"El Rebelde del Acordeón"

sábado, 31 de agosto de 2019

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- En el año de 1969, un joven oriundo de Monterrey, Nuevo León, descubrió la música de Alfredo Gutiérrez, Anibal Velásquez, y de otros grandes acordeonistas colombianos, quienes eran además los principales exponentes de la música vallenata. El regiomontano respondía al nombre de Celso Piña y gracias al apoyo de su padre, quien le regaló un viejo acordeón, dedicó tres años de su vida a aprender y perfeccionar su técnica en dicho instrumento hasta convertirse en el principal referente de la música colombiana en México.

Durante sus primeros años de carrera formó parte de agrupaciones versátiles que se especializaban en los corridos; en ellos tocó varios instrumentos, pero el vallenato era el género que llenaba su espíritu. En 1977 formó la banda que bautizó como Ronda Bogotá, luego de una plática con su padre, quien lo obligó a nombrar a su grupo dado que Celso no tenía la menor intención de hacerlo.

Para 1980 el grupo había grabado su primer disco, y a mediados de esa década era uno de los más exitosos en el norte del país. A tal grado que pronto muchos comenzaron a copiar su estilo, incluso algunos de los integrantes de la Ronda Bogotá desertaron para hacer sus propios proyectos, pero Celso Piña sería el más reconocido de todos.

Su verdadero salto a la fama fue en el año 2001 cuando, aplicando el viejo dicho de “renovarse o morir”, grabó el disco Barrio Bravo, a sugerencia de uno de los integrantes del grupo El Gran Silencio. El disco incluyó colaboraciones de algunos de los rockeros de la época como Rubén Albarrán de Café Tacuva, Gabriel El Queso Bronfman del grupo Quem y el grupo Control Machete, quienes imprimieron un toque contemporáneo a la música del acordeonista, nacido el 6 de abril de 1953.

El periodista y rockero Roberto Ponce escribía en Proceso en junio de 2001 sobre Barrio Bravo: “Las geografías desaparecen y transparentan el sonido global que acompaña la oncena de piezas, todas interpretaciones de artistas en gustoso crossover. Es un barrio pobre que se deja cubrir con un manto característico de rico ambiente auditivo, envolviendo al escucha precisamente por el sello del acordeón y el canto de Celso”.

Conocido como El Rebelde del Acordeón desde muy temprano en su carrera, Celso recibió dicho mote por parte de un empresario que, durante un festival en Monterrey, lo quiso obligar a tocar las mismas canciones de los grupos anteriores a él. El acordeonista se negó rotundamente y el empresario lo tachó de “rebelde”. Unos días después el mismo promotor comenzó a anunciarlo así en algunos festivales, y Celso aceptó el nombramiento gustoso.

Ante el anuncio de su fallecimiento, las muestras de cariño y respeto por parte de la comunidad musical no tardaron en salir a la luz, pues el músico fue pieza fundamental en el desarrollo musical mexicano gracias a aquél disco que tomó por sorpresa a la cumbia y al rock nacional a principios de este siglo.   

Este texto se publicó el 25 de agosto de 2019 en la edición 2234 de la revista Proceso

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