Cultura

El Museo de la Caricatura... a la deriva

Sin presupuesto, el Museo de la Caricatura sobrevive apuntalado en un 70% a raíz del sismo de hace tres años, y desde la pandemia están suspendidos los talleres que en él impartían 60 caricaturistas
sábado, 16 de enero de 2021

Todo parecía promisorio a mediados de 2017 para este recinto Patrimonio de la Humanidad ubicado en el Centro Histórico, que alberga unos 5 mil 500 documentos hoy imposibles de consultar. Sin presupuesto, sobrevive apuntalado en un 70% a raíz del sismo de hace tres años, y desde la pandemia están suspendidos los talleres que en él impartían 60 caricaturistas. Su situación es la del vacío legal y el desamparo. Juan Terrazas, su director, no ha recibido respuesta del Gobierno de la Ciudad de México.

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La casa de los moneros del país, el Museo de la Caricatura, ubicado en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, se encuentra a su suerte, pero no debido a la pandemia.

La antigua sede del Real Colegio de Cristo fundado en 1612, designada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1987, está apuntalado en un 70% a raíz del sismo de 2017.

Sólo se mantiene intacta la parte frontal, el recibidor, donde laboran su director, el caricaturista deportivo Juan Terrazas, y uno de sus colegas.

El funcionario, cuyo nombre de batalla en el mundo de la caricatura es Terrazas, fue entrevistado cuando la Secretaría de Cultura federal anunció el cierre de los museos de la ciudad y del Estado de México por el incremento de casos de covid-19, en diciembre pasado. El dibujante, también presidente honorario de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, AC, recordó a Proceso el periplo por el que el recinto ha pasado desde hace ya cuatro años.

Desde el patio central, cerrado al público, donde se aprecian en la planta baja y primer piso todos los pilotes apuntalados y las grietas en los muros, resumió:

 “Este edificio lo tenemos en préstamo por parte del Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) que a lo largo de estos años nos ha extendido el permiso para continuar habitándolo.”

En mayo de 2017, año en que el museo cumplió 30 años, con el respaldo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), “se le asignaron 40 millones para obras de nivelación y restauración, de los cuáles solo se usaron 12 millones hasta julio pasado”.

Terrazas siguió:

“Parecía que todo iba bien, pero el 19 de septiembre todo cambió con el sismo, y aunque no hubo daños mayores, se cerró el paso al público. Protección Civil nos dejó claro que no puede haber gente o usuarios en el patio ni en la planta alta, por eso trabajamos sólo en la parte frontal.”

El recinto, ubicado en Donceles 99, nació como museo el 18 de marzo de 1987 y llegó a ser fuente de trabajo hasta para 60 caricaturistas que impartían ahí clases y talleres. Posee un acervo de más de 5 mil 500 documentos (desde el siglo XIX hasta obras de caricaturistas como Helio Flores, Eduardo del Río Rius, Rogelio Naranjo, Marino, Juan Ramírez Deandár y Rafael Freyre).

–¿De 2017 a la fecha no se le ha hecho nada?

–De septiembre de 2017 a 2018 el tiempo se fue en papeleos por el sismo que cambió todo. El proyecto de restauración previo ya no se pudo ejercer, los 28 millones que se tenían ya no se ocuparon, y con el cambio de gobierno no se volvieron a asignar al museo. Cuando salió el Programa Nacional de Reconstrucción, en 2020, lo aplicamos, pero no logramos tener un presupuesto porque nos dijeron que ya habíamos tenido uno en 2018.

Proceso solicitó información sobre el estado del edificio a la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) del INAH, a cargo de la arquitecta Valeria Valero. Inicialmente el área de prensa respondió vía telefónica que el edificio pertenece al Gobierno de la CDMX y la función del INAH es sólo “normativa” (es decir, fijar las reglas o normas relativas al recinto); más tarde, ofreció otra explicación, esta vez por escrito:

“En los acervos de la CNMH se resguardan los expedientes técnicos de las intervenciones de los monumentos históricos que hemos autorizado y supervisado. Por el momento, por la pandemia, los acervos permanecen cerrados a la consulta interna y externa. Por lo que se nos complica compartir el expediente del antiguo Colegio de Cristo, hoy Museo de la Caricatura”.

Por parte del Gobierno de la Ciudad de México, Inti Muñoz, coordinador ejecutivo de Asuntos Especiales y Asesoría Cultural, además de extitular del Fideicomiso del Centro Histórico, comentó vía telefónica que “hay una deuda pendiente hacia el inmueble”:

“El edificio tiene un hundimiento por una falla del sistema de agua. En 2014 el INAH realizó un diagnóstico y se le hizo un seguimiento, se hicieron acciones de monitoreo y reparaciones; en ese año recibió atención permanente. Es una tarea compleja porque el edificio no está propiamente en el censo de los inmuebles de la ciudad afectados por el sismo de 2017 debido a que tiene daños previos.”

Para concluir:

“El edificio, respecto al museo, tiene un vacío legal que la Seduvi debe solucionar. Creo que la aprobación de la Nueva Ley de Patrimonio Cultural de la Ciudad de México puede serle de ayuda. Hay una tarea pendiente del Gobierno de la Ciudad de México con ese inmueble.”

La reducción de una parte del espacio del recinto tras el sismo y el confinamiento por la pandemia, han afectado las labores del museo, según Terrazas:

“Como comunidad puedo decir que no nos afectó tanto el sismo como la pandemia, porque toda la educación básica se paró por el confinamiento, y dependíamos en 85% de las visitas escolares. Desde finales de octubre a la Semana Santa era cuando más trabajo solíamos tener, por la asistencia de los estudiantes de secundaria. De las actividades que ofrecemos, como los retratos de caricaturas a usuarios, los moneros hacían hasta 35 o 40 al día, y ahora cuando mucho hacemos dos.”

–¿Hacen algún llamado a las autori­dades ante la situación que viven?

–Cada año escribimos al Gobierno de la Ciudad de México y seguiremos buscando entrar en el Programa Nacional de Reconstrucción del gobierno federal, pero tampoco buscamos enemistad, estamos agradecidos con la Ciudad de México por acogernos y darnos este espacio desde 1987. Sabemos ahora lo castigados que están el INAH y la Secretaría de Cultura con el presupuesto para 2021 y entendemos la situación, pero también hay necesidades, así que seguro reu­niremos firmas de colegas para hacer una petición de apoyo más firme, no para la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, sino para el edificio en sí mismo.

Para Terrazas, son dos las preocupaciones respecto al inmueble: Una, el acervo de las más de 5 mil 500 piezas de moneros mencionadas, que se resguardan en el primer piso, pues un proyecto inconcluso es el de su catalogación. Y dos, la referente a los grupos de comerciantes ambulantes que toman edificios abandonados como bodegas, tal y como ha sucedido con inmuebles vecinos. Refiere:

“Al ver el edificio nos han comentado: ‘¿Y por qué abren? Mejor cierren, y cuando estén al 100% regresan’. Pero no nos podemos dar ese lujo, pues hay agrupaciones que sólo vigilan para ver a dónde entran, se meten y luego no los saca nadie.

“Cuando a los niños les dan opciones para visitar museos en tiempos escolares, según nos cuentan las maestras, el Museo de la Caricatura siempre es la primera opción. Les llama mucho la atención, han venido jóvenes que vuelven porque recuerdan esa visita infantil que realizaron”.

Desde el patio del Antiguo Colegio de Cristo, evoca a su vez, melancólico:

“Este es un espacio libre donde se respira la libertad, el humor, la crítica, la independencia que siempre ha tenido la caricatura, y la reflexión. Pero también es un espacio histórico… Quizá no lo llegue a ver, pero confío en que algún momento recuperará su esplendor.”

Reportaje publicado el 10 de enero en la edición 2306 de la revista Proceso.

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