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"Coda: Señales del Corazón": nadie es indispensable

Ruby (Emilia Jones, encantadora) es hija adolescente de un matrimonio de padres sordomudos. De ahí el título de la cinta, formada por el acrónimo Child Of Deaf Adults (Hijo de Adultos Sordos). Su hermano mayor también vive con esa condición.
domingo, 26 de septiembre de 2021

MONTERREY, N. L. (proceso.com.mx).– Coda: Señales del Corazón (Coda, 2021) presenta una temática simple de una realidad compleja.

Ruby (Emilia Jones, encantadora) es hija adolescente de un matrimonio de padres sordomudos. De ahí el título de la cinta, formada por el acrónimo Child Of Deaf Adults (Hijo de Adultos Sordos). Su hermano mayor también vive con esa condición.

En la preparatoria, animada por un hico que le gusta, se inscribe en el coro de la escuela. Y al hacerlo se da cuenta que lo suyo es el canto y está a dispuesta a darle rumbo a su vida para conseguir esa pasión recién descubierta.

Pero en su camino se interponen muchas situaciones de importancia trascendental para el funcionamiento de esta familia singular de pescadores que, pese a todo, es armónica y feliz.

Remake de La Familia Bélier, comedia romántica francesa del 2014, esta Coda, aunque tiene algunos aspectos de humor, es reflexiva y expone en su justa dimensión los problemas que enfrentan personas con discapacidad auditiva y quienes con ellas conviven.

Los papás son una divertida pareja interpretada por los sordomudos de la realidad Marlee Matlin y Troy Kotsur. Su otro hijo, encarnado por Daniel Durant, vive en la misma situación. Todos hacen sus papeles con arrolladora naturalidad, favorecidos por su origen. Viven de la pesca y se comunican con lenguaje de señas. Para interactuar en el negocio deben, necesariamente, contar con la ayuda de Ruby, la única de la familia que puede servirles como intérprete y quien se ha convertido en una pieza indispensable para el desarrollo de todas las actividades productivas que desarrollan como una sociedad armónica.

Pero la muchacha está cansada y encuentra en el arte la liberación.

Su profesor de música es Eugenio Derbez, en un delicioso papel de demandante mentor. Es estricto, con gran vocación para la enseñanza y aunque no permite que los muchachos le falten el respeto al arte, tiene un gran corazón y es quien la anima a seguir su sueño. Se ve contenido ante la cámara, el mexicano, ya dejando atrás todas esas manías que tenía al actuar, que lo remitían a los personajes que le dieron fama en la TV nacional.

El precio que ella deberá pagar es muy alto. Inevitablemente deberá enfrentar la terrible disyuntiva de elegir entre su familia y su vocación, pues si decide irse a estudiar, sentirá que deja desprotegidos a sus padres, que la necesitan para que sea su voz y sus oídos antes sus clientes, socios y demás personas con las que se relacionan cotidianamente.

Aunque la temática ya ha sido muy vista sobre los problemas de crecer, las actuaciones son sobresalientes, en esta historia tierna, sobre las decisiones importantes de la vida, y cómo la generosidad surgida del amor ofrece siempre réditos.

Contiene algunas escenas picantes, que la hacen inaccesible al público infantil.

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