de junio de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En el mes de enero de 2015, Editorial Planeta publicó Después de usted. Las memorias del profesor más querido de América Latina, del actor cómico Rubén Aguirre, quien falleció el viernes 17 y se le conociera en el mundo de la farándula como El profesor Jirafales, por su personaje en la serie televisiva El Chavo del Ocho de 1971. Como leemos en su biografía, desde la infancia el arte musical fue parte de la formación artística de Rubén Aguirre Fuentes, quien nació el 15 de junio de 1934 en Saltillo, Coahuila, y a los siete años de edad con su familia se cambió de hogar hacia Torreón, donde a pesar de las dificultades económicas, él y sus hermanas crecieron en un ambiente bohemio. “Mi madre (Victoria Fuentes Villarreal) no sólo leía, sino que era de las pocas mujeres en Torreón que sabía tocar piano. Era especialista en Chopin, en sus valses y nocturnos. Lo primero que hizo mi padre cuando tuvo un poco de dinero fue comprarle un piano… Estaba contentísima y enseñó a tocar a todas mis hermanas. A mí me rogó, pero no aprendí. Fue algo de lo que me he arrepentido toda mi vida… Aun así, aprendí a tocar de forma lírica las canciones de moda. Interpretaba piezas de (Isaac) Albéniz o (Enrique) Granados, a veces con una sola mano porque nunca aprendí a tocar por nota… “Mi mamá cantaba operetas y zarzuelas mientras hacía las labores domésticas. Por eso me aficioné tanto a esa música. Me encantaba ‘Marina’, compuesta por Emilio Arrieta… ‘Los gavilanes’, ‘La revoltosa’, ‘Las leandras’. Como ya dije, mis hermanas sí aprendieron, sobre todo Rosa María, quien avanzó al grado de que ofreció conciertos con orquesta sinfónica.” Música por radio Aguirre se casó el 22 de octubre de 1960 con su novia Consuelo con quien viviría siempre. Ese año lo contrataron en la estación de radio XEFB en Monterrey, Nuevo León, donde presentaba a cantantes en vivo (Los Montañeses del Álamo, Las Hermanas Padilla); posteriormente, siendo ejecutivo en el televisivo Canal 6 de la capital regiomontana, trabajó con artistas de la talla de Lola Beltrán, María Conesa La gatita blanca, Pepe Jara, Sonia La única (del dueto Sonia y Myriam), Rosa de Castilla, Marco Antonio Muñiz y Lucho Gatica en el exitoso programa de variedades El carrusel de la alegría. “Más tarde realicé un programa infantil llamado El jardín de las maravillas, que conducía al lado de María Eugenia Llamas La Tucita (del papel inolvidable junto a Pedro Infante en Los tres huastecos)… la vestíamos con vestidos muy maternales y cantaba para los niños. “Una de las últimas cosas que hice en Monterrey fue poner voz a una serie de películas mudas del tiempo de Chaplin… cantando sobre el arreglo orquestal que traían. Sobre todo cuando eran infantiles… Poco antes de llegar a la Ciudad de México trabajé en un programa que hice con Kippy Casado llamado Ocho y media con Kippy; también hicimos Compre la orquesta, un programa que debería hacerse de nuevo en la televisión mexicana: consistía en que los concursantes tenían que adivinar la canción que tocaba una orquesta en vivo.” Sorprende que Rubén Aguirre (primeramente apodado El Shory por su estatura de casi dos metros) manifieste en Después de usted: “Yo sabía tocar muy bien el trombón, pues un sobrino mío, trompetista, me enseñó con un método y ejercicios. Un día en Laredo me compré un hermoso trombón marca Conn, con el que salía en Compre la orquesta…” Otro de los emotivos momentos musicales del libro es aquel donde Rubén Aguirre cuenta sus años juveniles de locutor en la XEYC La voz de Ciudad Juárez, “propiedad de una cantante de ópera compañera de Deanne Durbin, reconocida soprano en Hollywood”, o cuando en la pequeña estación XEWG, Radiodifusora Centauro del Norte conoció a Rafael Méndez, “El rey del staccato”, que tocaba en la Orquesta de Xavier Cugat, “el mejor trompetista del mundo” Con Plácido Domingo En el capítulo sobre su amistad con Édgar Vivar, transcribimos un fragmento de cuando conoció al tenor Plácido Domingo en Italia: “Como ya he contado, siempre fui aficionado a la buena música. En cuanto tenía un poco de dinero me compraba discos de zarzuelas, óperas y operetas. Me aficioné también a la música de Beethoven, Mozart, Haydn y Debussy. La ópera me gustó más cuando Canal Once comenzó a pasar todos los domingos una ópera. Incluso las grababa. “Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue cuando Emilio Azcárraga Milmo me mandó a Milán para llevarle los bocetos de las escenografías a Plácido Domingo, quien dirigía el concurso internacional Operalia en México. Plácido me recibió como un absoluto caballero. Pocas personas he conocido con su calidad humana. No sólo me recibió con todas las de la ley, sino que me invitó a cenar. A la siguiente noche iba a presentar en La Scala, Otelo de Guiseppe Verdi, basada en la obra de Shakespeare. “Estábamos cenando cuando un asistente se le acercó para avisarle que la gente llevaba haciendo fila por horas afuera del teatro para comprar boletos. El mejor tenor mexicano de todos los tiempos se emocionó, y con una humildad que me dejó pasmado, pidió al mesero que preparara sándwiches y termos de café. Plácido se dirigió a la taquilla, y uno por uno, comenzando por el primero, les agradeció estar formados y les dio los refrigerios de propia mano… Al día siguiente rompió el récord de minutos de aplausos en La Scala… Pude verlo tras bambalinas.” Y más adelante: “Desde mi punto de vista, el mariachi es algo que mueve la sangre, cuando escucho un buen mariachi me estremezco. Los cantantes de ranchero que más me gustaron fueron Jorge Negrete, y Miguel Aceves Mejía con su falsete… También Amalia Mendoza y Lola Beltrán. Y, sobre todo, el Mariachi Vargas de Tecalitlán cuando lo dirigía el mismo Silvestre Vargas, que fue lo máximo. Pedro Infante no me gustó tanto ni Javier Solís. Dominaban el bolero ranchero, pero a mí me gustaba más la voz bravía.” Finalmente, Rubén Aguirre revela: “Lo que nunca me agradó fue el rock and roll, y eso que me tocó la mera efervescencia del género. Admiré muchas cosas de Los Beatles, pero los grupos mexicanos que cantaban rock and roll como Los Holligans no me gustaban. De Los Beatles compré varios discos por canciones tan bonitas como ‘Let It Be’… ‘El submarino amarillo’ y ‘El Sargento Pimienta’… Me tocó ver el viaje de Los Beatles a América, sus escándalos con el pelo largo y eso de que fumaban mariguana… Pero fueron geniales. Se llegó a decir que lo mejor en la historia de la música son las cuatro ‘B’: Bach, Beethoven, Brahms y Beatles. Y tal vez sea cierto. “Pero fuera de ellos, el rock no me gustó, ni siquiera con Elvis Presley.”

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