Ludwig van Beethoven

Los mejores discos de Beethoven (Segunda parte)

Continuamos con las mejores grabaciones de Ludwig van Beethoven contenidas en el volumen "1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir"
domingo, 27 de diciembre de 2020

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).- Continuamos para nuestros lectores las mejores grabaciones de Ludwig van Beethoven contenidas en el volumen 1001 discos de música clásica que hay que escuchar antes de morir (Grijalbo/ Random House Mondadori (2008), con 11 obras del Genio de Bonn en su 250 aniversario, mismas que comprenden los años de 1808 a 1820.

Agregamos algunas recomendaciones de los propios autores, así como de las favoritas de la Casa Proceso.

“Fantasma” (1808)

Beethoven no llamó “Fantasma” a su Trío con piano en re mayor, opus 70, número 1. Como tantos sobrenombres, se le aplicó posteriormente; pudo deberse a que en la misma página en la que se hallaban los bocetos del primer movimiento espectral se encontraban los bocetos de ópera sobre Macbeth.

El trío dirigido por Henryk Szerying fue el que mejor consiguió una experiencia totalmente coherente. Pero el trío Florestan (Susan Tomes, Anthony Marwood, Richard Lester), asentado en el estilo clásico, aporta una transparencia, una precisión de articulación, una gama dinámica y una viveza rítmica que iluminan toda la obra grabada en 2001 para Hyperion. Otras son:

The Beaux Arts (“Una interpretación diestra y elegante”), Phillips; Itzhak Perlman, Lynn Harrell, Vladimir Ashkenazy (“Tempos muy naturales, dos instrumentistas de cuerdas viscerales, cálidos y perfectamente conjuntados”), EMI, y también el citado Henryk Szeryng, con Peter Fourdler y William Kempff, en discos Deutsche Grammophon.

Sexta sinfonía “Pastoral” (1808)

¡Qué elegancia en los matices dinámicos! ¿Qué conmovedora sensación de que los músicos se están escuchando y respondiendo elocuentemente unos a otros! En el finale es imposible describir la sensación de auténtica, profunda y espontánea gratitud que parece impulsar esta interpretación de 1953 a cargo de Erich Kleiber con la Orquesta Concertgebouw de Amsterdam (Decca). Otras:

Orquesta del Estado de Baviera, con Carlos Keiber, de 1983 (“vigorosa y urgente, pero sin respiro”), Orfeo; la Filarmónica de Berlín, de Eugen Jochum, 1954 (“muy relajada en el primer movimiento, ardiente y comprometida en el resto”), y la de Viena bajo la batuta de Karl Böhm (“versión memorable, muy cálida, suave, tierna”), en Deutsche Grammophon.

Concierto para piano n° 5 “Emperador” (1809)

El Concierto para piano número 5 en mi bemol mayor ha gozado de una extensa y distinguida serie de grabaciones discográficas, pero es difícil superar la compenetración de Alfred Brendel y Simon Rattle, cuyas interpretaciones de Beethoven han causado sensación por su combinación de orquesta tradicional e instrumentos de época. Disco de Phillips, 1998.

“Los adioses” (1910)

En 1962, Arthur Rubinstein grabó esta versión para RCA de la Sonata para piano, opus 81A, de Beethoven, cuyo nombre deriva del primer movimiento “Das Lebenwohl” [El adiós] y “Das Wiedersehn” [El regreso]. Beethoven se indignó con su editor por haber impreso, contra sus deseos, una versión que llevaba los títulos únicamente en francés. Escribió: “Lebewohl significa algo muy diferente de les adieux. Lo primero se dice cariñosamente a una persona; lo segundo a una muchedumbre, a ciudades enteras”.

“Archiduque” (1811)

En su último trío con piano a gran escala (opus 97) encontramos al Beethoven más sublime, más magistral y, sobre todo, más juguetón. Intérpretes: Trío Beaux Arts: Pressler, Greenhouse, Guiller (discos Phillips, 1965).

“Séptima sinfonía” (1812)

En toda la obra de Ludwig van Beethoven no hay nada más gozoso y optimista que la sinfonía Séptima. Como señaló Richard Wagner: “La apoteosis de la danza… la mayor proeza del movimiento corporal incorporada en un molde tonal ideal”. El disco recomendado es de Deutsche Grammophone con Carlos Kleiber dirigiendo a la Wiener Philharmoniker (1976), que incluye también la Quinta. Otras sugerencias:

Filarmónica de Nueva York, con Arturo Toscanini (“Maravillosa la orquesta, los fraseos, la línea u la energía… un clásico perpetuo, de 1936”), Naxos; Herbert von Karajan dirigiendo a la Orquesta Filarmónica de Berlín (“Hábil síntesis de tradición e innovación, de 1962, con una interpretación emocionante”), Deutsche Grammophon, y Staatskapelle de Dresde, conducida por Colin Davis (“Tiempos solemnes que cobran vida gracias a las ricas texturas; ejecución humana, comprometida y poderosa”), Phillips.

“Sinfonía n° 8” (1812)

Pese a sus muchas bellezas y su conocido sentimiento, la Octava es difícil de definir, mientras que la Séptima es lo que es. Daniel Barenboim y la Staatskapelle de Berlín no ofrecen la última palabra en pulcritud o interpretación detallada, pero su Octava es una experiencia absorbente; en discos Warner, de 1999.

“Fidelio” (1814)

Una de las obras fundamentales del teatro lírico es la única ópera de Beethoven que originalmente escribió en 1805, revisó en 1806 y le dio forma definitiva en 1814, demostrando su enorme esfuerzo rumbo a la perfección. La sobresaliente grabación de Otto Klemperer, consecuencia de su aclamada producción en el Covent Garden, es una de las cumbres de la fidelidad interpretativa en la historia del disco. Con Christa Ludwig y Jon Vickers para EMI, de 1962.

 

“Sonatas para chelo, op. 102” (1815)

Dos veteranos músicos húngaros, András Schiff y Miklós Perényl, han interpretado las más luminosas versiones de estas sonatas. Comunican una sensación de sorpresa nueva e irresistible placer en la música, y al mismo tiempo aportan la soltura y naturalidad de hombres que se han pasado la vida tratando con la música de Beethoven. El equilibrio es exquisito y el novel de inspiración alcanza alturas vertiginosas, para ECM, 2002.

“Hammerklavier” (1818)

La Sonata para piano en si bemol mayor, op. 106 representa una cumbre no solo entre las sonatas para piano de Beethoven, sino en toda la música de este instrumento, pues el compositor sabía que estaba escribiendo para los pianistas del futuro. El joven pianista francés Francois-Frederic Guy regresó a esta sonata para una segunda grabación en 2005 que asombra por su virtuosismo y su claridad (sello Naive). Además, también se recomiendan los discos:

Paul Lewis y la Harmonia Mundi (“Con tonos oscuros, ambiciosa concepción y notable seguridad”), HCC; Louis Lortie (“ofrece una ‘Hammerklavierr’ fluida y atractivamente detallada”), Chandos, y Maurizio Pollini (“Poder arrollador en el primer movimientom por un prestigioso experto en sonatas de Beethoven”), Deutsche Grammophon.

Sonata para piano en mi mayor, op. 109” (1820)

Las tres últimas sonatas de Ludwig van Beethoven (opus 109-111), buscan lo compacto y cada sonata dura aproximadamente la mitad que la “Hammerklavier”. La grabación de Alfred Brendel, de 1975, pertenece a su segundo ciclo completo de sonatas para piano de Beethoven (estos dos CD en el sello Phillips incluyen las seis últimas sonatas) combina la expresividad con una reveladora transparencia de la textura (Continuará).

 

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